sábado, 24 de septiembre de 2016

Psicopolítica

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura

La psicología es una ciencia interesante, pero a la par peligrosa, sobre todo en algunos de sus sucedáneos más populares. Sea como sea, nunca desanimo a los muchachos que quieren dedicarse a ella. Trabajo no les va a faltar. Creo de veras que en un futuro no muy lejano la educación, la sanidad o la gran empresa estarán tomadas por los psicólogos. No en vano, y como afirma el filósofo surcoreano Byung-Chul Han vivimos en la época de la “psicopolítica”. La psicopolítica – por si alguien no lo sabe – es una forma de hacer que la gente trabaje, consuma y obedezca, con sumo gusto y hasta el límite de sus fuerzas, por su propia voluntad. ¿Qué cómo se logra esto? Pues, como suele decirse,“con mucha psicología”. Uno de los objetivos más logrados del “psicopoder” (la forma de poder correspondiente al capitalismo neoliberal, según Han) es hacer creer al individuo que su vida entera depende de sí mismo, de su motivación, de su ardor competitivo y de una implicación absoluta (intelectual, emotiva, social...) en el trabajo. Es el modelo del individuo “empresario de sí”, optimizado y liberado – gracias al “pensamiento positivo” – de toda duda capaz de “bloquear” su frenética actividad productora o consumidora, y “auto-explotado” hasta la extenuación sin otra “lucha de clases” que la más interna por no estar a la altura, por no darse del todo, por no tener la suficiente fe en sí mismo, etc. Este sujeto convencido de que su completo sometimiento físico y mental a la dinámica del mercado es, a la vez, la más alta expresión de su realización como ser libre, es la obra maestra del capitalismo. Pero para que funcione bien hacen falta legiones de psicólogos, de líderes en management personal, de expertos en coaching, y de todo tipo de gurús y asesores en técnicas de autogestión, mindfullness, inteligencia emocional, desarrollo transpersonal y lo que haga falta para ayudar a la gente a creérselo...

Pero lo que más preocupa es que toda esta marabunta de parapsicólogos, psicosofistas y nuevos mentores espirituales está llegando, poco a poco, a la educación formal. A menudo con la complacencia inocente de algunos ingenuos que confunden esta nueva psicotecnología del poder con una suerte de renovación educativa de corte humanista. Esto es falso. No hay en todas esas técnicas ninguna genuina formación en valores, ni verdadera educación emocional, ni libre desarrollo de la creatividad, ni apenas otra cosa que adiestramiento soft en los valores más afines al liberalismo, una alentada confusión entre libertad y emocionalidad (no hay nada más rentable que un individuo abandonado a las emociones), y una alergia rayana en la obsesión a todo lo que sea “negatividad” (esto es: duda y pensamiento crítico). Mucho de todo esto está ya vigente, por cierto, en la nueva ley educativa (LOMCE), de corte, justamente, neoliberal. En las nuevas materias de ética y filosofía en educación secundaria, por ejemplo, los alumnos han de estudiar libros de auto-ayuda como el best seller de Daniel Goleman, Inteligencia Emocional, o aprender filosofía para la empresa, disciplina por la que, según el programa, el estudiante deberá encauzar sus inquietudes filosóficas hacia la tarea de proyectar negocios, o de saber interpretar los inevitables cambios profesionales (léase: despidos ágiles, traslados forzosos, empleos precarios...) como oportunidades para desarrollar su creatividad u obtener valiosas e imprevistas experiencias vitales...

Así que, lo dicho, si les preocupa el futuro de sus hijos invítenlos a estudiar psicología. En unos años, el horario de las escuelas podría ser este: a primera hora “bioneuroemoción y liderazgo”, luego “mindfullness o inteligencia emocional”, después “técnicas de lenguaje no gestual para emprendedores”... Y durante el recreo dinámicas de grupo para generar empatía. No vaya a ser que el que le pegó el balonazo al chaval sea, el día de mañana, un gran traficante de influencias. Les juro que esta última frase la oí, literalmente, en un programa de la televisión pública dedicado a jóvenes emprendedores. Así están las cosas. A no ser, claro, que el problema sea yo, que estoy instalado en la negatividad y, seguramente, necesite terapia.




jueves, 15 de septiembre de 2016

La porra.

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Correo Extremadura



Tan complicada está la cosa pública que la enésima porra que compartí, el mes pasado, con dos buenos amigos (excelentes politólogos los dos), tenía no dos, ni tres, sino ¡doce casillas! ¡Doce incógnitas apremiantes a las que responder! ¡Y porque no cabían más en la servilleta del bar! Como sus predicciones eran mucho más expertas y sensatas que las mías, y no necesitan, por tanto, mucha explicación, paso a justificar las propias, mucho más alocadas y especulativas – ¡ni análisis detallados de encuestas, ni rumores, ni información privilegiada, ni nada! – . Ya veo torcer el gesto a mis dos escrupulosos amigos ...

En lo primero en que disentía de ellos es en que habrá terceras elecciones. Según lo veo yo, no hay para Sánchez y su ejecutiva más salida viable que esa. Unas nuevas elecciones desfondarían probablemente a Podemos y a Ciudadanos, y podrían no ser tan favorables al PP como se pinta en algunas encuestas (¡encuestas, ja!). Una vez en retirada la coalición Podemos-IU, y Ciudadanos asimilado al PP, se volvería a un escenario bipartidista que podría ser favorable al PSOE. En primer lugar por el, aunque lento, inevitable desgaste de Rajoy: van a ser ya muchos meses de gobierno en funciones, muchas investiduras fallidas (suyas o de otros – pero de las que él propio Rajoy aparece como corresponsable – ), y una última traca de escándalos, desde el más reciente del ex-ministro Soria hasta los de los procesos judiciales del próximo otoño. En segundo lugar, la desaparición del “peligro” de un gobierno de coalición con Podemos, tal como el que se preveía en las últimas elecciones, podría desactivar a una parte del electorado que ha votado al PP (algunos con la nariz tapada) por miedo a la “izquierda radical”. En tercer lugar, la bajada en las encuestas (¡ese arma electoral que son las encuestas!) de Podemos y Ciudadanos podría concentrar el voto de izquierdas y el voto, en general, contra Rajoy, en el PSOE de Sánchez, por aquello de ser útil. Así, mientras llegan esas elecciones y el gobierno en funciones se desgasta, Ciudadanos agoniza, y Podemos muestra unos meses más su irrelevancia política (cuando no sus luchas intestinas), Pedro Sánchez podría seguir exhibiéndose como el más firme opositor al PP (su próximo contendiente directo) y, a la vez, como un adalid de un imaginario gobierno alternativo con Podemos (y, más lejanamente, Ciudadanos). Tal gobierno alternativo es, como se sabe, imposible, pero el hecho de invocarlo da al candidato del PSOE la impronta de un líder capaz de suscitar consenso (la culpa sería de los otros, incapaces de ponerse de acuerdo) y el perfil de izquierdas necesario para recoger los votos que pierda Podemos.

Mi segunda predicción, en esta misma línea, es que Pedro Sánchez podría ser el próximo presidente del gobierno. Y esto por los motivos que acabo de exponer: vuelta al bipartidismo, concentración del voto de centro y del voto útil de izquierdas en el PSOE, y retracción del voto del PP por la desaparición de la amenaza de Podemos. Aunque no sería del todo descartable, en caso de terceras elecciones, un golpe de mano del PSOE contra Sánchez, esto no parece una opción muy inteligente (salvo descalabro total en las encuestas): a ningún partido le interesa desatar una batalla interna en periodo electoral. Es más: mantendría esta predicción a favor de Sánchez incluso en el caso de un desastre electoral del PSOE en Galicia y el País Vasco. Los resultados en estas comunidades, políticamente tan sui géneris, no son fácilmente extrapolables al conjunto del país. Sánchez, además, se está mostrando como un alumno aventajado de Rajoy en dos de las cualidades más destacables del presidente: la perseverancia, y una insaciable – y un tanto maquiavélica – sed de poder.

¿Y qué va a pasar con Podemos? De mis dos amigos, la una apostaba por guardarle un lugar en un inmediato gobierno de coalición presidido por Sánchez, y el otro afirmaba que compartiría la oposición con el PSOE. Mi predicción coincide en parte con la primera. Podemos estará en un gobierno del PSOE, si bien tras unas terceras elecciones, y con muchos menos escaños y poder que antes, por lo que su participación en el gobierno, junto a IU, sería mínima – aunque necesaria para desbancar al PP –. Lo cierto es que en estos meses, y aún más si ha de afrontar otro esfuerzo electoral, Podemos va a perder mucho fuelle, y a mostrar muchas de sus debilidades. El debate interno, que ya se está produciendo, sobre la entidad política e ideológica del partido (en una suerte de limbo entre socialdemocracia y populismo radical, por no hablar de la compleja relación con los nacionalismos o con IU), junto a las tensiones en las bases, tanto políticas como organizativas, y un liderazgo, el de Pablo Iglesias, notablemente desgastado, son, todos ellos, factores que invitan a la desconfianza sobre el resultado de Podemos en unas nuevos comicios.

En la cuestión catalana es donde menos claro lo tengo. Mi amiga decía que habría, finalmente, un referendum consultivo, aunque con resultados no concluyentes, y mi amigo apostaba por otorgar a Cataluña un “pseudo concierto” económico disimulado para contentar a los nacionalistas. Yo me quedaría con esta segunda opción, aunque no descarto (también) la promesa de una reforma constitucional de corte federalista más a medio plazo, si, como vaticino, ganan los socialistas en las próximas y terceras elecciones (por ganar quiero decir formar gobierno, claro). En cualquier caso, la cuestión catalana podría torcer todas las predicciones hechas hasta aquí. Algunos miembros de la CUP han manifestado estos días su voluntad de provocar un enfrentamiento aún mayor con el Estado, algo que siempre beneficia a la derecha y que podría entronizar definitivamente a Rajoy en el poder.

Así que, si por hache o por be, o por EH Bildu, o por la CUP (o por cualquier otra cosa), se demuestra que me he equivocado en todo, pueden decir ustedes, junto a mis dos amigos, que no me conocen de nada. Estos últimos me negarán, además, después de trasegar una cena a mi costa, los muy listos.





domingo, 11 de septiembre de 2016

La educación como rehén.


Este artículo fue publicado originalmente por el autor en el diario.es Extremadura y en El Periódico Extremadura

Comienza el curso escolar y todo sigue igual, lo que equivale a decir que esta peor. El sistema educativo sigue retenido contra su voluntad por el gobierno (ahora en funciones), lo que supone tres años ya de congoja e incertidumbre para cientos de miles de niños, docentes y familias. Durante este tiempo los rehenes hemos tenido que implantar, a regañadientes y a toda velocidad (anteponiendo los ritmos políticos a los de la pedagogía y el buen sentido), la LOMCE, una ley retrógrada y macarrónica en sus contenidos (elaborados igualmente a toda prisa), reaccionaria en sus aspectos pedagógicos, torpe en su intención uniformadora (tan torpe que ha generado la mayor diversidad conocida de planes educativos autonómicos), segregadora y clasista (al niño que “no vale” se le expulsa sin contemplaciones al itinerario laboral – ¡así acaba cualquiera con el fracaso escolar!–), y resueltamente favorable a la escuela concertada y privada. El objetivo de la LOMCE es un sistema público barato, masificado y disciplinador de las clases bajas, de manera que el que quiera educación de calidad, apta para tener amigos, dar pelotazos y abrir cuentas en suiza (en esto parece que consiste triunfar en este país), tendrá que pagarse un colegio privado, sea el del Pilar – el Eton College del pijerío nacional – o cualquier otro que, a imitación suya, les saque los cuartos a la clase media con pretensiones. La educación es todo un negocio aún por explotar. Por eso la raptaron.

Lo único bueno de la LOMCE es que a todo el mundo (menos al PP) le parece mala y tendenciosa. Incluso el propio gobierno sabe que es una ley sin futuro, lo que no impide – esto es lo grande – que siga torturándonos y amenazándonos con ella. Tras el destierro dorado de los jefes más intransigentes de la banda (Wert y Gomendio), el nuevo ministro Méndez de Vigo ha mostrado mayor voluntad negociadora, lo cual no ha servido para evitar la publicación, hace muy poco, del decreto sobre la reválida, uno de los aspectos más unánimemente rechazados de la LOMCE. A Dios rogando y con el mazo dando. Unos días después el PP acordaba con Ciudadanos la paralización de la Ley (lo que, entre otras cosas, impediría desarrollar el decreto citado) y un plazo de seis meses para acordar un pacto por la educación. Parece que los secuestradores, cuyo propósito inicial era reeducar a los españoles, se conforman ahora con una investidura. “Si queréis que libere a los rehenes de la LOMCE – parecen decir – tenéis que darnos el gobierno del país”. Este es el trato. O eso parecía, porque tras el fracaso de la investidura todo vuelve a estar como estaba. La LOMCE, pese a estar muerta, sigue generando caos e incertidumbre, y el PP sigue jugando con esta baza (como un pistolero girando su revolver con el dedo en el gatillo) para negociar su llegada al gobierno.

Mientras tanto, el curso ha comenzado y ni docentes, ni alumnos, ni padres sabemos que va a pasar (o no pasar, que diría, con entrañable retranca nuestro presidente). Además de acabar de implantar una ley en la que nadie cree, y que se tendrá que derogar o reformar en poco tiempo (con todo el coste correspondiente), tendremos que preparar a nuestros alumnos para unas pruebas de las que no sabemos prácticamente nada y que es mentira que no tengan efectos académicos. Para los estudiantes de 2º de bachillerato la revalida de 2017 determinará (como hacía la extinta selectividad) el acceso a la carrera y universidad de su gusto, y supondrá (una vez superada) un 40% de la nota media que figurará en sus expedientes. Para más inri, los sufridos bachilleres tendrán que examinarse de materias que dieron el curso pasado, cuando sus profesores sabían aún menos sobre las dichosas pruebas.

Ante esta situación disparatada y la inaudita parálisis política del país, el gobierno extremeño ha de intervenir con urgencia y contundencia para proteger a sus ciudadanos. Tras el decreto de secundaria de julio pasado (gracias al cual se paliaron algunas de las barrabasadas educativas de la LOMCE), ahora toca hacer lo imposible por condenar a la irrelevancia a estas revalidas con que el gobierno en funciones pretende seguir torturando y ninguneando a la comunidad educativa, y chantajeando, de paso, al país entero. Una tarea esta en la que, por demás, no debería haber la más mínima discordancia entre las fuerzas políticas a la izquierda del PP. Esperemos que así sea.


martes, 6 de septiembre de 2016

Don Quijote, la locura y la muerte.

¿Es la cordura muerte y la vida locura? Nuestro micro programa en el aniversario de la muerte de Cervantes. Sobre un guión de Juan Antonio Negrete Alcudia y la genial interpretación de Jonathan González Gómez y Eva Romero, la voz de Chus García Fernandez y la producción de Antonio Blazquez.


jueves, 1 de septiembre de 2016

¿Cómo es un cuerpo feminista?

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Correo Extremadura



El encuentro de voley playa de las pasadas olimpiadas entre jugadoras egipcias vestidas con una especie de burkini y alemanas con bikini ha dado mucho que hablar. Si bien para algunos representaba el contraste entre una sociedad cerrada que oprime a las mujeres (la islámica) y otra que les permite vestir como quieran (la nuestra), para otros la foto reflejaba dos formas distintas de opresión patriarcal sobre la mujer. Según estos, si la jugadora egipcia era obligada a ocultar su cuerpo para no perturbar sexualmente a los hombres, la jugadora alemana era forzada (bien que sutilmente, mediante reglas deportivas aparentemente inocuas) a lo contrario: a exhibir su cuerpo para satisfacer a los espectadores varones. En ambos casos – añadían – el cuerpo de la mujer era concebido, de forma denigrante, como mero objeto sexual... No sé si este análisis es lo suficientemente certero (de entrada, no parece comparable el grado de opresión patriarcal que representan las jugadoras egipcias que el que se les supone a las alemanas). Pero pongamos que lo sea. ¿Qué nos tocaría hacer, entonces, para evitar esta doble opresión – tapar/exhibir – sobre el cuerpo de la mujer?

Es normal, por ejemplo, que muchas mujeres que sufren la imposición social y religiosa del burka y otras prendas por el estilo (cuya principal función es ocultar los rasgos sexuales del cuerpo) conciban la liberación como una “puesta en valor” de su atractivo físico en el “mercado” de las relaciones libres que se estilan en occidente. Estas mujeres se desprenderían así del burka y adoptarían con sumo gusto el bikini y el resto de prendas y prácticas que acentúan, según los estándares estéticos, su valor sexual.

Justo al revés, algunas mujeres occidentales que sienten como una imposición el bikini y otros aderezos para realzar su cuerpo (maquillaje, tacones, depilación...) según cánones comunes – es decir, patriarcales – tienden a expresar la liberación de esas ataduras neutralizando sus rasgos sexuales. Así, visten con ropas holgadas, prescinden de cierta lencería, llevan el cabello de forma poco llamativa, etc. Diríamos que hay una suerte de estética feminista en el modo de vestir y mostrar el cuerpo cuya finalidad parece aproximarse, así (aunque por causas muy distintas) a la de prendas como el burkini. Alguien escribía hace poco que si el burka tenía alguna ventaja era precisamente la de librar a las mujeres de las exigencias estéticas que nuestra sociedad les impone...

Pues bien, entre estas dos formas de entender la liberación de la opresión patriarcal sobre el cuerpo, la primera (la de las musulmanas que desearían pasar del burkini al bikini) me parece errada, mientras que la otra (la de las feministas occidentales que pasan del bikini a una cierta “estética burkini”) me parece más consistente. Las primeras pasarían de la consideración de objeto sexual para uso privado de sus maridos (para eso se les tapa en público) a la de objeto sexual de exhibición pública. Las feministas occidentales, en cambio, acertarían al intentar librar a sus cuerpos de la consideración de fetiche sexual. Aunque claro, si lo que queremos no es, lisa y llanamente, negar el cuerpo y la sexualidad, esto exige una nueva estética de lo corpóreo (en este caso, del cuerpo femenino).

Esta nueva estética no podría tomar el camino de lo natural. El cuerpo de la mujer ha sido diseñado por la evolución no solo para atraer, sino también para retener sexualmente al varón, de manera que este coopere en la larga y costosa crianza de la prole; de ahí el celo continuo, la permanente hinchazón de los senos, el grosor de los labios, y otros rasgos sin otro fin que el de hacer del cuerpo de la mujer un objeto de permanente estimulación sexual. Descartada así toda “estética natural” (no valdría simplemente con quitarse la ropa), o el recurso a la ingeniería genética (de momento, prohibido), solo queda inventar una nueva cultura estética del cuerpo y sus aderezos que se aleje de los patrones patriarcales (tan ligados, por demás, a lo natural), y que sea, por tanto, y si cabe decirlo así, más “espiritual”, pero que, de otro lado, no oculte la dimensión inevitable – y deseablemente – sensual de lo corpóreo (algo que no sea, en ningún caso, una suerte de burka feminista). ¿Lo conseguiran? No parece una tarea fácil. Aunque sí excitante.