Mostrando entradas con la etiqueta materialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta materialismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de mayo de 2024

Las anodinas imágenes del universo

 


Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.


Hace unos días se hicieron públicas las imágenes del telescopio espacial Euclid, lanzado hace casi un año para captar el universo más lejano y oscuro. Las imágenes son espectaculares, pero el asunto ha pasado sin pena ni gloria por el saturado escenario mediático. Parece que la gente tenía mejores cosas que ver. ¿No es increíble?

Tal vez no tanto. Seguramente la mayoría de las personas tenemos un concepto de lo real más exigente que el que supone el universo de los científicos, e intuimos que casi cualquier otra cosa o imagen (una serie de ficción, un conflicto diplomático, las canciones de una artista pop o los estertores de un niño machacado en Gaza) es más real y merece más atención que las lejanas galaxias fotografiadas por un telescopio.

La cosmovisión actual es, de hecho, una de las más pobres que ha parido la historia. No solo carece de encanto mitológico, sino de profundidad filosófica. Describir el mundo como un evento espaciotemporal surgido inexplicablemente de la nada y compuesto en un 95% de una materia desconocida no parece especialmente interesante. Si a eso sumamos la incapacidad congénita de la ciencia para comprender las cosas que más nos importan (la felicidad, la justicia, la conciencia, el propio conocimiento, la razón de ser del mismo cosmos…) tenemos una explicación plausible de por qué a la gente le importan relativamente poco las fotografías del Euclid.

Es posible que hace siglos, aún sin telescopios ni imágenes detalladas a todo color, la gente estuviera mucho más pendiente del cielo. Y no porque no hubiera otros estímulos distractores (realmente los había y, a escala, seguro que tan absorbentes como los de hoy), sino porque entonces el cielo era parte de una realidad poblada de elementos trascendentes (míticos o racionales) que explicaban el mundo, lo relacionaban con nuestra condición existencial y hasta parecían útiles para orientar nuestras decisiones vitales.

Ahora, la gente no ve en el cielo más que imágenes psicodélicas, parecidas a las que puede generar cualquier ordenador, asociadas a una montaña de datos que pocos comprenden y que, en el fondo, no sirven más que para inventariar el aspecto más superficial (visible, cuantificable) de una ínfima parte del mundo.

Alguien dirá que esta cosmovisión desencantada que nos trae la ciencia nos libra al menos de dogmatismos irracionales (más allá de los dogmas consustanciales a la propia ciencia, claro). Es cierto. Pero promueve, por el contrario, un nihilismo huero (y no menos irracionalista). Tampoco dudo que la ciencia moderna, ciega para los problemas metafísicos, epistemológicos, existenciales, morales o estéticos, pero esforzadamente precisa para todo lo demás (si es que queda algo), pueda seguir generando nuevos y sorprendentes ingenios que, si no nos matan antes, sirvan para proporcionarnos una vida más cómoda y longeva. Pero ¿para qué querríamos una vida tan larga y ociosa si no se nos da la más repajolera esperanza de saber qué diablos pintamos aquí?

miércoles, 17 de febrero de 2016

Neuroeducación.

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Correo Extremadura


La fe que se tiene en la ciencia parece a veces tan profunda (o inconsciente) como la que se tenía en Dios durante la Edad Media. La gente compra el elixir antiarrugas con nano-liposomas de células madre (sic) como antaño, en el templo, imploraba en latín la resurrección: sin entender nada. La coletilla: “esto está científicamente demostrado” actúa de salvapantallas mental entre un documental y otro (algunos intencionadamente falsos e increíbles, producidos para mostrar el grado de credulidad de los adeptos a la ciencia), hasta que se acaba por oír la voz profética de Eduard Punset anunciando el próximo descubrimiento. ¡Eureka! ¡Aleluya!

Como actitud religiosa que es, el cientificismo de base mantiene un número respetable de dogmas. Uno de ellos consiste en creer que la ciencia es moralmente neutra, y que en ella es posible separar hechos y valores. O medios y fines. El médico, el psicólogo, el pedagogo – dicen – te ofrecen los medios (medicamentos, terapias, técnicas), y eres tú quien decide libremente los fines (cómo vivir o en qué educar a quien corresponda). Pero todo esto es falso. La más simple técnica está cargada de teoría, interpretaciones, valores, intereses y fines de lo más diverso, cuanto más una terapia psicológica o una metodología didáctica. Que la ciencia, a menudo, no sea consciente de esto no le otorga más “asepsia” moral (sino incluso menos).

En otros casos, el cientificista va más lejos, y pretende “neutralizar” todos esos elementos, ideológicos y polémicos (interpretaciones, valores, fines...) reduciéndolos a explicación científica. Tras la moda de los físicos solucionando los problemas metafísicos del mundo, ahora toca la del estudio del cerebro como panacea para los asuntos humanos. Así, no hay semana en que no leamos en el diario que, ¡al fin!, se ha encontrado la explicación neurológica de la conducta moral, o del gusto estético o... del éxito y el fracaso educativo.

Todo esto es un enorme dislate. Ni la metafísica de los físicos suele ser más que mala filosofía, ni el reduccionismo neurológico algo más que un conjunto de falacias. Pretender descubrir criterios morales, o estéticos, o fines educativos, a partir de la observación del cerebro es no empezar, siquiera, a entender el problema. Cuando los neurólogos registran la actividad cerebral relacionada con la conducta moral, o el juicio estético, o la educación, tienen ya resueltos todos los asuntos interesantes. Simplemente parten de lo que una muestra significativa de personas estima que es bueno o bello, o de lo que unos expertos afirman sobre lo que es “aprender”, lo asocian con la actividad cerebral concomitante, y obtienen conclusiones. Pero no resuelven el problema de si esa estimación previa acerca de lo que es bueno, o bello, o sobre lo que es “aprender”, es o no la correcta. La ciencia puede describir lo que pasa en tu cerebro cuando valoras, pero no establecer valores. La confusión entre ambas cosas es falaz.

Un ejemplo reciente de todo esto es la llamada neuroeducación, ciencia en ciernes que, al decir de sus defensores, promete revolucionar la educación. Por lo que se sabe, la neuroeducación propone utilizar los conocimientos sobre el cerebro para hacer más eficaz los procesos de enseñanza y aprendizaje. Pero lo revolucionario se queda en muy poco, pues no se ponen en cuestión ni los modelos ni las metas educativas, sino, tan solo, los medios. Es más, dado que los estudios empíricos en neurología o psicología se hacen a partir de supuestos acerca de lo que debe ser educar y de qué habilidades están relacionadas con el aprendizaje, sus conclusiones implican, sí o sí, una determinada orientación pedagógica, conservadora o más progresista (según quien encargue los estudios), pero ni nueva ni más válida “científicamente” que cualquier otra. La neurología prueba que la emoción influye en la memoria, y el trabajo en equipo en el pensamiento eficaz, pero no nos dice nada acerca de qué tenemos que memorizar o pensar, ni justifica que educar haya de consistir en memorizar o pensar eficazmente (en lugar de, por ejemplo, en comprender o pensar especulativamente).

En suma: los planteamientos científicos en educación (en este caso neurológicos, pero podríamos decir lo mismo de los psicológicos) no pueden ni deben ir más allá de describir el marco de posibilidades de la acción educativa, pero solo una vez que sepamos muy bien que es eso de la educación. Pese a la tentación cientificista de “neutralizar” moralmente su tarea, la pedagogía depende, fundamentalmente, de una consideración filosófica, ética y política acerca de lo que son, pueden y deben ser el ser humano y la sociedad. Solo después de eso tiene sentido hablar sobre educación, y decidir en qué y cómo hay que educar a las personas y a los ciudadanos. Y será al final del todo cuando toque discriminar qué técnicas son más eficaces para lograr todo lo anterior. Únicamente en este último nivel tiene algún sentido hablar de “neuroeducación”. Un nombre, por cierto, muy grandilocuente para lo que ha de ser una simple ciencia auxiliar de la pedagogía aplicada. Casi como lo de los “nano-liposomas de células madre”. Impresiona, pero no hace nada (bueno).


martes, 17 de enero de 2012

"Todo es nada". Esa es la falsedad más verdadera...


“NADA ES REAL”. A esta extraña tesis se le llama NIHILISMO ONTOLÓGICO, y es la tesis a la que necesariamente parece conducir el materialismo extremo.

Si como afirma el materialista, TODA realidad fuera espacio temporal, no quedaría nada con que limitar el espacio y el tiempo (nada se puede limitar a sí mismo). Todo sería ilimitadamente espacial y temporal. Pero no hay ninguna cosa que pueda ser ilimitada en el espacio (no tendría forma) ni en el tiempo (algo ilimitadamente temporal sería ilimitadamente cambiante y algo así carecería de la más mínima permanencia e identidad). Así que no habría NADA. Ni siquiera espacio y tiempo, claro. ¿Qué cosa sería el espacio si no tuviese forma alguna? ¿Qué sería el tiempo si él mismo cambiara a cada instante?...

Pero incluso si espacio y tiempo pudieran existir de forma ilimitada. ¿Cómo sería la realidad? Como una especie de “sopa” infinita (carente de toda forma) y permanente hirviendo (carente de nada estable). Sería, en suma, algo absolutamente CAÓTICO, dónde sería imposible reconocer ninguna estructura permanente. En este caso “NO PODRÍAMOS CONOCER NADA”. A esta no menos extraña tesis se la conoce como ESCEPTICISMO RADICAL.

El materialismo extremo conduce, pues, al nihilismo ontológico y al escepticismo radical. Pero estas dos tesis son, a su vez, autocontradictorias. Si nada es real, tampoco el nihilismo se corresponde con nada real. Y si no podemos conocer nada, tampoco podemos conocer que nada se puede conocer, como afirma el escéptico radical.

El nihilista y el escéptico podrían aún replicar que, dado que nada es real ni cognoscible, nada es tampoco ni lógico ni contradictorio. El problema es que, para llegar a esta conclusión, han tenido que utilizar la lógica y procurar no contradecirse...

La única conclusión que cabe al nihilismo y al escepticismo es el silencio. O no. ¡Qué más da!...



¿Qué pensáis vosotros? ¿Es posible que la realidad no sea nada? ¿Será verdad que nada es verdad ni mentira?...

Entrevista con el materialista.


Hace poco, en una tenebrosa noche, un conocido mío (P) que bajaba a los niveles inferiores de la caverna fue asaltado por un materialista (M), que se le quedo observando con cara de querer hacer experimentos con él. Intentó defenderse dialogando con el tipo, y he aquí el resultado (según quedó grabado en las cámaras de seguridad).

P. Así que, dice Ud., que la realidad es...
M. ...La realidad es lo que dice la ciencia: las partículas, las moléculas, los planetas, los cerebros.. En fin: lo que se puede ver y experimentar científicamente. Estamos en el siglo XXI. Por suerte, nuestros conocimientos se han liberado ya del yugo de la religión y la filosofía. Lo único que importa son los datos objetivos.
P. ¿Qué son los “datos objetivos”?
M. Lo que vemos que ocurre en los experimentos y en observaciones precisas. Por ejemplo, que el agua hierve a cien grados o que la Tierra gira alrededor del Sol.
P. ¿Pero cómo sabemos que lo que vemos es objetivo? ¿No dice la ciencia que “ver” es una actividad mental y, por tanto, subjetiva?
M. En efecto. Por eso, las observaciones y experimentos exigen más de un observador. Si todos decimos que vemos lo mismo, lo que se ve es entonces objetivo, o lo más objetivo posible.
P. Perdone la insistencia, pero: ¿cómo sabemos que hay otros observadores?
M. Eso es un hecho indiscutible para cualquier persona sensata.
P. ¿Un “hecho” es lo mismo que un dato?
M. Digamos que sí.
P. Entonces: ¿el hecho de que hay otros observadores significa que “vemos” que hay otros observadores?
M. Sí.
P. O sea: que la visión del científico es objetiva porque es compartida por otros científicos, todo lo cual es verdad porque también responde a una visión objetiva. ¿No le parece esto un tanto discutible desde un punto de vista lógico?
M. Tal vez, pero yo no estoy hablando de lógica.
P. Aunque sí con lógica, suponemos... Pero dejemos eso. Le hago otra pregunta. ¿Cómo podemos estar seguros de que lo que dicen que ven esos otros observadores se refiere a lo mismo que vemos nosotros?
M. Yo creo que esos casos extremos son ocurrencias de filósofos. En general, todos los que usan el término español “primer piso” lo hacen para referirse a lo mismo. La prueba es que solemos entendemos perfectamente en los ascensores. Pero volvamos a la lógica. Yo no niego que ésta juegue un papel importante en la ciencia. La lógica nos permite generalizar a partir de varias observaciones particulares una ley general. Y también deducir de una ley general aquello que debería observarse caso de ser cierta dicha ley.
P. ¿Quiere usted decir que la lógica o las matemáticas son cosas verdaderas aunque no las veamos?
M. No las vemos todavía. Algún día las observaremos en el cerebro, que es donde nacen y ocurren.
P. ¿Entonces llegarán a ser las matemáticas una rama de la neurología? ¿Se demostraran entonces los teoremas más difíciles mediante cirugía?
M. Eso es una exageración. Lo que sí es cierto es que entre las estructuras matemáticas y las estructuras biológicas y neuronales ha de existir algún tipo de paralelismo.
P. ¿Cómo podrían compararse cosas tan distintas como las ecuaciones y las neuronas? Y otra cuestión: ¿El mundo estaba determinado por leyes matemáticas y lógicas antes de que hubiera neuronas en ese mismo mundo? Por ejemplo: ¿Dos átomos más dos átomos no eran cuatro átomos hace mil millones de años, cuando aún no había cerebros en el Universo?
M. Las matemáticas y la lógica son una creación cultural. Otra cosa es que se refieran a algo real presente en la naturaleza: ciertas regularidades y estructuras que podemos comprender gracias, precisamente, a las matemáticas y la lógica.
P. Bien. Volvamos al tema principal, si me permite. Usted afirma que la realidad es lo que dice la ciencia que es real. Y lo que dice la ciencia (a diferencia de lo que dice la religión o la filosofía) es cierto porque se basa en datos (o hechos) y en la lógica. ¿Me equivoco?
M. Lo ha resumido usted muy bien.
P. Veamos, si me permite, algún ejemplo. La ciencia afirma que la realidad es en sí misma plural, extensa o corpórea, espacio temporal, cambiante, etc. Pero algunos filósofos parecen haber demostrado que ninguno de estos rasgos es un hecho visible y, además, que ninguno de ellos soporta una prueba lógica.
M. ¿Y cómo pretenden haber demostrado tamaña cosa? ¿Con hechos o sólo con la lógica?
P. Bueno, ellos dicen que con los dos métodos. Por ejemplo. Afirman que no es lógico que la realidad sea algo cambiante, pues entonces nada mantendría su identidad, ni partículas, ni moléculas, ni nada; ni siquiera la misma “realidad” sería siempre “realidad”, pues también esto cambiaría. Afirman, además, que es un hecho experimentable que el propio cambio o el movimiento no se pueden observar, pues no podemos observar algo sin darle una cierta fijeza o estabilidad, como pasa con las fotografías...El resto de los argumentos los puede usted leer en este mismo blog, en las cinco entradas anteriores...
M. Vaya. Muy ingenioso. Pero aquí habría mucho que discutir. De entrada, este argumento puede volverse en contra de esos filósofos que usted cita. Pues está claro que todo eso lo han pensado y que, por tanto, algo se ha “movido” en sus cabezas, ¿no? Dicho de otro modo: su argumento supone pasar de una ideas a otras. ¿Y no implica esto movimiento?...
P. Buena respuesta. Aunque ellos dirían que los argumentos no se mueven en sí mismos, solo se mueve nuestra mente al pensarlos.
M. ¡Todo lo que contiene este Universo se mueve! Por tanto, también se mueven y cambian los argumentos.
P. ¿Este suyo también?
M. También, pero no tanto como para que me lleve usted donde me quiere llevar...
P. Está bien. Imaginemos que todo está constantemente cambiando. Esto supone que no hay nada permanente en el Universo, nada es lo mismo de un instante a otro, las cosas, las relaciones entre ellas: todo cambia constantemente. ¿No es esto una viva imagen del caos?
M. Eso parece. Y sin embargo, algún tipo de estabilidad ha de existir en esta realidad permanentemente cambiante. No puede ser puro caos. Si así fuera, nuestras leyes no podrían explicarla como lo hacen.
P. ¿Hay entonces cosas estables en un Universo donde todo cambia? ¿No es esto una contradicción?
M.. No es fácil de explicar. Pensemos, por ejemplo, en un serie de cambios o movimientos que se repiten, como el movimiento orbital de un planeta o de un electrón. Esto generaría una cierta estabilidad “móvil”, por así decir, y, por tanto, una cierta permanencia, con lo cual ya habría cosas, regularidades, etc.
P. ¿Pero si un fenómeno se repite es el mismo fenómeno o es otro? ¿Cada vez que llueve es la misma lluvia o es otra? Además, esas repeticiones, para serlo, tendrán que reproducir en cada ocasión un mismo patrón de movimientos, una misma “forma” estable. En cualquier caso, usted reconoce que existe la estabilidad en un Universo dónde no todo puede ser, por tanto, cambiante.
M. Así es. Lamento violentar su cuadriculada e inflexible lógica.
P. ¿También las leyes físicas, por ejemplo las que explican cómo cambian las cosas, permanecen invariables mientras todo cambia a su alrededor?
M. En cierto modo sí. Al menos en tanto la teoría que las contiene sea mantenida como verdadera por la comunidad científica.
P. ¿Y si se demuestra que era falsa, no se habrá demostrado también que siempre lo fue, invariablemente, aunque no nos diéramos cuenta antes?
M. No, eso no se puede demostrar. Nuestra ciencia nunca será tan precisa como para afirmar eso.
P. ¿Nunca? Es decir, que la ciencia es invariablemente falible. ¿No hay ya demasiadas cosas invariables en su Universo cambiante?
M. Aparentemente sí. Pero todo esto no nos obliga a pensar que ha de existir un mundo ideal y trascendente, ajeno a este Universo espacio temporal que observamos. Eso es aún más insensato. Así que los filósofos tendrán que buscar otra solución a este problema.
P. Finalmente. ¿Qué opina de la afirmación de que cosas tales como el tiempo, el espacio, el cambio y otras por el estilo, no se pueden “ver”?
M. En cierto modo es razonable. El tiempo, el espacio o el cambio son supuestos bajo los que entendemos las cosas que vemos, pero ellos en sí mismos no los vemos, porque en sí mismos no son “cosas” como las demás.
P. ¿En qué sentido son entonces “cosas” o realidades? No parecen que sean físicas, si no se pueden ver, y sin embargo usted afirma que son propiedades fundamentales del mundo físico. ¿En qué consiste entonces el mundo físico y cambiante que usted defiende? Si lo cambiante no es físico porque no se ve, y lo físico no es del todo cambiante porque entonces no podríamos explicar la existencia de cosas estables y de las regularidades y estructuras a las que se refieren las leyes. ¿Cómo justificar su teoría?
M. Creo que usted simplifica demasiado las cosas. Todo eso es un misterio que habrá que resolver.
P. Espero que no tenga usted que ponerse a filosofar. ¡En pleno siglo XXI!


¿Qué os ha parecido? Si tenéis algo que comentar estáis en vuestra caverna...

lunes, 16 de enero de 2012

¡Todo cambia! (Esto nunca cambia)


¡Todo está cambiando en el Universo! ¡Todo se mueve! Nadie se baña dos veces en el mismo río: de baño a baño el río ha cambiado. Pero no sólo el río: también el bañista. Y si todo está cambiando, nada ni nadie es lo mismo durante dos instantes seguidos. Decir “yo he cambiado” resulta absurdo, pues si todo esta cambiando no hay ningún “yo” invariable que sea el sujeto de ningún cambio…
Imaginaos que todo estuviera cambiando a la vez y a la misma velocidad (si todo fuera cambio, nada podría distinguir entre cambios más o menos veloces) ¿Notaríamos algún cambio? Si fuéramos en un tren a velocidad constante y todo el exterior se moviera a la misma velocidad: ¿habría cambio o movimiento alguno?... Parece imposible, ¿no?
Además, si en el Universo todo cambia, ¿también lo hacen las leyes que explican el cambio? ¿Y el propio cambio también cambia? ¿Cómo podría ser?...
Zenón de Elea, un viejo filósofo griego, decía que por mucho que una cosa parezca moverse, a cada instante está en algún sitio, y sólo en uno, por lo que siempre (en todo instante) “está”, y lo que siempre “está”: ¿cuándo se mueve?...
El materialista puede decir que él “ve” que las cosas cambian y se mueven. ¿Pero es esto verdad? ¿Se puede ver el movimiento y el cambio? Parodiando a Zenón, podríamos decir que a cada pequeñísimo instante en que vemos algo lo vemos estando en algún sitio, sin moverse, como si le hiciéramos una fotografía, pero ¿vemos el cambio en sí?...

En fin: el cambio carece de lógica y ni siquiera puede verse. ¿Qué clase de truco de feria es entonces?...

viernes, 13 de enero de 2012

¿Pasa el tiempo por el tiempo?



¡Todo es temporal! Eso han dicho muchos filósofos, poetas y, hoy en día, la totalidad (o casi) de los científicos. El Universo entero –dicen muchos físicos— es un proceso temporal que comenzó hace unos 13.000 millones de años. Todo nace, se desarrolla y acaba deshaciéndose en ese proceso universal que es el tiempo… ¿Pero puede ser TODO temporal? ¿Lo pensamos?...

Si todo lo existente fuese temporal, el tiempo sería ilimitado, infinito, pues ¿qué límite habría que no fuese también temporal? Los físicos no tienen respuesta a esta pregunta. Algunos afirman que, sencillamente, antes de comenzar el tiempo no hay ningún “antes”, porque no hay tiempo, luego (como todo es tiempo) antes del tiempo "no hay nada", y de la nada, ¡plof!, brota el tiempo, como un milagro…

Además, si todo fuese tiempo, ¿qué distinguiría un instante de otro? ¿podría el tiempo dividirse a sí mismo? Imposible. Luego si todo fuese tiempo no habría más que un único instante eterno que jamás dejaría de “pasar”, luego no “pasaría” nada, no habría “pasado”, ni futuro, ni… Tiempo…

Pero aún hay otra consecuencia, más estrafalaria aún, de la idea de que todo es tiempo. Si todo lo que existe es temporal, y el tiempo también existe, el tiempo también habrá de ser, él mismo, “temporal”. ¿Pero puede ser que por el propio tiempo pase el tiempo?... No parece que sea eso lo que ocurra. El propio tiempo no es temporal. Al menos, ninguna de sus partes lo es: todas las horas son la misma, jamás cambian, entre las dos y las tres quizás hayan pasado muchas cosas, pero no el tiempo, pues una hora es idéntica a otra (la hora tres no es está más vieja y estropeada que la hora dos). Pensemos ahora en fechas: ¿Alguna cambia alguna vez? ¿Por el 12 de octubre de 1942 o por la fecha de tu cumpleaños pasa el tiempo? No: la fecha de tu cumple es siempre la misma, no envejece jamás. De hecho, ninguno de los instantes de nuestra vida es temporal, pues siempre vivimos en el presente, ¿no?... Por supuesto, tampoco pasa el tiempo por el concepto de “tiempo”, ni por las leyes y fórmulas con las que el físico pretende comprender el tiempo… Entonces, ¿cómo va a ser todo tiempo, si el propio tiempo es ajeno a lo temporal?

Ahora bien, si el tiempo no es lógicamente posible, ¿cómo es que lo percibimos?...Aunque, la verdad, eso de que lo percibimos...¿Alguien ha visto alguna vez al tiempo? ¿Alguien podría capturar el instante presente e introducirlo en una probeta para observarlo? ¿Podríamos capturar o ver el pasado –que ya no es—o el futuro –que todavía no existe—?...



Pensadlo: ¿Qué es el tiempo? ¿Es algo real? Pero pensadlo sin prisa, tomaos vuestro tiempo…

Por cierto, os recomiendo que consultéis la interesante y enigmática entrada de mi colega bloguero juanantonio: cavernisofia: ¿Es real el Tiempo?

jueves, 12 de enero de 2012

¿Se puede dividir infinitamente la materia?



Supongamos que la realidad, como quiere el materialista, es corpórea y extensa, es decir, tiene superficie y dimensiones (por muy pequeñas que sean). Si así fuera podríamos dividirla una y otra vez, pues los trocitos que obtuviéramos en cada división serían también extensos y, por lo mismo, divisibles de nuevo. ¿Tendríamos acaso alguna razón lógica para pensar que alguno de estos trocitos fuera indivisible?

Ahora bien, si cada trocito de una cosa se puede dividir hasta el infinito, es que dicha cosa tiene infinitas partes y, en ese caso, ¿no será ella misma infinita? Tiene que serlo. Pero a la vez, tiene que ser finita, pues una cosa infinita y sin límites, ¿qué cosa es? ¿Cómo la delimitaríamos o definiríamos separándola de las demás, si ella misma carece de límites o fines?...


Además, si cada cosa es infinita, ¿habría más de una cosa? Imposible: una sola cosa lo "ocuparía" todo, puesto que un infinito carece realmente de límites. ¿No? De otro lado, si esa sola cosa contiene infinitas partes, ¿no tendrán que ser diferentes unas de otras (si fueran idénticas no serían mas que una)? Pero si todas las infinitas partes de algo son diferentes de las demás, nada en la cosa es igual a nada, la cosa sería infinitamente diferente de si misma, carecería de identidad, luego no sería ni siquiera una cosa...

Finalmente, si la materia es divisible, y no hay más que materia (como reza el materialista), ¿con qué dividiríamos a la materia? ¿Puede la materia dividirse a sí misma? ¿Cómo? Imaginaos que alguien propusiera el mantequillismo, teoría según la cual todo es mantequilla. Y suponed que el mantequillista añadiera que hay muchas cosas distintas. ¿Sería esto posible? ¿Qué mantecosa cosa podría distinguir unas cosas de otras? ¿Podríamos cortar la mantequilla con un cuchillo hecho de la misma mantequilla que cortamos?...

Absurdo, ¿no?... Y sin embargo parece posible. En el siguiente vídeo podéis ver a los físicos preparándose para hacer colisionar partículas pequeñisimas, y descubrir, así, las partes aún más pequeñas que estas partículas contienen (Ya sabéis: los científicos no se fían del todo de la lógica, tienen que ver --o experimentar-- las cosas para creerlas).



¿Qué piensas tú al respecto? ¿Pueden existir los cuerpos o es absurdo pensar tal cosa? ¿Es divisible la materia hasta el infinito o podemos confiar en hallar una párticula última indivisible a partir de la cual se componga todo?

miércoles, 11 de enero de 2012

¿Qué espacio ocupa el espacio?



¿Qué es el espacio? Para el materialista el espacio es una realidad física (según él, lo que no es físico o material no es real). Además, si el espacio no fuera una realidad física, ¿cómo iban a estar en él las cosas física? Ahora bien, toda realidad física ocupa espacio (no conozco ningún materialista que acepte que algo exista sin estar en algún sitio), luego si el espacio es una realidad física también el espacio ocupara espacio. ¿Pero qué espacio ocuparía el espacio? (¿Y qué espacio ocuparía el espacio ocupado por el espacio?...) ¿No es esto absurdo?

Dicho de otro modo (más elegante): si el espacio contiene todo lo real: ¿no tendría que contenerse a sí mismo, siendo él, como es, una realidad más?...

Por otro lado, si el espacio es algo físico, tendrá cierta densidad, cantidad de materia, etc. Siendo así, ¿cómo caben las cosas en él? Pues tal y como cabe mi mano en el agua o en el aire --dirá un físico--, pues el agua o el aire son realidades físicas menos densas que mi mano. ¿Pero qué es lo que hace que una realidad física sea menos densa? Tendría que existir una realidad que no fuera física (el vacío o lo que sea) para mezclarse con lo físico y hacerlo menos denso (igual que haría falta otro color distinto al rojo para hacer un rojo más claro) ¿Pero cómo podría haber una realidad no física si (según el materialista) todo lo real es físico?

Bueno -diría un materialista un poco más tolerante-, tal vez el espacio no sea físico, o tal vez esté hecho de otro tipo de realidad física, diferente a la de las cosas que contiene. ¿Pero es esto posible? Si no fuera físico, o fuera de otro tipo de realidad física (¿podría haber otro tipo de realidad “física”, siendo también “física”?), ¿cómo podría contener (o relacionarse de algún otro modo) con las cosas físicas?

En fin, no parece que esto del espacio sea algo muy lógico. ¡Pero aún así existe -dirá la mayoría de la gente-, porque es innegable que tenemos experiencia de él!... ¿Pero es esto cierto? ¿Qué experiencia directa tenemos del espacio? ¿Alguien lo ha visto o tocado? ¿Dónde y cómo?


¿Has pensado alguna vez que es el espacio, de qué está hecho? ¿Qué crees que dicen los físicos al respecto? ¿Dicen algo con sentido? ¿Y tú? ¿Cómo creer entonces en el espacio que supuestamente ocupamos? Pero si no hay algo así como el espacio, ¿dónde estamos, si es que estamos en algún sitio? ¿Serías capaz de responder a todo esto sin volverte loco?...

miércoles, 13 de enero de 2010

Entrevista con el materialista.


Hace poco, en una tenebrosa noche próxima a la Navidad, un conocido mío (P) que bajaba a los niveles inferiores de la caverna fue asaltado por un materialista (M), que se le quedo observando con cara de querer hacer experimentos con él. Intentó defenderse dialogando con el tipo, y he aquí el resultado (según quedó grabado en las cámaras de seguridad).

P. Así que, dice Ud., que la realidad es...
M. ...La realidad es lo que dice la ciencia: las partículas, las moléculas, los planetas, los cerebros.. En fin: lo que se puede ver y experimentar científicamente. Estamos en el siglo XXI. Por suerte, nuestros conocimientos se han liberado ya del yugo de la religión y la filosofía. Lo único que importa son los datos objetivos.
P. ¿Qué son los “datos objetivos”?
M. Lo que vemos que ocurre en los experimentos y en observaciones precisas. Por ejemplo, que el agua hierve a cien grados o que la Tierra gira alrededor del Sol.
P. ¿Pero cómo sabemos que lo que vemos es objetivo? ¿No dice la ciencia que “ver” es una actividad mental y, por tanto, subjetiva?
M. En efecto. Por eso, las observaciones y experimentos exigen más de un observador. Si todos decimos que vemos lo mismo, lo que se ve es entonces objetivo.
P. Perdone la insistencia, pero: ¿cómo sabemos que hay otros observadores?
M. Eso es un hecho indiscutible para cualquier persona sensata.
P. ¿Un “hecho” es lo mismo que un dato?
M. Digamos que sí.
P. Entonces: ¿el hecho de que hay otros observadores significa que “vemos” que hay otros observadores?
M. Sí.
P. O sea: que la visión del científico es objetiva porque es compartida por otros científicos, todo lo cual es verdad porque también responde a una visión objetiva. ¿No le parece esto un tanto discutible desde un punta de vista lógico?
M. Tal vez, pero yo no estoy hablando de lógica.
P. Aunque sí con lógica, suponemos... Pero dejemos eso. Le hago otra pregunta. ¿Cómo podemos estar seguros de que lo que dicen que ven esos otros observadores se refiere a lo que vemos nosotros? Por ejemplo. Supongamos que dos observadores dicen que algo es verde, pero uno de ellos es daltónico.
M. Yo creo que esos casos extremos son ocurrencias de filósofos. En general, todos los que usan el término español “primer piso” lo hacen para referirse a lo mismo. La prueba es que solemos entendemos perfectamente en los ascensores. Pero volvamos a la lógica. Yo no niego que ésta juegue un papel importante en la ciencia. La lógica nos permite generalizar a partir de varias observaciones particulares una ley general. Y también deducir de una ley general aquello que debería observarse caso de ser cierta dicha ley.
P. ¿Quiere usted decir que la lógica o las matemáticas son cosas verdaderas aunque no las veamos?
M. No las vemos todavía. Algún día las observaremos en el cerebro, que es donde nacen y ocurren.
P. ¿Entonces llegarán a ser las matemáticas una rama de la neurología? ¿Se demostraran entonces los teoremas más difíciles mediante cirugía?
M. Ja, ja. Pues sí. A eso llegaremos.
P. Y otra cuestión: ¿Antes de que existieran las neuronas las leyes matemáticas y lógicas no tenían ningún peso en el mundo? ¿Dos átomos más dos átomos no eran cuatro átomos hace mil millones de años, cuando aún no había cerebros en el Universo?
M. Las matemáticas y la lógica son una creación cultural. Otra cosa es que se refieran a algo real presente en la naturaleza: ciertas regularidades y estructuras que podemos comprender gracias, precisamente, a las matemáticas y la lógica.
P. Bien. Volvamos al tema principal, si me permite. Usted afirma que la realidad es lo que dice la ciencia que es real. Y lo que dice la ciencia (a diferencia de lo que dice la religión o la filosofía) es cierto porque se basa en datos (o hechos) y en la lógica. ¿Me equivoco?
M. Lo ha resumido usted muy bien.
P. Veamos, si me permite, algún ejemplo. La ciencia afirma que la realidad es en sí misma plural, extensa o corpórea, espacio temporal, cambiante, etc. Pero algunos filósofos parecen haber demostrado que ninguno de estos rasgos es un hecho visible y, además, que ninguno de ellos soporta una prueba lógica.
M. ¿Y cómo pretenden haber demostrado tamaña cosa? ¿Con hechos o sólo con la lógica?
P. Bueno, ellos dicen que con los dos métodos. Por ejemplo. Afirman que no es lógico que la realidad sea algo cambiante, pues entonces nada mantendría su identidad, ni partículas, ni moléculas, ni nada; ni siquiera la misma “realidad” sería siempre “realidad”, pues también esto cambiaría. Afirman, además, que es un hecho experimentable que el propio cambio o el movimiento no se pueden observar, pues no podemos observar algo sin darle una cierta fijeza o estabilidad, como pasa con las fotografías...El resto de los argumentos los puede usted leer en este mismo blog, en las cinco entradas tituladas: “como acabar con el materialismo...”...
M. Vaya. Muy ingenioso. Pero aquí habría mucho que discutir. De entrada, este argumento puede volverse en contra de esos filósofos que usted cita. Pues está claro que todo eso lo han pensado y que, por tanto, algo se ha “movido” en sus cabezas, ¿no? Dicho de otro modo: su argumento supone pasar de una ideas a otras. ¿Y no implica esto movimiento?...
P. Buena respuesta. Aunque ellos dirían que los argumentos no se mueven en sí mismos, solo se mueve nuestra mente al pensarlos.
M. ¡Todo lo que contiene este Universo se mueve! Por tanto, también se mueven y cambian los argumentos.
P. ¿Este suyo también?
M. También, pero no tanto como para que me lleve usted donde me quiere llevar...
P. Está bien. Imaginemos que todo está constantemente cambiando. Esto supone que no hay nada permanente en el Universo, nada es lo mismo de un instante a otro, las cosas, las relaciones entre ellas: todo cambia constantemente. ¿No es esto una viva imagen del caos?
M. Eso parece. Y sin embargo, algún tipo de estabilidad ha de existir en esta realidad permanentemente cambiante. No puede ser puro caos. Si así fuera, nuestras leyes no podrían explicarla como lo hacen.
P. ¿Hay entonces cosas estables en un Universo donde todo cambia? ¿No es esto una contradicción?
M.. No es fácil de explicar. Pensemos, por ejemplo, en un serie de cambios o movimientos que se repiten, como el movimiento orbital de un planeta o de un electrón. Esto generaría una cierta estabilidad “móvil”, por así decir, y, por tanto, una cierta permanencia, con lo cual ya habría cosas, regularidades, etc.
P. ¿Pero si un fenómeno se repite es el mismo fenómeno o es otro? ¿Cada vez que llueve es la misma lluvia o es otra? Además, esas repeticiones, para serlo, tendrán que reproducir en cada ocasión un mismo patrón de movimientos, una misma “forma” estable. En cualquier caso, usted reconoce que existe la estabilidad en un Universo dónde no todo puede ser, por tanto, cambiante.
M. Así es. Lamento violentar su cuadriculada e inflexible lógica.
P. ¿También las leyes físicas, por ejemplo las que explican cómo cambian las cosas, permanecen invariables mientras todo cambia a su alrededor?
M. En cierto modo sí. Al menos en tanto la teoría que las contiene sea mantenida como verdadera por la comunidad científica.
P. ¿Y si se demuestra que era falsa, no se habrá demostrado también que siempre lo fue, invariablemente, aunque no nos diéramos cuenta antes?
M. No, eso no se puede demostrar. Nuestra ciencia nunca será tan precisa como para afirmar eso.
P. ¿Nunca? Es decir, que la ciencia es invariablemente falible. ¿No hay ya demasiadas cosas invariables en su Universo cambiante?
M. Aparentemente sí. Pero todo esto no nos obliga a pensar que ha de existir un mundo ideal ajeno a este Universo espacio temporal que observamos. Eso es aún más insensato. Así que los filósofos tendrán que buscar otra solución a este problema.
P. Finalmente. ¿Qué opina de la afirmación de que cosas tales como el tiempo, el espacio, el cambio y otras por el estilo, no se pueden “ver”?
M. En cierto modo es razonable. El tiempo, el espacio o el cambio son supuestos bajo los que entendemos las cosas que vemos, pero ellos en sí mismos no los vemos, porque en sí mismos no son “cosas” como las demás.
P. ¿En qué sentido son entonces “cosas” o realidades? No parecen que sean físicas, si no se pueden ver, y sin embargo usted afirma que son propiedades fundamentales del mundo físico. ¿En qué consiste entonces el mundo físico y cambiante que usted defiende? Si lo cambiante no es físico porque no se ve, y lo físico no es cambiante porque entonces no podríamos explicar la existencia de cosas estables y de las regularidades y estructuras a las que se refieren las leyes. ¿Cómo justificar su teoría?
M. Creo que usted simplifica demasiado las cosas. Todo eso es un misterio que habrá que resolver.
P. Espero que no tenga usted que ponerse a filosofar. ¡En pleno siglo XXI!


¿Qué os ha parecido? Si tenéis algo que comentar estáis en vuestra caverna...

Os invito también a que leais otros diálogos, como el que tienen un materialista y un idealista, un tanto peculiares, en "Mente, materia, mundos", una entrada de nuestro blog vecino "Cavernisofía"...
Otras entrevistas con materialistas:
http://arvo.net/sobre-el-materialismo/el-materialismo-de-thomas-a-e/gmx-niv594-con12350.htm

sábado, 26 de diciembre de 2009

Cinco formas de acabar con el materialismo. 5. Si todo cambia, ¿cambia algo?


¡Todo está cambiando en el Universo! Nadie se baña dos veces en el mismo río: de baño a baño el río ha cambiado. Pero no sólo el río: también el bañista. Si todo está cambiando, nada ni nadie es lo mismo durante dos instantes seguidos. Decir “yo he cambiado” resulta absurdo, pues si todo esta cambiando no hay ningún “yo” invariable que sea el sujeto de ningún cambio…
Imaginaos que todo estuviera cambiando a la vez y a la misma velocidad (si todo fuera cambio, nada podría distinguir entre cambios más o menos veloces) ¿Notaríamos algún cambio? Si fuéramos en un tren a velocidad constante y todo el exterior se moviera a la misma velocidad: ¿habría cambio o movimiento alguno?... Parece imposible, ¿no?
Además, si en el Universo todo cambia, también lo hacen las leyes que explican el cambio (¡). ¿Y el propio cambio también cambia? ¿Cómo podría ser?...
Zenón de Elea, un viejo filósofo griego, decía que por mucho que una cosa parezca moverse, a cada instante está en algún sitio, y sólo en uno, por lo que siempre (en todo instante) “está”, y lo que siempre “está”: ¿cuándo se mueve?...
El materialista puede decir que él “ve” que las cosas cambian y se mueven. ¿Pero es esto verdad? ¿Se puede ver el movimiento y el cambio? Parodiando a Zenón, podríamos decir que a cada pequeñísimo instante en que vemos algo lo vemos estando en algún sitio, sin moverse, como si le hiciéramos una fotografía, pero ¿vemos el cambio en sí?...

En fin: el cambio carece de lógica y ni siquiera puede verse. ¿Qué clase de truco de feria es entonces?...

lunes, 14 de diciembre de 2009

Cinco formas de acabar con el materialismo. 4. ¿Pasa el tiempo por el tiempo?



¡Todo es temporal! Eso han dicho muchos filósofos, poetas y, hoy en día, la totalidad (o casi) de los científicos. El Universo entero –dicen muchos físicos— es un proceso temporal que comenzó hace unos 13.000 millones de años. Todo nace, se desarrolla y acaba deshaciéndose en ese proceso universal que es el tiempo… ¿Pero puede ser TODO temporal? ¿Lo pensamos?...

Si todo lo existente fuese temporal, el tiempo sería ilimitado, infinito, pues ¿qué límite habría que no fuese también temporal? Los físicos no tienen respuesta a esta pregunta. Algunos afirman que, sencillamente, antes de comenzar el tiempo no hay ningún “antes”, porque no hay tiempo, luego (como todo es tiempo) antes del tiempo "no hay nada", y de la nada, ¡plof!, brota el tiempo, como un milagro…

Además, si todo fuese tiempo, ¿qué distinguiría un instante de otro? ¿podría el tiempo dividirse a sí mismo? Imposible. Luego si todo fuese tiempo no habría más que un único instante eterno que jamás dejaría de “pasar”, luego no “pasaría” nada, no habría “pasado”, ni futuro, ni… Tiempo…

Pero aún hay otra consecuencia, más estrafalaria aún, de la idea de que todo es tiempo. Si todo lo que existe es temporal, y el tiempo también existe, el tiempo también habrá de ser, él mismo, “temporal”. ¿Pero puede ser que por el propio tiempo pase el tiempo?... No parece que sea eso lo que ocurra. El propio tiempo no es temporal. Al menos, ninguna de sus partes lo es: todas las horas son la misma, jamás cambian, entre las dos y las tres quizás hayan pasado muchas cosas, pero no el tiempo, pues una hora es idéntica a otra (la hora tres no es está más vieja y estropeada que la hora dos). Pensemos ahora en fechas: ¿Alguna cambia alguna vez? ¿Por el 12 de octubre de 1942 o por la fecha de tu cumpleaños pasa el tiempo? No: la fecha de tu cumple es siempre la misma, no envejece jamás. Por supuesto, tampoco pasa el tiempo por el concepto de “tiempo”, ni por las leyes y fórmulas con las que el físico pretende comprender el tiempo… Entonces, ¿cómo va a ser todo tiempo, si el propio tiempo es ajeno a lo temporal?

Ahora bien, si el tiempo no es lógicamente posible, ¿cómo es que lo percibimos?...Aunque, la verdad, eso de que lo percibimos...¿Alguien ha visto alguna vez al tiempo? ¿Alguien podría capturar el instante presente e introducirlo en una probeta para observarlo? ¿Podríamos capturar o ver el pasado –que ya no es—o el futuro –que todavía no existe—?...



Pensadlo: ¿Qué es el tiempo? ¿Es algo real? Pero pensadlo sin prisa, tomaos vuestro tiempo…

Por cierto, os recomiendo que consultéis la interesante y enigmática entrada de mi colega bloguero juanantonio: "¿Es real el tiempo?", de la que he tomado los videos. Está en Cavernisofía, por esta galería un poco hacia arriba y a la derecha... Ojo con perderos también en el espacio!

jueves, 10 de diciembre de 2009

Cinco formas de acabar con el materialismo. 3. ¿Se puede dividir la materia hasta el infinito?



Supongamos que la realidad, como quiere el materialista, es corpórea y extensa, es decir, tiene superficie y dimensiones (por muy pequeñas que sean). Si así fuera podríamos dividirla una y otra vez, pues los trocitos que obtuviéramos en cada división serían también extensos y, por lo mismo, divisibles de nuevo. ¿Tendríamos acaso alguna razón lógica para pensar que alguno de estos trocitos fuera indivisible? Todo lo que tiene extensión y se puede medir, se puede volver a dividir en medidas aún más pequeñas… Y así, hasta el infinito. Ahora bien, si cada trocito de una cosa se puede dividir hasta el infinito, es que dicha cosa tiene infinitas partes. Pero si una cosa tiene infinitos trocitos, ¿no será ella misma infinita? Tiene que serlo. Y, a la vez, tiene que ser finita, pues una cosa infinita y sin límites, ¿qué cosa es? ¿Cómo la delimitaríamos o definiríamos separándola de las demás, si ella misma carece de límites o fines?...

Todo esto sin contar con que si una cosa es divisible hasta el infinito, cada parte suya tiende a tener una extensión “cero”, lo cual nos obligaría a comprende a la cosa como una suma de partes cada una de las cuales mide “cero”. ¿No es esto el colmo del absurdo?...

Y falta aún un argumento. Si la materia es divisible, y no hay más que materia (como reza el materialista), ¿con qué podríamos dividir a la materia? ¿Puede la materia dividirse a sí misma? Es como preguntar: ¿puede el agua dividir al agua? ¿Podríamos cortar la mantequilla con un cuchillo hecho de la misma mantequilla que cortamos?...

Absurdo, ¿no?... Y sin embargo parece posible. En el siguiente video podéis ver a los físicos preparándose para hacer colisionar partículas pequeñisimas, y descubrir, así, las partes aún más pequeñas que estas partículas contienen...

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Cinco formas de acabar con el materialismo. 2. ¿Qué espacio ocupa el espacio?




¿Qué es el espacio? Tiene que ser algo físico, como el resto de las cosas (si no fuera algo físico, ¿cómo iban a “estar en él” las cosas físicas?). Pero si es algo físico, ¿no tendría que ocupar el mismo un espacio, como le ocurre a todo lo físico? ¿Y qué espacio ocuparía el espacio? (¿Y qué espacio ocuparía el espacio ocupado por el espacio?...)... Dicho de otro modo, si el espacio contiene todas las cosas: ¿no tendría que contenerse a sí mismo, siendo él, como es, una cosa física más?... Por otro lado, si el espacio es algo físico, tendrá cierta densidad, cantidad de materia, etc. Siendo así, ¿cómo es que “caven” las cosas en él? ¿No “tropezarán” las cosas con el espacio, en lugar de “ocuparlo”?...

En fin, sólo queda pensar que el espacio no sea físico, o que “esté hecho” de otro tipo de realidad física, diferente a la de las cosas que contiene. ¿Pero es esto posible? Si no fuera físico, o fuera de “otro” tipo de realidad física (¿podría haber otro tipo de realidad “física”, siendo también “física”?), no parece que pudiera “contener” (o relacionarse de algún otro modo) con lo físico. ¿No?



¿Has pensado alguna vez que es el espacio, de qué está hecho? ¿Qué crees que dicen los físicos al respecto? ¿Dicen algo con sentido? ¿Y tú? ¿Cómo creer entonces en el espacio que supuestamente ocupamos? Pero si no hay algo así como el espacio, ¿cómo es que estamos AQUÍ y no en otro SITIO? ¿Serías capaz de responder a todo esto sin volverte loco?...

Cinco formas de acabar con el materialismo. 1. ¿Cuántas cosas hay?


El materialismo afirma que la realidad es el mundo físico que nos presentan los sentidos y que describen las ciencias naturales. Según esta teoría la realidad es plural (compuesta de muchas cosas), espacial (las cosas ocupan espacio), extensa (las cosas tienen cuerpo, dimensiones, etc.), temporal (aparecen, envejecen, desaparecen etc.) y cambiante (se transforman, cambian de posición, etc.)... ¿Es todo esto cierto?

Imaginemos que la realidad fuese plural, es decir, que en ella hubiese MUCHAS COSAS diferentes una de otras. ¿Qué separaría entonces una cosa de otra? Otra cosa, claro. ¿Y esta otra cosa de las anteriores? Otra. Y así hasta el infinito. Luego lo que separaría una cosa de otra sería algo infinito: un límite ilimitado. ¡Qué contradicción! ¿O no?

¿No pasa esto mismo con los números? (Los números, por cierto, son el “nombre” de las cosas en cuanto a su pluralidad o cantidad). Se supone que el 3, por ejemplo, se separa del 1 gracias a que el 2 está por en medio. Pero a su vez, el 3 se separa del 2 gracias al 2.5, y se separa del 2.5 gracias al 2.75... Y así hasta el infinito. El límite entre los números es ilimitado. Los propios números son finitos (el dos “está” entre el 1 y el 3) e infinitos (entre el 1 y el 3 hay infinitos números)...

Además, si las cosas fueran muchas habrían de ser todas diferentes unas de otras. Pero entonces, ¿cómo iban a tener nada en común? (Por ejemplo: ser todas ellas “cosas”, o ser todas ellas “diferentes”...). Si tuvieran algo en común tendríamos que imaginar “algo” que estuviera en todas ellas, pero ¿qué podría ser esta extraña “cosa” que puede estar en tantos sitios a la vez? ¿Podría ser algo material o físico?...

¿Cuántas cosas hay: muchas, una sola, o ninguna? ¿Qué crees tú?

Entradas por categorias

acontecimiento (1) acoso escolar (2) alienación (6) alma (7) amor (26) Antropología cultural (3) Antropología y psicología filosóficas (114) Año nuevo (6) apariencia (1) arte (60) artículos ciencia (9) artículos ecología (27) artículos educación (175) artículos educación filosofía (75) artículos educación religiosa (3) artículos estética (42) artículos Extremadura (8) artículos libertad expresión (17) artículos nacionalismo (9) artículos parasofías (3) artículos política (256) artículos prensa (70) artículos sexismo (24) artículos sociedad (48) artículos temas filosóficos (28) artículos temas morales (148) artículos toros (3) Ateneo Cáceres (21) belleza (4) bioética (13) Blumenberg Hans (1) bulos (3) Byung-Chul Han (1) cambio (1) carnaval (7) carpe diem (1) ciencia y religión (12) cientifismo (6) cine (2) ciudadanía (14) colonialismo (1) conciencia (7) conferencias (4) Congresos (2) constructivismo social (1) consumo (3) Conversaciones con el daimon: tertulias parafilosóficas (2) Correo Extremadura (49) Cortazar Julio (1) cosmopolitismo (1) creativamente humano. (1) Crónica de Badajoz (1) Cuentos filosóficos (21) curso 2017-2018 (1) Curso filosofia 2009-10 (1) Curso filosofia 2010-11 (47) Curso filosofía 2011-2012 (73) Dar el cante (5) Debates en la radio (3) decrecimiento (3) Defensa de la Filosofía (46) deporte (7) derechos humanos (1) Descartes (1) desinformación (4) Día mundial de la filosofía (3) diálogo (8) Diálogos en la Caverna (19) Didáctica de la Filosofía (8) dilemas morales (17) Diógenes (1) Dios (4) dispersión (1) drogas (4) dualismo inmanentista (4) dualismo trascendentalista (1) ecología y derechos de los animales (39) economía (25) Educación (289) El País (5) El Periódico Extremadura (390) El Salto Extremadura (1) eldiario (32) emergentismo (2) emotivismo ético (2) empirismo (2) enigmas lógicos (4) entrevistas (7) envejecimiento (2) Epicuro (1) Epistemología (15) escepticismo (1) escritura (1) Escuela de Salamanca (1) espacio (1) España (1) Estética (103) Etica (12) Ética (231) eurocentrismo (2) Europa (3) evaluación (1) Eventos (1) existencialismo (3) falacias (5) familia (2) fe y razón (8) felicidad (9) feminismo (34) fiesta (4) Filosofía (32) Filosofía de la historia (6) filosofía de la religión (17) Filosofía del derecho (5) Filosofía del lenguaje (11) filosofía fuera del aula (1) Filosofía para cavernícolas en la radio (15) Filosofía para cavernicolas. Radio. (1) Filosofía para niños (5) Filosofía política (361) Filosofía social (63) filosofía y ciencia (21) filosofía y patrimonio (1) filósofos (1) flamenco (9) Gastronomía (1) género (21) Habermas (1) Hermeneútica (1) Hipatia de Alejandría (1) Historia de la filosofía (4) Historietas de la filosofía (2) horror (4) Hoy (2) Humano (1) Humano creativamente humano (4) Humor (9) IA (1) idealismo subjetivo (2) ideas (3) identidad (6) ilustración (1) Imagen y concepto (8) inmigrantes (14) inmortalidad (1) intelectualismo moral (5) inteligencia artificial (11) Introducción a la filosofía (30) Juan Antonio Negrete (5) juego (3) justicia (7) Kant (4) laicismo (1) legalismo (1) libertad (7) libertad de expresión (23) libros propios (3) literatura (2) Lógica (10) Los Simpsons (2) Marx y marxismo (3) matemáticas (4) materia y forma (5) materialismo (14) Medios de comunicación (617) meditación (1) memoria histórica (3) mente (8) metáfora (1) miedo (7) mito de la caverna (2) Mitos (12) modernidad (9) monismo inmanentista (10) monismo trascendentalista (2) monstruo (2) movimiento (1) muerte (5) multiculturalismo (3) música (5) nacionalismo (22) natalidad (1) naturalismo ético (5) navidad (12) Nietzsche (3) nihilismo (2) nominalismo (1) ocio (1) olimpiadas (2) Ontología (52) orden (1) Oriente y Occidente (1) Paideia (3) pansiquismo (3) Paradoxa (2) Paradoxa. (1) parasofía (2) Parménides (2) PDFEX (11) pensamiento catedral (1) pensamiento crítico (10) Pensar Juntos (1) platonismo (18) podcasts (1) positivismo (1) postmodernidad (2) posverdad (1) pragmatismo (3) Presocráticos (2) problema mente cerebro (6) progreso (1) prostitución (5) psicopolítica (20) publicidad (2) público-privado (2) racionalismo ético (3) radio (5) rap (2) Red Española de Filosofía (1) relativismo (4) religión (31) respeto (1) Reuniones en el cavernocafé (28) Revista Ex+ (2) romanticismo (1) ruido (2) salud mental (1) Schopenhauer (1) Semana santa (4) sentido de la vida (7) sexismo (20) sexo (4) Sócrates (3) sofistas (2) soledad (2) solipsismo (1) Taller estética (6) Talleres filosofía (5) teatro (9) tecnología (18) Teología (7) terrorismo (6) tiempo (3) tolerancia (1) Trascendentalismo (6) turismo (3) utilitarismo ético (1) Vacío existencial (1) viajes (2) violencia (23)

Archivo del blog

Cuevas con pasadizo directo

Cavernícolas

Seguir en Facebook