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martes, 14 de junio de 2011

Adiós al curso 2010-2011!!





Bueno, aquí estáis casi todos los que me habéis soportado durante todo este curso, los alumnos de 1B y 1G de bachillerato (y los de 1C/D Y 1A del bachillerato nocturno, que por falta de luz no han salido en la foto, pero están también aquí, en lo que no se ve, que es lo que importa).

Gracias por vuestra paciencia, vuestros ojos abiertos (a veces), vuestras preguntas clamando al cielo, vuestras risas, críticas, objeciones... Y, naturalmente, vuestro trabajo durante todo el año. Espero que el curso os haya sido provechoso en algo y que hayáis comprobado en vuestras propias almas si darle vueltas a la cabeza nos hace(o no)verdaderamente más felices, o cuando menos, más humanos.

Por cierto, esta entrada ha de servir también para que, a través de vuestros comentarios, expreséis lo que queráis acerca de lo que ha sido este curso. También, por cierto, para que los cavernicolas matriculados que tienen una cita obligada conmigo en septiembre comenten todas las dudas que les vayan surgiendo durante las horas de estudio, a ellos especialmente les atenderé (en cuanto pueda). ¡Ánimo para ellos!

!!!!Un abrazo y feliz verano a todos!!!!

jueves, 9 de junio de 2011

Nadie hace el mal intencionadamente (el intelectualismo moral)




Una de las teorías éticas más interesante (y minoritaria) es el intelectualismo moral (asociado tradicionalmente a filósofos antiguos como Sócrates y Platón). Su tesis principal es que para ser bueno lo único que hace falta es ser sabio. Esta idea implica supuestos y acarrea consecuencias escandalosas para la mentalidad actual (y, sin embargo, a mi me parece exquisitamente lógica). Veamos esos supuestos y consecuencias.

1. LA MORAL ES UNA CIENCIA, Y ES CUESTIÓN DE EXPERTOS. Lo bueno es lo que nos dice la razón (no el instinto, ni la emoción, ni la simple voluntad). Hay, pues, ciencia racional de lo bueno y lo malo. La ética (y la política) es cuestión de expertos (igual que la matemática o la medicina): NO TODO EL MUNDO DEBE OPINAR O DECIDIR (ni siquiera con respecto a su propia vida), NI TAMPOCO VOTAR. Tal como las verdades matemáticas o científicas, las verdades morales son universales (válidas para todos), como que “dos más dos son cuatro”.

2. LA DISCIPLINA Y EL ESFUERZO SON INNECESARIOS Y PERJUDICIALES. Si la razón nos dice que X es bueno, querremos hacer X y lo haremos sin esfuerzo (o sin darnos cuenta de que nos esforzamos), como cuando nos divertimos con algo. Si, por ejemplo, la razón nos dice que estudiar idiomas o dejar de fumar son nuestra mejor opción, lo haremos sin mayor esfuerzo. Si hace falta disciplina o “fuerza de voluntad” esto es señal inequívoca de que no tenemos claro que lo que hacemos sea realmente bueno para nosotros.

3. NADIE HACE EL MAL INTENCIONADAMENTE. LOS “MALOS” NO SON MALOS, SINO IGNORANTES. Todo el mundo (incluso el que roba o mata) cree que lo que hace es lo mejor que puede hacer. Nadie hace el mal a sabiendas o con voluntad de hacerlo. Nadie es, pues, culpable de nada (todos creen hacer un bien, no un mal). Otra cosa es que se sea ignorante y se esté equivocado, y que lo que se cree un bien sea realmente un mal. Pero entonces no se trataría de ser "malo" sino sólo de ser ignorante. De otro lado, si el malo es simplemente ignorante, lo que hace falta es EDUCARLE, no CASTIGARLE o vengarse de él. NO HACEN FALTA POLICIAS NI CÁRCELES, SINO PROFESORES Y CENTROS EDUCATIVOS. El ser humano es totalmente racional, no un animal irracional al que haya "educar" con premios y castigos (en lugar de con razones).

4. SÓLO EL SABIO ES DE VERDAD FELIZ. La felicidad no es cosa de tontos o inconscientes, como se cree a veces. Sólo el que ejercita su razón buscando el conocimiento (es decir: se dedica a la filosofía) se realiza plenamente como ser humano; esa plenitud se siente como felicidad.

5. ES MEJOR SUFRIR UN MAL A COMETERLO. Si por ejemplo consideramos que matar es malo, es mejor que te maten a que tengas tú que matar. Si abandonar a un ser querido es malo, es mejor que te abandonen a que seas tú el que abandones a alguien. Si insultar es malo...etc. La razón es que si te matan, abandonan, insultan, etc., SOLO sufre tu cuerpo, SOLO te sientes mal (sufres emotivamente). Pero si eres tú el que matas, abandonas, insultas, etc., tu acción implica a TODA TU ALMA, sobre todo a tu voluntad y tu razón, que son la parte más importante de tí.

domingo, 29 de mayo de 2011

Otro dilema moral: ¿quién debe morir?


El pequeño y viejo avión en que volvíamos de una excursión turística ha sufrido una seria avería en los motores. El aeropuerto más próximo está aún a una hora de vuelo. No hay paracaídas. El piloto informa que la única posibilidad de supervivencia es perder peso. Ya nos hemos desecho de todos los objetos y de todas las partes no vitales del avión. Pero no es suficiente: el piloto nos advierte de algo dramático: o algunas personas se van tirando del avión, o nos estrellamos todos. Tenemos que decidir entre estas tres opciones:

(1) Nadie se tira. Es preferible que el avión se estrelle. El piloto, que sabe de lo que habla, informa de que en ese caso hay un 99% de posibilidades de que muramos todos.
(2) Se van tirando personas al azar, según un sorteo.
(3) Se confecciona una lista de personas que deben ser salvadas. Las que queden al final de la lista son las que deberán irse sacrificando (el piloto espera que no sean más de tres las que haya que tirar)

I. ¿POR CUAL DE LAS TRES OPCIONES OPTARÍAS TÚ? ¿POR QUÉ?

II. IMAGINA QUE SE OPTA POR (3). COMO LOS PASAJEROS SON INCAPACES DE PONERSE DE ACUERDO, HAN DECIDIDO QUE SEA EL PILOTO EL QUE HAGA LA LISTA. TÚ ERES ESE PILOTO. CONFECCIONA UNA LISTA CON TODOS, PONIENDO EN PRIMER LUGAR A LOS QUE DEBEN SER SALVADOS. ¡Y RECUERDA QUE TENDRÁS QUE DAR EXPLICACIONES DE LO QUE HAS HECHO!

Esta son los pasajeros, con lo que se sabe de ellos. Es un viaje de antiguos alumnos, por lo que todos tienen la misma edad; el resto de la información es rigurosamente cierta.



A: Un famoso actor y director de cine. Sus películas entusiasman al público de todo el mundo.
B: Un campesino. Está de luna de miel junto a C.
C: Una joven recién casada con B, ama de casa.
D: Una joven embarazada, soltera, administrativa.
E: Un científico. Sus investigaciones sobre el cáncer son muy prometedoras.
F: Un brillante abogado. Es muy apreciado por sus clientes.
G: Una gran prostituta de lujo. Es muy apreciada por sus clientes.
H: Un conocido profesor de filosofía. Es muy apreciado por sus alumnos.
I: Un misionero. Lleva años ayudando a la gente más necesitada.



jueves, 26 de mayo de 2011

Dilemas utilitaristas.



Uno de los problemas del emotivismo más tosco es (como veíamos en la entrada anterior) que si lo bueno es lo que "nos hace felices", ¿qué ocurre si a alguien le hace feliz estrangular a sus semejantes?... Una posible respuesta a este problema consiste en afirmar: "el estrangulador sería feliz pero al coste de generar una infelicidad mayor en los demás (en el estrangulado, su familia, sus vecinos...)", y que lo realmente "bueno" no es la felicidad sin más, sino "la mayor felicidad para el mayor número posible de seres". Esta teoría ética se conoce como "utilitarismo", y afirma que debemos decidir nuestras acciones en función de sus probables consecuencias en vistas al fin de una felicidad lo más general posible.

El utilitarismo supone muchos problemas, por ejemplo: ¿cómo establecemos lo que hace feliz a la mayoría, siendo tan subjetivo esto de la felicidad? O, sobre todo: ¿por qué nos ha de importar la felicidad de los demás? ¿por qué habríamos de renunciar a nuestros placeres individuales en nombre de esa felicidad? ... Pero atendamos ahora a estos típicos dilemas utilitaristas. En todos ellos se muestra lo difícil que sería aplicar esta teoría a determinados casos prácticos.

1. Tengo una gran fortuna. Puedo donarla en su mayor parte a mis hijos (que viven bastante bien sin ella) o a una institución que la distribuya entre gente más pobre que mis hijos. ¿Qué debería hacer si fuera utilitarista? ¿Qué harías tú y por qué?

2. Dos pacientes de la misma edad están a punto de morir, necesitan un trasplante, pero sólo hay un órgano disponible. Uno es un científico muy prestigioso que está a punto de descubrir un remedio contra el cáncer, el otro es un hombre anónimo que no se dedica a nada en especial (por lo demás son lo más iguales posibles: la misma edad, una familia similar...). Soy un médico utilitarista, ¿a quién debería salvar? ¿A quién salvarías tú y por qué?

3. Otro de médicos. La vida de un tirano extranjero está en mis manos (soy su médico). Sé de buena tinta que, en cuanto lo cure, va a volver a su país con la intención expresa de masacrar a parte de la población (supuestos rebeldes). ¿Debería hacer todo lo posible por salvar su vida, o más bien todo lo posible para no salvarla (sin que se note mucho)? ¿Qué debería hacer un médico utilitarista? ¿Y tú? ¿Por qué?

4. Dado que los animales también parecen capaces de sentir placer y dolor, y que ir a los toros supone placer para el espectador pero dolor para el animal, ¿qué deberíamos hacer con la fiesta nacional? ¿Qué haría un utilitarista? ¿Y tú?


5. Dado lo anterior, ¿te parece que deberíamos ser todo lo vegetarianos posible? ¿Crees, en general, que los animales pueden tener derechos (por ejemplo, el derecho a no sufrir dolor innecesariamente)?

6. Otro caso médico. Un ser querido tuyo se muere de una extraña enfermedad, cuyo tratamiento cuesta mucho dinero. Pides ayuda al Estado, y el consejero de Salud te responde: sólo tenemos 500.000 euros: lo podemos gastar en un hospital infantil en el tercer mundo donde salvaría la vida a mil niños al año, o en pagar el tratamiento de esta persona. Tú decides. ¿Qué decides? ¿Por qué? ¿Qué decidiría un utilitarista?

7. ¿Estaría justificado que un gobernante mintiera a sus gobernados (por ejemplo acerca de la existencia de un problema con respecto al cual la población no podría hacer nada) para no preocupar a la gente? ¿Qué haría un utilitarista? ¿Y tú? ¿Por qué?

8. ¿Se debería torturar todo lo cruelmente que fuera necesario a un terrorista para que confesara dónde está la bomba que ha colocado en algún lugar repleto de gente? ¿Qué haría un utilitarista? ¿Y tú? ¿Por qué?

¿Dónde el corazón te lleve? (¿A dónde nos lleva el emotivismo ético?)

Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve" (Fragmento extraído de:" Donde el corazón te lleve " de Susanna Tamaro).


Si hubiera un festival de eurovisión (o un premio Príncipe de Asturias) de la ética, las teorías que se llevarían el gato al agua serían las EMOTIVISTAS. ¡Qué le vamos a hacer, vivimos una época romántica!...

¿Qué es una ética emotivista (tal como el hedonismo, o el utilitarismo)? Simplificándolo al máximo: una teoría que estipula la vivencia de ciertos estados emotivos (felicidad, placer, gusto...) como justificación de los juicios morales. Por ejemplo. ¿Por que es bueno hacer X? Porque X me hace feliz, o hace felices a la mayoría. ¿Por qué es bueno respetar a los demás (siempre que no amenacen mi felicidad o la felicidad de la mayoría)? Porque nos hace felices, dado que la mayoría (todos salvo los psicópatas y otros enfermos) tenemos una cierta empatía (un sentimiento favorable) hacia los semejantes. ¿Qué es entonces un juicio moral? No más que la expresión de un estado anímico: “X es bueno” equivale a “Me agrada, me hace feliz que ocurra X” (o “Nos agrada, nos hace felices –a la mayoría— que ocurra X”). La moral se convierte entonces en algo profundamente subjetivo: expresa los estados anímicos del sujeto o sujetos implicados en una decisión o acción. Se convierte en algo similar al gusto estético: decir “X es bello o artístico” no quiere decir nada más que “a mi me gusta X” (o “a la mayoría le gusta X” --por eso está X en el museo--).

En suma: el emotivista pone románticamente el corazón por encima de la cabeza, la emoción por encima de la razón. “Dónde el corazón te lleve”, este podría ser el lema de la ética emotivista (además del título de una novela de éxito --o de casi todas las novelas y películas más populares en la actualidad juntas--). Esto convierte a la moral en algo profundamente subjetivo y relativo (lo bueno, como las emociones o los gustos, es “según cada uno” o “según cada cultura o mayoría”). Y naturalmente, en algo irracional (ya nos lo dice el corazón: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”).

Como sé que hay muchos emotivistas y románticos por ahí, que piensan que lo más importante en el mundo es la felicidad, les pregunto especialmente a ellos:

1.¿Qué pasa si a algún “anormal” le hace feliz matar y comerse a sus semejantes, o mantener relaciones sexuales con niños? ¿Podría decir un emotivista que esta acción es inmoral? ¿Basándose en qué?

2.¿Por qué va a ser bueno lo que nos hace felices y malo lo que nos provoca infelicidad o dolor?... ¿Será por que todo el mundo busca la felicidad? (¿Y si todo el mundo buscara como esclavizar mejor a los demás, esto también sería bueno?) ¿Será por que todo el mundo lo siente así? (Pero ¿como sabemos lo que sienten los demás? ¿Podría un sentimiento justificar la primacía de los sentimientos, o sería esto circular?) ¿Será por que es lógico y racional? (¿Y qué razones podríamos dar para justificar que lo bueno es la felicidad?)...

3.Si lo bueno es lo que nos hace felices, ¿somos libres para escoger lo que nos hace felices? ¿O más bien las emociones nos subyugan –nos pasan-- sin que podamos hacer gran cosa? Pero si no somos libres, ¿de qué vamos a ser responsables? (“Miren –diría el pederasta-- es que yo no puedo evitar que me haga feliz el sexo con niños”).

4.¿Os tomariais una droga que os mantuviera en un estado de felicidad o bienestar constante, pasara lo que pasara (una droga sin efectos nocivos para la salud)?

Lo bueno es...ser natural (el naturalismo ético).


Según algunos filósofos y científicos, LO MORAL en realidad NO EXISTE. Toda conducta supuestamente “moral” podría ser descrita como un tipo de conducta biológica compleja característica de ciertos animales (entre ellos el hombre), la mayoría de ellos sociales (el comportamiento social se entiende como un tipo de  comportamiento biológico).  Las conductas biológicas están fundamentalmente determinadas por los genes (los animales no son "libres" o autónomos), y las conductas sociales añaden la determinación cultural. Ambas (conducta biológica y conducta social) están aparentemente dirigidas por ciertos fines o intereses invariables (la supervivencia, la reproducción...del individuo, la especie, el grupo social). Lo que llamamos "moral" no sería distinto de esto, así que no hay, en realidad, nada que corresponda a lo "moral" (es decir: a una conducta libre o autónoma por la que el individuo escoge sus propios fines o intereses). A esta teoría negadora de lo moral se le puede llamar “NATURALISMO ÉTICO” (también “SOCIOBIOLOGISMO ÉTICO").

El naturalista ético afirma que “LO BUENO” ES LO QUE constatamos que, DE HECHO, DESEA LA GENTE (la ÉTICA no es diferente aquí de cualquier otra CIENCIA SOCIAL O NATURAL: describe hechos y generaliza a partir de ellos ciertas leyes). El naturalista percibe, además, que lo que desea la gente es, en el fondo, LO MISMO QUE DESEAN EL RESTO DE LOS ANIMALES: acumular recursos, dominar a otros (o cooperar, si es más productivo), reproducirse, etc. En suma: tener éxito en esta dura batalla que es la vida. Al fin y al cabo también somos animales, y lo “BUENO” no es sino LO QUE SATISFACE LOS INTERESES PROPIOS DE NUESTRA NATURALEZA ANIMAL. Las diferencias son solo de grado. Un león, por ejemplo, lucha para conquistar su territorio y el favor de las hembras; un ser humano lucha (por ejemplo) para hacerse un patrimonio (o un matrimonio) y hacérselo con quien quiera (o hacerse hijos del que prefiera). Es cierto que la conducta humana es, en general, mucho más complicada (hay seres húmanos que adoptan conductas aparentemente antibiológicas: el celibato, dar la vida por ideas o creencias, la pura reflexión independiente de los intereses vitales...), pero incluso así la biología (o sociobiología) dará con una explicación en términos naturales o "adaptativos" a cada una de estas posibles excepciones. La cultura humana no es más que una extraña prolongación de la naturaleza, el mismo perro con un collar más complicado.

Una de esas conductas complejas y extrañas es el ALTRUÍSMO, esto es: las conductas que emprendemos en beneficio de otros, sacrificando por ello incluso nuestros más vitales intereses (por ejemplo, el individuo que expone su vida para salvar la de otros). Ahora bien, el naturalista tiene una explicación biológica (o sociobiológica) para esto. Cuando la conducta “altruista” es en beneficio de seres genéticamente similares (como cuando una madre se sacrifica por sus hijos), no se diferencia de la que manifiestan otros muchos animales sociales (desde las hormigas a las gácelas, según algunos) en los que el sacrificio de algunos individuos facilita la supervivencia de la totalidad del grupo. Esto no es verdadero altruismo, dice el naturalista, sino una conducta biológica típica en la que se anteponen los intereses del grupo genético (la familia, la manada, el hormiguero) a los de cada individuo –de alguna manera, el individuo “sobrevive” en los seres, genéticamente similares, que se benefician de su “sacrificio”--. De otro lado, si la conducta “altruista” se da entre individuos no genéticamente emparentados (al menos de forma directa), siempre puede interpretarse como una conducta en beneficio del grupo social (como el soldado que muere por su patria o el heroico bombero que se sacrifica para salvar a los ciudadanos), en la que lo que se antepone son los intereses de la comunidad cultural (el equivalente humano al “hormiguero”) de la que depende la identidad de cada individuo –quizás de alguna manera el individuo “sobrevive” en las creencias, ideas, religión, etc., que ha contribuido a salvar con su sacrificio--. (De todos modos, estudios recientes sugieren que el altruísmo no genético también se da entre animales no humanos, incluso tan alejados de nosotros como los ratones o los reptiles, lo cual pone aún las cosas más fáciles al naturalismo ético: incluso el altruísmo más aparentemente desinteresado --podrían decir-- parece producto del instinto, y no de una decisión libre y moral).

¿Qué es entonces la “moral” para el naturalista ético? Pues nada diferente de ciertas reglas de conducta instituidas en ciertos grupos biológicamente complejos (como son las sociedades humanas). Estas reglas pueden ser beneficiosas para el grupo. Por ejemplo, una regla como "no es bueno asesinar a otros (salvo en defensa propia o en cumplimiento de la ley)" parece necesaria (según algunos) para asegurar la convivencia, dado que, sin ella, nos aniquilaríamos unos a otros (“el hombre es un lobo para el hombre”, decía Hobbes). Aunque otras pueden ser perjudiciales, porque (según otros) “repriman” o “corrompan” los deseos naturales de la gente. Por ejemplo: reglas como "es bueno ser competitivo" o "es bueno dañar a los enemigos" podrían reprimir o echar a perder el carácter naturalmente cooperativo y empático del hombre (“el hombre es bueno por naturaleza”, decía Rousseau).

¿Qué objeciones podemos poner al naturalismo ético? Pensad, por ejemplo, en estas:

  1. ¿Por qué va a ser “lo bueno” lo que persigue “naturalmente” la gente (la supervivencia, la reproducción...)? Que eso ocurra no implica que sea lo que debe ocurrir. A la confusión de “lo que es” con “lo que debe ser” se le llama en ética “falacia naturalista”. Claro que el naturalista siempre puede decir que dicha falacia presupone que lo moral (el "debe") tiene sentido, que es precisamente  lo que él niega (no hay “debe” que valga, porque no podemos hacer más que lo que la naturaleza quiere).

  2. Dado que lo “bueno” es lo que ocurre en la naturaleza ¿Por qué van a ser “buena” la supervivencia, la reproducción, etc.? En la naturaleza también ocurre la muerte, la extinción de las especies, etc. Tan natural parece la “tendencia” al orden (a la vida, a generar ecosistemas...) como la “tendencia” al desorden (la muerte, la extinción de especies, la destrucción de planetas...). Pareciera que aquí el naturalista redujera lo natural a lo moral (en lugar de lo moral a lo natural). Así, lo “bueno” según él no sería lo natural en sí, sino lo natural al servicio de la vida, la proliferación de los genes, etc.

  3. El naturalismo ético quizás pueda explicar conductas “altruistas”, como sacrificarse por seres genéticamente similares o seres con tu misma cultura (dado que la cultura sea algo así como la “manada”, o incluso la “especie”). ¿Pero como explicaría una conducta contraria a la cultura (como la del rebelde)? ¿Sería algo así como una “mutación”?...Más aún: ¿cómo explicaría una conducta contraria a toda la especie (es decir, a toda cultura)? Recuerdo un dilema moral que escuche una vez a un amigo: imaginaos que unos extraterrestres superpoderosos amenazaran con destruir a toda la humanidad si no se les sacrificaban cien niños inocentes. ¿Habría personas que prefirieran destruir el mundo entero antes de convertirse en autores de ese infanticidio (¡Hágase justicia aunque perezca el mundo!) ¿Sería esta una conducta explicable según la (bio)lógica del naturalista?

martes, 3 de mayo de 2011

Libertad, ¿qué libertad?



“¡Yo no he sido!”, repite una y otra vez el bueno de Bart Simpson. ¿Tendrá razón? ¿Somos realmente responsables (es decir: los autores o causantes) de nuestras decisiones y acciones? Veamos.

La mayoría de las teorías éticas suponen que los seres humanos somos seres o sujetos morales en cuanto (1) “PODEMOS ELEGIR”, y (2) “SOMOS LA CAUSA ÚLTIMA DE LO QUE ELEGIMOS”. Estas dos ideas están a la base de lo que significa la palabra “LIBERTAD” (al menos, en un sentido positivo, el sentido “negativo” de libertad –ausencia de obstáculos que impidan hacer lo que he decidido— es menos importante, en cuanto que depende del primero).

En efecto, las teorías morales no sólo incluyen enunciados descriptivos (del tipo “X es bueno”), sino también enunciados normativos o prescriptivos (“Debes hacer x”), por lo que presuponen que somos libres, es decir: que podemos ELEGIR x o no-x, y que somos NOSOTROS (y no las circunstancias ni nada no elegido por nosotros) lo que causa tal elección. Ahora bien: ¿es todo esto cierto?

De entrada, el supuesto de que podemos elegir es ya bastante problemático. Sobre todo si mantenemos una concepción rígidamente DETERMINISTA de la realidad de la que formamos parte. Si el mundo se describe como una compleja secuencia de causas y efectos regida por leyes (como una larga lista de fichas de dominó que se van haciendo caer unas a otras), no hay lugar para posibles cursos de acción alternativos al único que, según esa secuencia y esas leyes, puede ser. Me imagino ilusoriamente que puedo pasear por la calle A en lugar de por la calle B porque ignoro toda la secuencia y las leyes que determinan (lo sepa yo o no) el recorrido de mi paseo... Podría, desde luego, acudir a una concepción más indeterminista del mundo (como la que presenta cierta parte de la física contemporánea), o a la idea de que los seres humanos no pertenecemos del todo al mundo que describen las leyes naturales, pero ambas opciones parecen muy discutibles (lo primero supone que hay fenómenos imprevisibles y, por tanto, irracionales; lo segundo supone que los humanos somos seres "sobrenaturales").



Supongamos de todos modos que la elección fuera posible. Faltaría entonces por justificar lo más importante: ¿cómo que somos nosotros los responsables últimos de las elecciones que tomamos? Supongamos que Bart Simpson puede escoger entre devolver una cartera llena de dinero o no hacerlo. Para suponer que es libre (que es él, de forma autónoma, el que decide) hemos de ir más allá de las posibles CAUSAS BIOLÓGICAS (el instinto de posesión), PSICOLÓGICAS (una cleptomanía irrefrenable) y SOCIOCULTURALES (en el grupo cultural de referencia de Bart lo “guay” o adecuado es quedarse con el dinero). Si todo esto fuera lo que causa la elección de Bart, el responsable no sería él, sino la “especie” o el “entorno cultural” en que se ha educado. Esto es, por cierto, lo que dirían las "éticas naturalistas" o las que entienden la moral como la “ideología” de una determinada cultura.

Imaginemos ahora que Bart toma su decisión en función del PLACER que imagina va a proporcionarle quedarse con el dinero (o devolverlo), o que la toma pensando en que una sociedad en que la gente devuelve lo que encuentra es, en general, más FELIZ. Esta sería la respuesta que darían las éticas emotivistas (el hedonismo o el utilitarismo). Ahora bien, esto no resuelve el problema de la libertad, pues no parece que Bart, ni nadie, pueda elegir lo que le da placer o lo que le hace feliz. "A mi me gusta o me hace feliz esto, qué le vamos a hacer" -solemos decir-. (En todo caso, podríamos averiguar que causas biológicas, psicológicas y culturales están detrás de lo que nos da placer o felicidad, pero no cambiarlas).

Hay otra opción: que Bart decida en función de lo que le parece más RACIONAL (parecería racional, por ejemplo, que dado que todos los seres humanos somos iguales, no debemos hacer a otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros). Ahora bien, aquí el problema es similar: nadie escoge que un argumento sea racional o no, por lo que Bart no tiene más remedio que escoger la opción que la razón le indica. Esta es la respuesta de las éticas más intelectualistas que, como vemos, tampoco justifican la responsabilidad personal (a no ser que identificamos a las personas con la razón) ni la libertad (la conclusión racional a la que llegamos tras argumentar no es una opción, ha de ser esa y nada más que esa).

¿Qué alternativa queda? ¿Obrar a CAPRICHO, por que nos da la gana, incluso contra nuestros impulsos emotivos o nuestra razón? Este tipo de respuesta es tan irracional que apenas merece la pena discutirla. Si ser libre es actuar por puro capricho o azar (si es que esto es posible), seríamos tan libres y responsables como un dado o una ruleta, es decir: nada (nadie diría que la ruleta es la que libremente ha decidido que salga el número 3, por ejemplo).

Así que, ¿libertad, qué libertad?... Ahora bien, SI NO HAY LIBERTAD, ¿HAY ALGUIEN QUE SEA RESPONSABLE O CULPABLE DE LO QUE HACE? ¿Qué solución cabría dar, entonces, a los que se portan “mal”?

¿Qué es arte? (3. Teorías sobre lo bello.)


Dado que parece posible una definición de “belleza”, podemos aspirar a teorizar sobre ella. Creo que las teorías posibles son estas (algunas, incoherentemente, insistirán en la imposibilidad de una definición objetiva de lo bello, ¡a la vez que teorizan sobre la belleza!). Los nombres, a veces, me los invento yo.

1. Naturalismo estético. Bello es lo placentero y útil desde un punto de vista biológico.

La imagen estética nos gusta (es bella) porque tiene un significado primario, natural, que por naturaleza o instinto nos resulta interesante (y placentero). La belleza, el gusto, se da como placer (y la fealdad, el disgusto, como displacer). Bello es lo que me place, lo que satisface los deseos propios a mi especie (mantenimiento, reproducción, etc.). Por ejemplo, un cuerpo bello sería el más adecuado para la reproducción. O ciertas combinaciones de colores o sonidos serían bellos en cuanto nuestro sistema nervioso está especialmente dispuesto para captarlos. Para el naturalismo, el arte es imitación de la naturaleza. Lo más bello es lo natural en cuento tal, sin “contaminar” por la cultura, la moral, etc… Objeciones: esto deja fuera muchas cosas que consideramos “arte”: la poesía, la música contemporánea, la belleza de un desierto o unas ruinas (¿qué utilidad tienen estos parajes desde un punto de vista biológico?). Además, los criterios de valor, utilidad, etc., no pueden ser naturales (en la naturaleza nada vale más que nada).

2. Convencionalismo. Lo bello es lo que se dice que es “bello”.

Lo bello responde a convenciones culturales. Una imagen o representación me gusta porque expresa ciertos patrones convencionales acerca de lo que es “bello”. Lo bello es aquí relativo a la cultura, la época, el grupo social, etc. Una imagen es “bella” en cuanto expresa lo que una sociedad y una época determinada establecen como valioso (en función de factores económicos, sociales, políticos, ideológicos). En una sociedad comunista, por ejemplo, se valorará más ciertas expresiones artísticas (danzas colectivas, arte realista y crítico, etc.); y en una sociedad liberal otras (obras originales, experimentales, abstractas, individualistas, etc.)… Objeciones. Si lo bello es pura convención, entonces cualquier cosa puede ser bella (basta con que así se convenga, o que varíen las circunstancias sociales e históricas). Pero entonces cualquier cosa puede ser bella y no serlo, etc. De nuevo todos los problemas del relativismo…

3. Emotivismo. Lo que nos gusta es lo que nos gusta.

Una imagen o representación nos gusta porque desencadena una fuerte gratificación emotiva, conmueve, etc. Este estado emotivo es privado, individual. El criterio del gusto es el propio gusto (que se tiene o no se tiene, sin más). Esta teoría es la más común en la cultura moderna. Este arte “burgués” se entiende como un generador de entretenimiento y goce emotivo… Objeciones: si el último criterio de lo bello es la emotividad subjetiva, lo bello vuelve a ser relativo, esta vez a cada individuo. De otro lado, habría que preguntarse por qué la emoción estética se despierta ante ciertas imágenes y no ante otras. Según el emotivismo, no hay razón alguna para ello: el motivo es irracional, subjetivo, personal. Esto quiere decir que la belleza, en el fondo, es algo irracional. Pero entonces, ¿cómo podría saber el sujeto que es “belleza”, y no otra cosa, lo que siente?

4. Ética y estética. Lo bello es lo bueno.

La imagen o representación nos gusta por su significado moral: refleja un ideal, indica cómo debería ser el mundo. La belleza (y la emoción del gusto) se da cuando la imagen representa lo que debe ser, lo bueno. Bello es lo que merece ser amado, lo digno, lo noble. El arte sería aquí educativo. Un arte “aristocrático” cuyo objeto es la virtud, la emulación, la acción heroica. Prima la finalidad, la moraleja, etc… Objeciones: se dice que algo puede ser a la vez bello y malo, por ejemplo un crimen (¿pero cómo algo que despreciamos moralmente nos puede a la vez gustar?); de otro lado: ¿cómo sabemos lo que es bueno? La voluntad (que es la facultad de querer lo bueno) está sometida al entendimiento (queremos lo que “creemos” que es bueno), por lo que si lo bello depende de lo bueno, depende antes del conocimiento de lo bueno. Esto nos remite a la siguiente y última teoría.

5. Intelectualismo. Lo bello es lo verdadero.

La imagen o representación nos gusta porque desvela como son las cosas, nos da a conocer el mundo (sensible) de forma más unitaria, completa, coherente, buscando una perfección ideal en el ámbito de lo sensible… Lo bello es lo que refleja plásticamente lo verdaderamente real. Bella es la imagen que expresa la forma “sensible” de lo real. El gusto ante esta belleza es puramente estético (no está condicionado por placeres, convenciones sociales, emociones ni ideales morales)… El entendimiento busca la verdad por la vía sensible y por la vía lógica. Por la vía sensible utiliza la percepción y la imaginación. La percepción une los datos de los sentidos bajo cierta forma. Esta forma son las imágenes. Las imágenes son esquemas sensibles en que los datos aparecen ordenados en estructuras mayores de significado (un árbol, un bosque en otoño, una batalla, etc.). Las imágenes las pone la imaginación. La imaginación tiene un momento más pasivo, por el cual asimila los datos a las imágenes con que cuenta la mente; esta actividad es la de la memoria. En su momento más activo, la imaginación genera imágenes o esquemas novedosos (realidades sensibles posibles) con las que ordenar los datos más unitaria y armónicamente. Esta última actividad es la imaginación propiamente dicha. Para la imaginación, la verdad se muestra como perfección de lo sensible, y eso es la belleza: la perfección imaginaria de lo sensible. A través del arte (los mitos, etc.) generamos esos mundos de imágenes perfectas (al menos, más perfectas que las del mundo percibido)… Ahora bien: ¿cómo obtienen la imaginación y la memoria la forma sensible o imagen con que configuran los datos? (Esto sería equivalente a preguntar: ¿de dónde obtienen su “inspiración” los artistas?). Esta imagen perfecta no proviene de los datos, ni la crea la imaginación por sí misma; pues ni los datos ni la mente tienen la unidad, perdurabilidad y perfección que tienen estas imágenes. Las imágenes que construye nuestra mente se refieren a algo que está más allá de ellas (y de los datos que ellas configuran): a las ideas. Lo que nos imaginamos depende de lo que sabemos, es decir, de nuestros modelos teóricos sobre el mundo. Parece entonces claro que el arte y la belleza son la ilustración plástica (imaginativa) de las teorías, y que el arte tiende a la verdad del mismo modo que las teorías que lo inspiran.

¿Qué es arte? (2. Definir lo bello es posible.)



¿Qué es el arte? Casi todo el mundo coincide que es algo que tiene que ver con objetos o imágenes sensibles (visuales, auditivas…). Por ejemplo: un paisaje, un cuerpo, una pintura, una canción, el ritmo y las imágenes que genera un poema… Es decir: el arte tiene que ver con la imaginación, con la capacidad para captar o crear imágenes… Pero no toda imagen es “arte”. Sólo aquella que “nos gusta”. El arte tiene que ver, por tanto, con las emociones, pues el gusto es un tipo de emoción… Pero no todo lo que nos gusta es “arte” (nos gusta ver nuestra casa limpia, o que se nos trata con respeto, pero no llamaríamos a eso arte); el gusto artístico o “estético” es aquel que se despierta ante lo que es bello… Diríamos entonces que la obra de arte es aquella imagen o representación sensible cuya belleza despierta en nosotros esa emoción especial que es el gusto estético…

Ahora bien: ¿por qué nos gustan unas imágenes y no otras? ¿De qué depende que algo (un cuerpo, una pintura, una canción, un poema…) sean o no bellos? Esta es la pregunta fundamental de la Estética (que es la rama de la filosofía que se ocupa del asunto de lo Bello). ¿Qué es, pues, la Belleza?...

Antes de ensayar una definición de belleza hemos de preguntarnos si esta es posible. Mucha gente piensa que no hay una definición objetiva y única de belleza. Suelen justificar su opinión en el hecho de que los juicios acerca de lo bello cambian de persona a persona y de cultura a cultura. Es un hecho que a personas distintas les parecen bellos o feos libros o cuadros distintos. Y es un hecho que lo que es bello durante una época clásica no lo es durante una época barroca, etc. Ahora bien, estos hechos no prueban que lo bello sea en sí algo subjetivo o relativo, sino sólo su apreciación. Del mismo modo: constatar que individuos o culturas distintas tienen distintos juicios acerca de un fenómeno físico no prueba nada contra la objetividad de la física. Puede ser que los individuos están mal informados, o que las culturas estén en distinto grado de desarrollo.

Para probar que una definición objetiva es necesaria debemos acudir a argumentos lógicos (los experimentos –antropológicos, psicológicos— acerca de la universalidad de los patrones de belleza tienen cierto interés, pero no son muy concluyentes: su verdad es sólo probable, y suponen problemas complejos de interpretación --por ejemplo: para hacer el experimento es necesario predeterminar ya un mismo significado de belleza para todos los que participan –). Estos argumentos pueden ser:

(a) Si la definición de belleza fuera subjetiva (propia a cada sujeto o individuo) porque, por ejemplo, dependiera de estados emotivos particulares (como el “gusto” o el placer subjetivo y cosas así), entonces no habría definición posible para bello (todo podría ser y no ser bello a la vez). Incluso estaría injustificado que utilizáramos la misma palabra “bello” para designar lo que te gusta a ti y lo que me gusta a mí, pues el significado de esa palabra podría no ser el mismo. Lo bello sería entonces indefinible. Pero entonces nadie podría saber que lo que él mismo siente es “belleza” (cada uno tendría que inventar, quizá, una palabra distinta). De hecho, cuando alguien usa el término “bello” (este libro es bello, este cuadro es bello, etc.) presupone un significado fundamentalmente común para él y para los que le escuchan.

(b) Del mismo modo, si lo bello es una convención relativa a cada época y cultura, cualquier definición de belleza sería igualmente válida. Lo que es bello para los griegos antiguos podría no serlo para los japoneses contemporáneos. Todo podría ser bello y no serlo. Esto haría potencialmente contradictoria toda definición de belleza. Luego no sería posible ninguna definición racional. Pero una definición no racional ¿sería comprensible? ¿sería una definición?

(c) Si afirmamos que “lo bello es subjetivo” o que “lo bello es relativo” o que “lo bello cambia”, estamos asumiendo que “lo bello” es siempre lo “bello”, y que a la vez, aun siendo siempre lo mismo, cambia. Esto es como decir que lo bello es y no es lo mismo, lo cual es contradictorio. Si, por ejemplo, decimos que “lo bello es relativo a cada cultura” estamos diciendo que lo bello se da de modo distinto en cada cultura pero que siempre es lo bello. Esto es decir que lo bello es a la vez lo mismo y diferente. ¿Pero en qué proporción? Si lo que cambia es algo fundamental, entonces lo bello sería fundamentalmente distinto para, por ejemplo, griegos y japoneses, luego no sería lo bello para ambos. Y si lo que cambia no es algo fundamental, entonces lo bello será fundamentalmente lo mismo para griegos, japoneses, etc. Pero en este caso, si lo bello es siempre fundamentalmente lo mismo, será porque es algo objetivo y absoluto, no subjetivo o relativo.

martes, 26 de abril de 2011

¿Qué es arte? (1. Lo que no es.)


Esta obra de arte (¿) de Wolf Vostell se llama “¿Por qué el proceso de Pilatos y Jesús duró solo dos minutos?”…
Cada vez que llevo a mis alumnos al Museo Vostell de Malpartida, algunos tardan mucho menos de dos minutos en decidir que lo que allí se ve no es arte. Sobra decir que si llevara a un grupo de adultos no serían algunos, sino casi todos los que exclamaran con suficiencia: "¡Esto es una tontería!", "¡esto lo hace cualquiera!", etc. Cuando ocurre esto, me vienen unas ganas locas de arrodillarme ante quien así habla y rogarle que me explique cómo ha logrado saber que lo que ve no es digno de llamarse “arte”. ¿Cómo no va a saberlo quien se atreve a opinar con tanta firmeza?... Pero no, no lo saben: cuando oigo sus explicaciones (cuando las dan) toda mi ilusión se desvanece (en mucho menos de dos minutos)…

Así que: ¿Qué es el arte? ¿Cómo podemos distinguir una obra de arte de una majadería? ¿Alguien me lo puede explicar?...
Como algunas respuestas ya me las han dado muchas veces, y no quiero que caigáis en la tentación de resolver este asunto de un plumazo, comenzaremos quitando de en medio algunas de ellas.

1. Arte no es lo cada uno considera arte. Si así fuera, cualquier cosa podría ser “arte”, y a la vez no serlo, con lo cual carecería de sentido toda discusión sobre el arte (Yo tendría toda la razón al considerar arte cortarme la oreja –o cualquier otra cosa—, y tú también la tendrías al considerar que no lo es). La verdad es que ni siquiera tendría sentido emplear la palabra “arte”, pues carecería de un significado común (¿Tendría sentido emplear una palabra cuyo significado fuera distinto para cada persona que la emplea?).
2. Arte no es lo que la mayoría considera “arte”. Igual que antes: si así fuera todo podría ser “arte” y no serlo (bastaría con que la mayoría así lo conveniese). Además, tanto en el caso anterior como en este, siempre cabe la pregunta: ¿Por qué considera Vd. (o Ustedes) que esto es arte?
3. Arte no es, sin más, lo que nos gusta. También nos gusta que nos rasquen la espalda, o tener la casa limpia, y dista de estar claro que esas dos cosas sean obras de arte. Además, suponiendo que arte fuera "lo que nos gusta", aun tendríamos que responder a la pregunta: ¿por qué nos gustan unas cosas y no otras? ¿qué significa que algo "nos guste"?
4. Arte no tiene porque ser lo que nos emociona. También nos emociona un incendio o que nos llamen el día de nuestro cumpleaños, y, de nuevo, no está nada claro que todo eso sea arte.
5. Arte no es lo que es único y original. Cada mosquito que viene al mundo es único. Decidir usar la energía atómica para fabricar bombas, o inventar un sistema para gasear a millones de personas, también parecen ser cosas originales y creativas.
6. Arte no es lo que es bello y punto. Quizás no este mal equiparar arte y belleza, pero en ese caso habría que replantear la pregunta, en vez de “¿qué es arte?”, ahora sería: “¿qué es lo bello?”…

Así que una de dos, o me contestáis a la pregunta de ¿qué es arte?, o me contestáis a la pregunta ¿qué es bello?

martes, 5 de abril de 2011

¿Es peor alquilar tu cuerpo que vender tu alma? (Le pregunto la conocida prostituta al famoso abogado)

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¿Son todos los trabajos y ocupaciones humanas igual de dignos? Mucha gente piensa que sí, y otros pensamos que no. Si “digno” significa algo así como “valioso”, la cuestión es si hay actividades u oficios más valiosos que otros y por qué.

Para que pensemos un poco en esto os cuento lo que me paso en una de mis clases. Di a mis alumnos una lista de personas, definidas por cierta actividad: un científico, un misionero, un filósofo, un campesino, un ama de casa, un abogado, una prostituta, un actor, etc. (Podéis ver el ejercicio completo en la entrada: “Un dilema moral: ¿quién debe morir?”). Los alumnos tenían que clasificarlos por orden de importancia. Pues bien, la mayoría colocó en último lugar a la prostituta. Y a partir de aquí surgió la discusión.

¿Es realmente indigno el oficio de la prostituta (o del varón que se prostituye, da igual)? Muchas personas (incluyendo, por ejemplo, muchas feministas) piensan que sí, e incluso que habría que prohibir el ejercicio de la prostitución. ¿Pero por qué? La mayoría piensa que es indigno vender o alquilar el cuerpo para prestar un servicio sexual. Pero esa misma gente piensa que es dignísimo que un minero, un futbolista o un fisioterapeuta vendan o alquilen sus manos o sus piernas para prestar otro tipo de servicios. La pregunta es muy sencilla: ¿por qué la gente considera digno que alguien venda el uso de sus manos o sus piernas, pero no el de sus órganos sexuales? ¿Es qué hay, racionalmente hablando, alguna diferencia “moral” entre una mano y una vagina? ¿En tan poco consideramos a las mujeres que colocamos su dignidad moral entre las piernas? ¿No tendrían más dignidad, por ejemplo, las manos, órgano que nos distingue de los animales y con las que desarrollamos actividades tan humanas como el arte? ¿No sería, por tanto, más indigno vender el uso de las manos (como hace un obrero) que el de los órganos sexuales?...


La mayoría de la gente bienpensante saluda los domingos en el paseo al Sr. Abogado, al Sr. Artista, al Sr. Profesor… Pero vuelven la cara al ver pasar a la prostituta, incluso aunque sea elegante y gane mucho dinero (no confundirla con la Señora que se casó por interés, porque esto es diferente, ¿no?)...
¿Por qué razón se mira mal a la prostituta? ¿Qué diferencia moral hay entre ella y el abogado famoso, o el artista, o el profesor?... ¿No es cierto que el abogado, el artista o el profesor venden su talento o inteligencia, defendiendo a veces a gente indigna (el abogado), pintando cuadros al gusto del cliente (el artista), o enseñando a sus alumnos lo que se le manda enseñar (el profesor)? ¿Y no es esta venta mucho más indigna que la de la prostituta? Al fin y al cabo, ella sólo vende el cuerpo, mientras que el abogado, el artista o el profesor venden a menudo al alma. ¿No es el alma lo que de verdad se vende al diablo?


Uno de los argumentos que se da en contra de la prostitución es que las mujeres que la ejercen lo hacen obligadas por razones económicas, o son explotadas por mafias. Pero, si este fuera el caso, también habría de parecernos indigno el trabajo de muchos obreros, que se suben al andamio o asfaltan las carreteras por necesidad económica, y no por elección propia. En cuanto a la cuestión de las mafias, todo el mundo sabe que esto se debe a la marginalidad (cuando no la ilegalidad) a la que condenamos a las prostitutas. ¿Habría mafias si se legalizara?... Hace unos años, en algún lugar de Europa, el Estado contrató a unas prostitutas para que prestaran servicio a ciertos grupos de personas que debido a sus discapacidades (deficientes psíquicos y otros) carecían de una vida sexual plenamente satisfactoria. Algunas de estas personas, al decir del personal que las atendía, mejoraron su salud y sus condiciones de vida. Pero al poco tiempo, y por razones morales, la medida se suprimió: despidieron a las prostitutas. Aunque mantuvieron a los masajistas. ¿Por qué? ¿Qué diferencia hay entre lo que hacían unos y otros?






jueves, 17 de marzo de 2011

El animal "obsexo".


El ser humano parece un animal especialmente predispuesto y dotado para el sexo. Las razones para esta “hipersexualidad” parecen claras. Según algunos antrópologos, dado el prolongado embarazo de la hembra humana, así como los largos años de constantes cuidados que requieren sus crías, una mujer sola tendría menos probabilidades de sacarlas adelante que otra apoyada por uno o más machos adultos. ¿Como consigue la hembra el apoyo constante del macho? Fácil: ofreciéndole sexo!! No parece casual que las hembras humanas sean las únicas que no tienen celo (están siempre receptivas), o que disponen de rasgos físicos permanentes cuya única función es la de servir de estímulo sexual: los senos (siempre hinchados), el grosor de los labios, etc. (A esto hay que añadir los rasgos aniñados típicamente femeninos -menor tamaño, ausencia de vello, voz aguda-- que, en los mamíferos, parece que incitan, en general, un cierto "instinto" de protección y ternura).


El uso del sexo como instrumento de cohesión “intra-familiar” fue seguramente usado, a la vez, como instrumento de cohesión “inter-familiar”: los vínculos sexuales duraderos entre miembros de distintos grupos (los hijos de uno se unen a los hijos del otro grupo) aseguraría una mayor cooperación entre ambos y, eventualmente, la creación de grupos sociales más amplios (para algunos antropólogos, la prohibición del incesto y la obligatoriedad de la exogamia está en el origen de la sociedad y la cultura). Todo esto representa una gran ventaja adaptativa, dado el valor del "trabajo en equipo" en tareas que, como la caza, la defensa, etc., fueron decisivas para nuestra supervivencia.

El sexo es, por tanto, esencial para los humanos, sobre todo, como medio para asegurar la cooperación en tareas que, como la crianza y la búsqueda de recursos, son especialmente costosas para un solo individuo.

Y sin embargo, el sexo es una de las cosas que más tabúes y normas represivas acumula en muchísimas culturas. Por ejemplo: la virginidad prematrimonial que se exige a veces a la mujer. O, directamente, la limitación de su placer sexual (para eso se practica la ablación de clítoris). O el valor que se da a la castidad y la contención sexual (y la culpabilización de la expresión desinhibida de la sexualidad: se tacha con desprecio a ciertas personas de obsesos, ninfómanas, adictos al sexo, etc.). O la prohibición de la homosexualidad (que aunque no sirve a la reproducción, sí a la creación de lazos cooperativos entre personas). O las sospechas morales que despierta todo lo vinculado al erotismo, o al comercio sexual (la prostitución, la pornografía, etc.). O la “protección” a los menores de todo lo relativo al sexo (incluso de la información más básica relativa al mismo). Etc., etc...
¿POR QUÉ CREES QUE HAY TANTOS TABUES, NORMAS REPRESIVAS Y TANTA CULPABILIZACIÓN MORAL EN RELACIÓN AL SEXO?


(Gracias a Juan Antonio por las dos primeras fotos. Os recomiendo también en su blog Cavernisofía, la entrada "Tertulia quinta (pentertulia). El sexo ¿la naturaleza prohibida?")

¡Al fin podremos diseñar genéticamente a nuestros hijos!


Una de las características del animal que somos es la capacidad técnica. Podemos operar con el medio ambiente para producir objetos o procedimientos que favorecen nuestra supervivencia. Esto es también frecuente en otros animales (pájaros que utilizan piedras para romper huevos, monos que fabrican y usan palos para "pescar" termitas, etc.). Pero el caso del animal humano parece especial. Nuestra capacidad técnica es incalculablemente mayor que la de cualquier otro animal. Durante siglos, la técnica humana (la agricultura, la minería, la ingeniería, etc., etc.) ha logrado transformar radicalmente el medio ambiente (cambiando bosques por campos de cultivo, horadando montañas, cambiando el curso de los ríos...). Pero más aún, desde hace muy poco tiempo la relación entre la técnica, la ciencia moderna, y las empresas y Estados que se benefician de los nuevos descubrimientos, ha dado lugar a la "tecnología" o "tecnociencia". La tecnología actual nos dota de unas capacidades inauditas y que dan mucho que pensar. Una de ellas es la capacidad de diseñar genéticamente el físico de nuestros hijos. Sin embargo, éste y otros "adelantos" provocan un gran rechazo en la gente.
¿Por qué crees que se produce ese rechazo, en concreto al diseño genético de los hijos, y en general a todo lo que hoy promete la tecnología?
¿No es mejor que controlemos los rasgos físicos con que van a nacer nuestros hijos, en lugar de dejarlos al "azar" natural? ¿Por qué, si nadie deja al azar el aspecto, color, etc., del automóvil que va a comprar, va a dejar al azar el aspecto físico de algo mucho más importante, como es su hijo? ¿Por qué resulta tan escandaloso diseñar el cuerpo de nuestros hijos y no diseñar su "alma", que es lo que hacemos cuando los educamos?
¿Qué pensáis de esto? ¿Preferirías diseñar a vuestro hijo o mejor dejarle esto a la "naturaleza"? ¿Por qué sí o por qué no?

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Quién te crees que eres, animal?


¿Eh? ¿Eres un animal que todo lo haces por afán de sobrevivir y reproducirte (¡siempre pensando en lo mismo!)? ¿No es eso la gente, no vive para trabajar para vivir y para tener hijitos que hagan lo mismo? Bueno, también para triunfar y tener poder, claro, como pasa en cualquier manada de monos. Decía alguien (y esto va por los machos) que la vida es, en el fondo, no más que una lucha por la hembra. Decía otro (y esto va por las hembras) que una mujer no se realiza del todo si no atiende la ancestral llamada de su instinto maternal. ¿Es que acaso no es así?

Bueno, hay que reconocer que los animales humanos hacen otras cosas muy raras: cultivan la tierra, fabrican tractores e inodoros, mandan a sus crías a la universidad, mueren por defender a su patria, y adoran ídolos de madera durante la Semana Santa (Y el colmo de la rareza: !Les da por discutir sobre todo esto en blogs como este!...) Si que es raro, sí. Pero hay que reconocer que algunos animalitos también fabrican sus utensilios (como esos chimpancés tan monos que convierten ramitas de árbol en cañas de pescar termitas), y que educan a sus criaturas (para que sean buenos cazadores), y que luchan y mueren por defender su patria (quiero decir su territorio), y que... Bueno lo de la religión y la filosofía, no sé, quizás todavía no hablan de esas cosas, pero hablar sí que hablan, con su propio lenguaje, y hasta cantan, como nosotros, cuando no tienen nada mejor que hacer. Si no escuchad...



Solemos pensar que sólo nosotros somos buenos o malos, que sólo nosotros tenemos "moral". Pero todo el mundo sabe que las gacelas y bichos así (de sociales, como nosotros) se sacrifican generosamente por la manada cuando es menester: viene el león, y las gacelas más viejas se dejan comer para que huyan las más jóvenes. ¿No es para ponerles un monumento o el nombre de una calle?.. Hombre, es verdad que no son libres para elegir si lo hacen o no. ¿Pero acaso nosotros lo somos? ¿Quién duda que seamos mecanismos biológicos producto de la evolución natural y, como tal, obligados a comportanos tal y como lo hacemos? Simplemente, no nos damos cuenta de esto, y creemos (ingénuamente) que somos libres...



Y el colmo de la saberbia (sí, sAberbia) antropocéntrica decimos que sólo nosotros pensamos y tenemos consciencia. ¿Habrase visto? ¿Es que un pobre caballo no calcula y compara la altura de la cerca que ha de saltar antes de hacerlo? ¿Por qué se para, si no, ante las que cree que no puede saltar? ¿No tiene, entonces, el caballo consciencia de su cuerpo y de sus fuerzas?...

Menos rollos "trascendentes", pues. Somos animales, todo lo complicados que queráis, pero animales. Somos un cuerpo con un cerebro hipertrofiado cuya principal función es informarnos, a través de las sensaciones, de cómo es el mundo al que tenemos que adaptarnos. Y lo que nos va, como a todo animal, es vivir. Y alimentarnos, y juguetear, y poseer todos los recursos posibles compitiendo por ellos, y ser los más fuertes. Y, antes de acabar, entregarnos a la placentera tarea de reproducirnos...



¿Qué dices? ¿No estás de acuerdo? ¿Hay algo en tí que no obedezca en el fondo a los mismos mecanismos y leyes biológicas que dirigen la conducta de los monos o los abejorros? ¿Eres un animal o no? ¿Qué puedes hacer que no pueda llegar a hacerlo un bicho (aunque sea en un grado mínimo)? Piénsalo.

lunes, 7 de febrero de 2011

¿Tienen alma las piedras?



Decían antiguos sabios que el alma (Psique) era una especie de ENERGÍA QUE ANIMABA A LAS COSAS, dotándolas de movimiento y DIRIGIÉNDOLAS A UN FIN: ser ellas mismas lo más perfectamente posible.

El alma era así como una fuerza o DESEO AMOROSO (Eros) pues, según decían, las cosas se mueven por el deseo de unión con aquello que les falta para ser perfectas. ¡Y eso es el amor¡ ¿O no?

¿Pero cómo se puede desear lo perfecto sin tener una cierta "idea" de la perfección? El alma no sólo sería un deseo de lo mejor, sino también un cierto CONOCIMIENTO DE LO MEJOR...

Los viejos mitos religiosos decían que las almas eran seres divinos que por algún motivo (no muy claro, la verdad) "cayeron" a la Tierra encarnándose en los cuerpos, en los que están como prisioneras. Cuando esas almas empiezan a recordar de dónde vienen se sienten "fuera de sí", inquietas, e intentan lograr la perfección que como seres divinos les corresponde. Y esa inquietud o deseo es lo que caracteriza a las cosas...

Toda cosa consiste, pues, en un tipo de actividad dirigida por un fin o ideal de plenitud. Las cosas son un deseo de ser lo mejor posibles. Y ESE DESEO Y ESE IDEAL ES SU ALMA.

A la teoría que afirma que TODAS LAS COSAS TIENEN ALMA se le conoce como HILOZOÍSMO o PANSIQUISMO. Más filosóficamente, esta teoría viene a decir que TODAS LAS COSAS TIENEN FORMA. Es decir, que cada cosa se caracteriza por su forma de moverse o comportarse en orden a un fin. Esta forma de ser es lo que da identidad a las cosas y lo que permite explicarlas. ¿Pero en qué consiste esta forma o “alma” y de qué manera está en las cosas?

Pensemos en un objeto sencillo, como una piedra. Como diría un físico, cada partícula suya está incesantemente moviéndose. Pero este movimiento no es azaroso, más bien parece dirigirse a un fin: lograr que la piedra sea ella misma lo más perfectamente posible. El movimiento ordenado de sus átomos es la estructura de la piedra, su forma o identidad. Pero dicho movimiento no sólo está dirigido a la permanencia de la piedra (resistiendo al tiempo y a los factores que las desgastan); está, a su vez, orientado por un fin o ideal modélico (las leyes de la física) al que el comportamiento de la piedra tiende a ajustarse. Podríamos decir, incluso, que la actividad de la piedra expresa la forma más básica del amor: el amor de un cuerpo por sí mismo...



Veamos ahora el caso de un ser vivo, un animal, por ejemplo. El movimiento del animal es más complejo, pero se dirige al mismo fin que la piedra: mantener y perfeccionar su ser. Además de mantener la estructura corporal (autorregulación), el animal se mueve para duplicarla y mejorarla mediante la reproducción. Toda esta actividad está gobernada por un ideal o modelo (descrito por las leyes biológicas). El amor animal es el deseo de unión con lo que le mantiene y acrecienta (el alimento, etc.) y con lo que le permite permanecer y perfeccionarse a través de su descendencia (mediante la unión sexual con otros, por ejemplo)...

El caso del hombre es mucho más complicado, pero en esencia es lo mismo. El humano se mueve para realizarse plenamente como ser humano, según el ideal que representan sus principios morales (su ideal o modelo de persona). Para ello, más allá del amor corporal (autorregulación y reproducción), busca la unión con otras “almas” a través de proyectos comunes y, sobre todo, de la comunicación y las ideas compartidas. La identidad y perfección de lo humano está en la actividad cultural y las ideas, en la mente más que en el cuerpo. Según Platón, el hombre logra permanecer (venciendo al tiempo) y perfeccionarse en el contacto con lo eterno de las ideas. Este contacto es el conocimiento. Por ello, la actividad más propia del ser humano es el amor por el saber: la filosofía…

domingo, 30 de enero de 2011

¿Quién dijo que la ciencia no cree en los milagros?


Érase una vez, cuando aún no existía ningún cuando y en algún lugar que no estaba en ningún sitio, había un punto y un instante de pura energía al que le dio por expandirse (¡Así: bang!). En cuanto comenzó la expansión comenzaron las diferencias entre unas partes y otras de esa energía: se fueron formando cositas (partículas, átomos...) y relaciones entre ellas (fuerzas nucleares, gravitatorias...), y luego cosas más grandotas (galaxias, estrellas, planetas...). Hasta aquí todo era materia inorgánica (no viva). Pero de pronto ocurrió algo increíble. En alguno de esos planetas algunos trozos de materia se volvieron tan complicados que dieron lugar a algo nuevo e impredecible: ¡la vida!...Pero no acaba aquí esta historia. Estos seres vivos, al principio muy simples, dieron lugar, con el correr del tiempo y la evolución, a animales sociales con cerebros hipercomplejos capaces de generar cuentos (perdón, teorías y saberes racionales) como el que os acabo de contar...
¿Os ha gustado el cuento? Os lo resumo: al principio eran la energía y la materia; de allí surgió la vida; y de la vida surgieron el cerebro y la cultura; y de allí los saberes, teorías e ideas (con las que explicamos todo el proceso).
A esta teoría se la conoce como EMERGENTISMO. Sostiene que a partir de la relación entre cosas de un determinado tipo pueden “emerger” cosas de otro tipo. De la relación entre cosas materiales emergen los seres vivos; y de la relación entre seres vivos y neuronas emerge la mente y las propias teorías científicas, matemáticas, etc... ¿Fuerte, eh? El pobre de Jesús de Nazaret no se atrevió a tanto: se limitó a convertir el agua y en vino.


¿Os convence el emergentismo? Intentad responder estas preguntas:
1. Dejando aparte el delicado asunto de cómo de un sola sustancia (energía) surgen tantas cosas y fuerzas distintas (o de cómo y dónde se expande a sí misma): ¿Podriáis explicar como de lo que no esta vivo (la materia) surge lo vivo? ¿O cómo de lo concreto y temporal (como un cerebro) emerge la idea de algo tan omnipresente y atemporal como el teorema de Pitágoras?
2. Si las matemáticas o la física surgen al final del proceso: ¿querrá eso decir que al principio la realidad carecía de propiedades matemáticas o leyes físicas? Antes de que apareciera Pitágoras: ¿no existía una relación racional entre los lados de ciertos triángulos?
3. Si la teoría emergentista fuese cierta, la física y la química serían el fundamento de la biología, la biología el fundamento de la sociología, la neurología y la psicología; y todas estas ciencias serían a su vez el fundamento de la matemática y la lógica? ¿Puede esto ser lógicamente cierto?

miércoles, 26 de enero de 2011

¡Qué toda la vida es sueño!



¿Y si todo esto que vemos, el mundo físico que describen los científicos, no fuera más que un sueño?... En los sueños y las alucinaciones también veo un mundo llenos de cosas que se mueven... ¿Cómo sé yo que todo este mundo que tengo ante mí no es una creación de mi mente? … ¿No son acaso los colores o los sonidos “efectos” que se generan en mi cerebro?... ¿Por qué no pensar que también las cosas, con sus volúmenes y sus movimientos, no sean más que imaginaciones mías?... ¿No podría ocurrir todo en el espacio imaginario de mi mente y durante el tiempo que tardo en imaginarlo?

En la película Matrix, unos malvados extraterrestres mantenían a los humanos en unas enormes probetas llenas de líquido y alimentados por sondas, pero tenían sus cerebros conectados a un programa de ordenador que les hacía vivir una vida virtual. ¿Cómo podemos estar seguros de que no nos ocurre AHORA algo parecido?

Por cierto: a esta teoría, según la cual la realidad es una representación de mi mente, se la conoce como IDEALISMO SUBJETIVO o MENTALISMO.

Los científicos suelen defenderse de ella afirmando que las observaciones y experimentos científicos son “intersubjetivos” (participan varios observadores). Esto garantiza, según ellos, la objetividad de lo que vemos…. Pero: ¿No podrían ser esos otros observadores parte de mi propio sueño? ¿Cómo se yo que los otros (las otras mentes) no son una visión (o suposición) de mi propia mente?... A esta, aún más extraña teoría, se le llama SOLIPSISIMO. Y afirma que lo único que puedo saber con certeza que existe es: ¡Mi propia mente!... De todo lo demás puedo dudar. Pero no puedo dudar de mi propia duda. ¡Dudo luego existo! (Decían San Agustín o Descartes)…

¿CÓMO PODRÍAMOS SABER CON SEGURIDAD QUE EL MUNDO QUE VEMOS Y EXPERIMENTAMOS NO ES UN SUEÑO O ALUCINACIÓN DE NUESTRA MENTE?

Ahí va este fabuloso cuento de Julio Cortazar, por si alguien no tenía aún claro que la frontera entre la realidad que vemos y el sueño...¡No existe!
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cortazar/nocheboc.htm


También podrías ver la película "El Show de Truman", o la estupenda novela corta de Adolfo Bioy Casares: "La invención de Morel"... En ambas reaparece el mismo problema...

viernes, 21 de enero de 2011

"Todo es nada". Esa es la falsedad más verdadera...


“NADA ES REAL”. A esta extraña tesis se le llama NIHILISMO ONTOLÓGICO, y es la tesis a la que necesariamente conduce el materialismo extremo.

Si como afirma el materialista, TODA realidad fuera espacio temporal, no quedaría nada con que limitar el espacio y el tiempo (nada se puede limitar a sí mismo). Todo sería ilimitadamente espacial y temporal. Pero no hay ninguna cosa que pueda ser ilimitada en el espacio (no tendría forma) ni en el tiempo (algo ilimitadamente temporal carecería de toda permanencia). Así que no habría NADA. Ni siquiera espacio y tiempo, claro. ¿Qué cosa sería el espacio si no tuviese forma alguna? ¿Qué sería el tiempo si él mismo cambiara a cada instante?...

Pero incluso si espacio y tiempo existieran de forma ilimitada. ¿Cómo sería la realidad? Como una especie de “sopa” infinita (carente de toda forma) y permanente hirviendo (carente de nada estable). Sería, en suma, algo absolutamente CAÓTICO, dónde sería imposible reconocer ninguna estructura permanente. En este caso “NO PODRÍAMOS CONOCER NADA”. A esta no menos extraña tesis se la conoce como ESCEPTICISMO RADICAL.

El materialismo extremo conduce, pues, al nihilismo ontológico y al escepticismo radical. Pero estas dos tesis son, a su vez, autocontradictorias. Si nada es real, tampoco el nihilismo lo es. Y si no podemos conocer nada, tampoco podemos conocer que nada se puede conocer...

El nihilista y el escéptico podrían aún replicar que, dado que nada es real ni cognoscible, nada es tampoco ni lógico ni contradictorio. El problema es que, para llegar a esta conclusión, han tenido que utilizar la lógica y procurar no contradecirse...

La única conclusión que cabe al nihilismo y al escepticismo es el silencio. O no. ¡Qué más da!...



¿Qué pensáis vosotros? ¿Es posible que la realidad no sea nada? ¿Será verdad que nada es verdad ni mentira?...

miércoles, 19 de enero de 2011

Cinco formas de acabar con el materialismo. 5. ¿Cambia que todo cambie?


¡Todo está cambiando en el Universo! Nadie se baña dos veces en el mismo río: de baño a baño el río ha cambiado. Pero no sólo el río: también el bañista. Si todo está cambiando, nada ni nadie es lo mismo durante dos instantes seguidos. Decir “yo he cambiado” resulta absurdo, pues si todo esta cambiando no hay ningún “yo” invariable que sea el sujeto de ningún cambio…
Imaginaos que todo estuviera cambiando a la vez y a la misma velocidad (si todo fuera cambio, nada podría distinguir entre cambios más o menos veloces) ¿Notaríamos algún cambio? Si fuéramos en un tren a velocidad constante y todo el exterior se moviera a la misma velocidad: ¿habría cambio o movimiento alguno?... Parece imposible, ¿no?
Además, si en el Universo todo cambia, también lo hacen las leyes que explican el cambio (¡). ¿Y el propio cambio también cambia? ¿Cómo podría ser?...
Zenón de Elea, un viejo filósofo griego, decía que por mucho que una cosa parezca moverse, a cada instante está en algún sitio, y sólo en uno, por lo que siempre (en todo instante) “está”, y lo que siempre “está”: ¿cuándo se mueve?...
El materialista puede decir que él “ve” que las cosas cambian y se mueven. ¿Pero es esto verdad? ¿Se puede ver el movimiento y el cambio? Parodiando a Zenón, podríamos decir que a cada pequeñísimo instante en que vemos algo lo vemos estando en algún sitio, sin moverse, como si le hiciéramos una fotografía, pero ¿vemos el cambio en sí?...

En fin: el cambio carece de lógica y ni siquiera puede verse. ¿Qué clase de truco de feria es entonces?...

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