miércoles, 27 de febrero de 2019

Poder, ficción y carnaval



El carnaval parece un caso raro de ritual festivo. En el no se consagra la majestad o el rigor del orden y la ley, sino todo lo contrario: lo irrisorio de todo orden y el gozo de lo sin ley. El carnaval es lo que llaman una “fiesta de inversión”, en la que en vez de celebrar el poder real, la nobleza del héroe o la virtud del santo, se encumbra al personaje más bufonesco, truhan y lascivo, otorgándole, por unos días, el cetro de un “mundo al revés” en que los esclavos son los amos, los varones se comportan como mujeres, los burros celebran misa y los clérigos retozan como animales... En los viejos carnavales, las fiestas de esclavos, las misas de locos del Medievo, o las antiguas saturnales latinas imperaba un mismo espíritu de subversión, desenfreno, y burla sin término … ¿Pero cómo es que se permitía esto? ¿Qué sentido tenía esta fiesta?…

No es difícil imaginarlo. El carnaval es la ficción con que se compensa y regenera esa otra ficción que es la de la legitimidad de la estructura social. Así, en el carnaval se escenifican de la manera más grotesca posible las pulsiones que el poder “contiene” – la violencia, la sexualidad sin ley, la crítica revulsiva – para, llevando al extremo la ceremonia del desorden, renovar el deseo de orden y la necesaria conformidad con él. De ese modo, al final del carnaval, y una vez cumplida su función, se sacrifica al “rey de burlas” y se representa el glorioso retorno del rey verdadero – del dios renacido – eje en torno al que todo vuelve a su lugar natural.

Pocos verán, sin embargo, todo esto en los carnavales actuales, que apenas son ya más que una amable fiesta turística. Tal vez porque hoy el “verdadero carnaval” ya no se celebra colectivamente en la calle, ni en una fecha determinada, sino de una forma tan diluida como el mismo poder al que sirve. El carnaval – la ilusión de ser otro, la ruptura con los límites, la desinhibición sexual, la violencia a discreción, la risa descarnada... – se celebra ahora en esos particulares mundos de ficción que nos proporcionan los medios y las redes sociales. Medios y redes a través de los que también se nos ordena, normaliza y vigila constantemente. Siempre y en todo lugar es, hoy, carnaval. Pero también control y sumisión. El baile de máscaras jamás ha sido tan perfecto.

De todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 



miércoles, 20 de febrero de 2019

Elogio del suspenso.


He visto a brillantes alumnos llorar de angustia ante su primer suspenso. De repente se veían solos, fuera de la tranquilizadora sucesión de aprobaciones externas en que vivían, y enfrentados a la terrible pregunta: ¿qué es lo que quiero yo más allá de lo que los otros quieren que quiera? El suspenso supone “perderse”, pero también “suspender” la más ciega huida hacia adelante que es el obligado “camino al éxito”. “Ve despacio – decía el poeta – , que a donde tienes que ir es a ti solo”. Pero para ir a nosotros mismos y encontrarnos, antes tenemos que... perdernos.

“Educar” – dice Recalcati – no es “conducir” a alguien por el “camino recto”, sino “sacarlo de sus casillas”, “corromperlo”. Es ahí donde educar (educere) se confunde con seducir (seducere). El verdadero aprendizaje nace de la desviación, el tropiezo y la pérdida, y de la angustia de encontrarse solo y libre. Por ello, el maestro, lejos de formar al alumno como a una máquina competente y homologable, ha de de promover la desviación de la que arranca toda subjetividad y verdadero deseo.

Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 13 de febrero de 2019

El mito de la inteligencia artificial.


La “Inteligencia artificial” (A.I. en sus siglas en inglés) es aquella que cabría atribuir a una máquina capaz de realizar tareas cognitivas similares a las de una mente humana. En su versión más fuerte, la A.I estima que las máquinas podrían no solo pensar como nosotros, sino también sentir, tomar decisiones y hasta poseer un asomo de conciencia. ¿Es esto posible? ¿Podremos generar autómatas idénticos – o incluso “superiores” – a los seres humanos?
Yo no me preocuparía demasiado. La verdad es que los proyectos en A.I (fuerte) no han sido nunca muy fructíferos, ni es probable que lo lleguen a ser. La razón es que sus presupuestos filosóficos son fundamentalmente erróneos. El principal de ellos es creer que nuestra vida mental es reducible a (es lo mismo que) la actividad del cerebro. Es decir, que todo lo que pensamos, deseamos, sentimos… es “química”. Y como la química no es más que una física compleja, explicable, en general, en términos matemáticos, bastaría con descifrar los mecanismos y logaritmos que están detrás de la química cerebral (y, por tanto, de los pensamientos, intenciones, etc.) para poder reproducirlos en un ordenador o autómata.
Pero todo esto es una suma de prejuicios más que discutibles... Sobre esa discusión trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Zombis sin ética


Sin Ética, toda “educación en valores” o es mera información o es adoctrinamiento retórico. Pero los valores no son simples normas de las que informar; más bien son las normas las que son (o no) valiosas, buenas o justas. Y para comprender y convencerse de que lo son (si es que lo son) no valen discursos retóricos, sino la deliberación ética y filosófica...
Sin esa deliberación, sin Ética, sin ciudadanos acostumbrados a dialogar con rigor y fundamento sobre lo justo de sus propósitos, solo cabe una democracia degenerada a merced de zombis, de gente que “actúa” sin saber, y de demagogos y fanáticos dispuestos a pastorearla.
De todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

martes, 5 de febrero de 2019

Ética para ‘postmillenials’ y responsabilidad educativa


La Ética es el ámbito más adecuado en el que abordar los retos actuales que impactan en la vida de las personas adolescentes. No sólo la hace imprescindible su bagaje clásico de reflexión sobre la vida humana como vida examinada, sino también su tradición dialógica y sus herramientas para la deliberación. En lo que sigue, presentamos cuatro líneas de propuestas, avaladas por las éticas aplicadas —ética de los medios de comunicación, ética digital, bioética y ecoética—, al servicio de los retos que enfrentan los llamados postmillenials: unas generaciones en las que los impactos mediáticos y tecnológicos ya han sido “naturalizados” y que se enfrentan a la convulsa realidad del siglo XXI. Son propuestas concretas para un futuro currículo de Ética en 4º de la ESO.
De todo esto trata el artículo que hemos publicado en El País desde la REF. Para leerlo completo pulsar aquí.