Seguimos dando el cante en la sección veraniega de flamenco de Canal Extremadura Radio (todos los martes del verano a partir de las 11). Hoy pasamos de la época de los cafés cantantes a la de los nuevos medios de comunicación. El gramófono, la radio y el cine van a ser nuevos canales de difusión, pero también de reconfiguración del arte flamenco. A la vez, se mantiene el flamenco más teatral y tonadillero de la llamada ópera flamenca y las grandes compañías de baile llevan el flamenco a Japón y a Hollywood, convirtiéndolo definitivamente en un fenómeno universal. Hablando de fenómenos no os perdáis los jaleos de El Mochuelo, los tangos y las alegrías de la Niña de los Peines al alimón con el Sexteto de Paco de Lucía y Estrella Morente, la milonga de Iván Chaskio (ganador del XIV Premio de Cante de Llerena), la voz de El Cartero de Osaka en el último gran tablao de Tokio y a la salvaje Carmen Amaya en una prestigiosa película de Rovira Beleta, entre otros...
lunes, 17 de agosto de 2026
Miedo al esclavo joven
Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura y La Nueva España.
A qué mentir. Todos, hasta los más rojos o santos, hemos sentido miedo contemplando la avalancha de inmigrantes en Ceuta. La escena recordaba las series o novelas (o relatos políticos, ¿qué más da?) sobre el colapso civilizatorio, la caída del imperio y la llegada de los nuevos bárbaros, el asalto de esos miles de millones de zombis desarrapados que acampan tras nuestras murallas de alambre. Nos hacemos los longuis o los nazis, pero es purito miedo, porque sabemos que ellos están ahí, invisibles, como un oscuro clamor sordo, como un enjambre de parias que fuera a tomar mañana conciencia de su verdadero poder destructor.
Porque lo que nos da miedo no es la
cantidad de personas que llegan de golpe a una de nuestras ciudades (cualquier
pueblo costero es invadido cada viernes por avalanchas mucho mayores de
turistas); ni que la cultura que traigan sea tan diferente (la historia ha sido
siempre un continuo amancebamiento entre culturas); lo que de verdad nos
acojona es que sean pobres. Que sean pobres y jóvenes: eso sí que nos da
miedo.
Porque no es solo el esclavo el que teme
al amo. Los esclavos, los pobres, nos dan también mucho miedo («aporofobia» lo ha
bautizado la filósofa Adela Cortina). Nos dan miedo porque sabemos que tenemos
todo lo que a ellos les falta, y porque, diga lo que diga la ley, lo lógico
sería que se abalanzaran para quitárnoslo o, cuando menos, para obligarnos a
compartirlo. Lo sabemos porque en su caso querríamos lo mismo y porque, en el
fondo, sabemos que esa desigualdad no se debe a ningún mérito o justicia, sino solo
a la desgracia de nacer a uno u otro lado del muro.
Y si esos pobres son, además, jóvenes, como
en la avalancha de Ceuta, el miedo se convierte ya en pánico. Los esclavos
jóvenes tienen una energía que nos pone nerviosos, una viveza que nos irrita, y
una loca esperanza que nos llena de pavor. Da igual cuanto les castiguemos o
entretengamos. El deseo de subírsenos a las barbas y arrancarnos un trozo de
futuro es tan invencible como las mareas en las que viajan sus cadáveres. Y nos
aterroriza pensar que tal vez un día no podamos frenarlos o aplastarlos y vengan,
no ya por nosotros, sino por lo que creemos que es nuestro. Y si no fuéramos
tan profundamente egoístas (tal como seguramente serían ellos en nuestro caso)
deberíamos agradecerles que ese día nos liberasen al fin de este miedo
congénito y terrible a reconocer que no nos merecemos tener lo que, sin
merecerlo en absoluto, tanto les falta a ellos.
Dar el cante 6. Historia del flamenco (1): De Silverio a la decadencia de los cafés cantantes
Seguimos con la sección de flamenco en Canal Extremadura Radio, todos los martes del verano a partir de las 11. Hoy, ahondamos en los comienzos de la saga, contamos obra y milagros de ese conde de
Montecristo flamenco que fue Silverio Franconetti, además de darle un repaso al
antiflamenquismo de parte de la intelectualidad patria, y a la vieja, torpe y
falsa rivalidad entre cante payo y cante gitano. ¿O es que no saben que Don
Antonio Chacón le daba a la coca igual (quizás no tanto) que el Torta a la
heroína? No perderos los fandangos que dedica a los jueces el bueno del
Agujetas.


