sábado, 21 de diciembre de 2019

Celebritycracia


Mi amigo el periodista Antonio León suele hablar con nostalgia de La Clave, el programa de coloquios televisivos que dirigió José Luis Balbín durante la transición, una época en la que ir a hablar a la tele era aún una cosa seria. Luego, ya saben, aquellos sesudos debates dieron paso a las tertulias entre periodistas (transmutados en vedettes de la opinión), a simulacros de debate político (en época electoral) y a las paradas de monstruos de la telebasura. Así, la opinión pública dejó de ser “educada”, al menos en parte, por académicos e intelectuales (como los que traía Balbín a su programa) para serlo, del todo, por presentadores, demagogos y famosos, muchos famosos. Es a ellos – actores, cantantes, deportistas… – a los que – sobre cualquier asunto público – se les pregunta y escucha hoy.



¿Qué explica este cambio, nos preguntaba Antonio en la tertulia (de no-famosos) que celebramos los lunes en la radio pública? ¿Cómo es posible que instituciones o acontecimientos, antes rodeados de una solemne gravedad (como la reciente cumbre mundial sobre el clima) sean hoy un espectáculo – entre el photocall y las charlas TED – en el que se exhiben por igual las opiniones de científicos, estadistas y estrellas de cine? ¿Qué autoridad tienen Harrison Ford, Alejandro Sanz o Javier Bardem – por poner algunos ejemplos – para subir a una tribuna a hablar del cambio climático o de cualquier otro asunto público? Ninguna, claro. Pero justo por eso la tienen toda... Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 18 de diciembre de 2019

El Joker y los "menas"


A veces les suelto a mis alumnos la típica “filípica de los niños pobres”. Ya saben, aquello de “no sabéis la suerte que tenéis por venir a la escuela en lugar de estar trabajando o malviviendo como otros chicos de vuestra edad”. La moralina es un poco tramposa (“siempre hay algo peor, así que confórmate con lo que se te da”) pero sirve, en ocasiones, para debatir sobre el asunto: ¿por qué algunos niños y adolescente pueden ir a la escuela y otros no?
Para actualizar el tema saco a colación la polémica en torno a los “menas”, los menores inmigrantes que han llegado solos a nuestro país y a los que, desde algunos sectores – siempre fieros con los más débiles – se pretende estigmatizar. ¿Por qué algunos niños disponen de un entorno seguro en el que se les cuida y educa – les pregunto entonces – y otros tiene que emigrar para ganarse – o salvar – la vida?
Una vez confrontados y descalificados los demás motivos anteriores, brota, al fin, el más contundente y emocional: “¡Es que vienen a delinquir!”. Igual que antes, y haciendo caso omiso de los datos que la desmienten, les doy por buena la hipótesis. Vale – les digo –, ¿y qué haríais vosotros en su lugar? Como se quedan callados, les pregunto: ¿Habéis visto Joker? (la superproducción de moda, una buena peli para adolescentes). Pues bien – les cuento – si siendo un niño me hubiera tocado a mí escapar del hambre o la guerra, cruzar solo miles de kilómetros, ser asaltado, acosado, y jugarme la vida en una patera para que, al final, en lugar de cuidarme o ayudarme, se me atacase y tratase como a una escoria... ¡Os juro que a mi lado el Joker iba a parecer una hermanita de la caridad!... “¡Hala, profe, entonces serías malo!” – exclaman –. A veces – les provoco – ser malo parece la única forma de salvar la dignidad y luchar por la justicia. “Pero entonces – repara uno – sí que estaría justificado castigar o expulsar a esos niños”. “¡Con lo que se volverían más rabiosos y malos aún!” – dice otro –. “¡Sería la guerra!” – añade el primero –. Violencia o justicia. ¿Hay alguna otra alternativa? – les pregunto entonces yo –. “Si – dice alguien –: que luchen pacífica y políticamente para cambiar las cosas. Aunque para eso – continua tras un momento de reflexión – tendrían que ir a la escuela, y tener cultura, y papeles, y gente que los apoye, y...” “¡Vamos – le interrumpen –: ser como nosotros!”. Equilicuá, pienso yo, mientras me delata una sonrisa... (De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí).




miércoles, 4 de diciembre de 2019

Educar en el diálogo

Ilustración de Marien Sauceda

No creo exagerar si afirmo que la casi completa falta de capacidad para el diálogo – observen cómo se discute en las redes o los medios – es el mayor y más radical de nuestros problemas. Todos los demás (económicos, sociales, políticos, ideológicos) podrían empezar a resolverse si nuestros dirigentes y los que les presionan y apoyan – es decir, nosotros – desarrolláramos la capacidad necesaria para pensar y comunicarnos de manera compleja y fructífera.   

Sin embargo, y pese a lo dicho, al diálogo no se le presta apenas atención en el sistema educativo. A los niños se les enseña diaria y sistemáticamente a leer, escribir, calcular o repetir cientos de tareas secundarias, pero no a dialogar. Así, se habla de inteligencia verbal, matemática, musical, social... Pero no de inteligencia dialéctica, que es la base y la condición de la excelencia de todas las demás...

Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí


domingo, 1 de diciembre de 2019

Taller de Diálogo Dramatizado en la Universidad Autónoma de Madrid.


 

El pasado viernes, y en el marco del Festival Más Filosofía de Madrid, impartimos Juan Antonio Negrete y yo un Taller de Diálogo Dramatizado en el que, durante dos horas, y tras explicar y justificar un poco esta manía nuestra de enseñar filosofía a través de diálogos, mostramos el trabajo de nuestros alumnos (llevados al taller ex profeso) e invitamos luego a los cincuenta o sesenta que había en la sala a unirse a nosotros. Aquí tenéis una breve muestra gráfica de todo esto. 























No queremos ganar más


No recuerdo quien se quejaba hace tiempo de la falta de ambición de los jóvenes extremeños, muchos de los cuales – decía – “no aspiran más que a ser funcionarios”. “No entiendo – añadía – que esos muchachos no quieran ganar más”. Yo, sin embargo, lo entiendo perfectamente. Lo que quieren esos chicos no es ganar más, sino disfrutar de un empleo estable y en condiciones (laborales) que les permitan dedicar el mayor tiempo posible a su familia, sus amigos, sus placeres y sus aficiones. No es que sean, pues, poco ambiciosos – diría yo – , es que lo son de lo que más importa serlo.

Es cierto que a todas horas se nos intenta inculcar un modelo de vitalidad extraño a todo esto: el del tipo obsesivamente entregado al trabajo y la producción de beneficios. Así, nos ensalzan una y otra vez a esos patéticos personajes cuyo único mérito conocido es el de ganar mucho dinero, como si eso revelara alguna cualidad humana excepcional – y no, tan solo, una enfermiza pasión por acumular ganancias – , o como si amontonar millones tuviera algo que ver con disfrutar de una vida digna y feliz. Este repulsivo imaginario moral  – de origen fundamentalmente anglosajón – se nos ha querido colar hasta las entrañas pero, ya ven, muchos de nuestros inconformistas chicos, lejos de conformarse con él, pasan de emular al negociante o al ejecutivo, porque lo que quieren no es más dinero, sino más tiempo para vivir... De todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí   


miércoles, 27 de noviembre de 2019

Educación pública y filosofía


Debería estar claro a estas alturas que la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos no puede ser irrestricta, sino, además de limitada por las leyes, condicionada por el derecho de los hijos a escoger sus propias opciones morales, religiosas e ideológicas. Este es el verdadero reto: lograr una educación plural y libre para todos, más allá del mercado y del interés y la ideología de unos pocos. La cuestión es cómo.
Una opción – deseable para defensores más serios de la concertada – sería que el Estado financiase todo tipo de proyectos educativos de iniciativa social (mejor que empresarial) procurando fomentar la mayor diversidad posible entre ellos (evitando monopolios ideológicos) y dentro de un marco legal común. Lo malo de esta opción es que produce “guetos” culturales que resulta difícil integrar luego en la comunidad. Por ello, más que ofrecer alternativas educativas y morales en escuelas distintas, se trataría de ofertar esa diversidad en la misma escuela pública. Articular una sociedad plural es difícil sin una experiencia formativa común en la que, a la vez que se oferta todo lo que las familias pueden demandar, se dota a los alumnos de la suficiente capacidad reflexiva, argumentativa y ética para adoptar sus propios valores e ideas y tolerar, críticamente, las de los demás.
Formar en la diversidad, la convivencia y la capacidad para construir un sistema de valores propio son los ingredientes fundamentales de una educación libre y democrática. Algo que requiere de una escuela pública fuerte, bien financiada y al alcance de todos. Pero también de una apuesta decidida por aquellas materias que más directamente fomentan el diálogo, el pensamiento crítico y la autonomía moral; algo que viene al pelo reivindicar hoy, víspera del día con el que la UNESCO recuerda que la Filosofía es la piedra angular de todo sistema educativo que aspire, de verdad, a respetar la pluralidad ideológica.
De todo esto trata nuestra última colaboración el El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 




jueves, 14 de noviembre de 2019

El Vox que nos merecemos


Las circunstancias que a cierto nivel promueven el triunfo del populismo ultramontano y, a otro nivel, su tránsito al fascismo, son siempre las mismas – convulsión social y debilidad política – y como tales han sido cultivadas a conciencia durante los últimos meses y años en nuestro país.
La convulsión social que ha alentado el crecimiento de Vox es la que se vive en Cataluña. La percepción cierta de que en parte del país hay una rebelión en marcha, con un gobierno que participa de la misma y que alienta acciones de insubordinación más o menos violentas – estos días el bloqueo de la frontera norte del país – sin que haya una reacción firme de restablecimiento del orden, ha escandalizado a muchos que, sin participar de la totalidad del ideario de Vox, se ven seducidos por el mensaje populista de “mano dura” con el independentismo.
De otro lado, si bien la debilidad de los partidos tradicionales no es ajena a una crisis más estructural de legitimidad, esta se ha visto acentuada en nuestro país por una serie de decisiones indeciblemente irresponsables. La bochornosa trifulca por el poder entre los dos principales partidos de izquierda y el infame gesto de forzar unas elecciones por puro cálculo partidista – y en circunstancias especialmente convulsas – de un lado, y la crisis de autoridad de la derecha con respecto a su sector más ultra, por el otro, han ofrecido una imagen de debilidad e ineficacia del sistema que ha empujado a muchos – a veces sin otro motivo ideológico más fuerte – a la opción populista. Esperemos que la alianza – al fin – de la izquierda sirva para modificar en parte esta percepción... De todo esto y más trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

jueves, 7 de noviembre de 2019

...Y líbranos del juego, amén


Se suceden estos días manifestaciones en demanda de leyes más restrictivas sobre el juego, especialmente el que se da en los salones de apuestas deportivas (se ve que el bingo, las quinielas o las administraciones de lotería no cuentan en esto). Una inquina que va más allá de la – lógica – preocupación por la protección de los menores (que por ley tienen prohibido el acceso a estos locales). ¿Por qué esta inquina? Las razones que se aducen son que allí la gente se aficiona desmesuradamente al juego, que esto es algo muy nocivo y que, como tal, exige la firme intervención protectora del Estado. ¿Son estas razones razonables?... De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Profesores guerrilleros


Hay gente que se queja de que los profesores hablen – o hablemos – de política en clase, porque piensan que, así, adoctrinamos a los alumnos. ¿Es esto cierto? ¿Se puede y debe hablar de política en las aulas? Y si es así: ¿cómo hacerlo? ¿Cabe una educación política que no sea manipuladora, sino liberadora?  

Antes de nada hay que aclarar que en las aulas – como en las casas, las calles, las series de la tele o los conciertos de reguetón – se hace siempre política aunque no se hable de ella. Que se hace política quiere decir que se transmiten modelos acerca de lo que es moral y socialmente justo o legítimo. De hecho, los niños aprenden tanto o más de la conducta de sus profesores o padres que de sus palabras, o de la forma de actuar de sus amigos o los personajes que admiran que de la de sus profes y padres, o de los valores que rezuman las canciones o películas de moda que de cualquier catecismo o manual de Ciudadanía.   

En toda sociedad se educa pues (de forma tribal y en gran medida irreflexiva) en ciertas ideas o creencias acerca de lo que es y no es políticamente válido o deseable. ¿Es esto adoctrinamiento? Sin duda. Lo que pasa es que es “nuestro adoctrinamiento” (el de nuestra cultura, nuestras creencias, nuestra familia), por lo que nos parece de perlas – si es que no la transmisión de la Verdad misma – . ¿Y la escuela? ¿Qué papel ha de guardar en todo esto?... Intentamos responder a estas preguntas en nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

lunes, 28 de octubre de 2019

¡No pasarán!



Más que tristeza es melancolía. La inspiran esos adolescentes independentistas gritando indignados. No tienen ni repajolera idea de las ideas que tienen, ni de lo que les hacen hacer, pero da igual: lo importante es estar ahí, corriendo ante la policía, furiosamente vivos y libres (de toda duda) en la cresta de la ola del grito y la bandera común. ¿Quién no se ha dejado llevar alguna vez por estos tsunamis de romanticismo político?

Ahora, una cosa es que nos compadezcamos de esos chicos (después de encerrar a los aprendices de guerrillero que los pastorean), y otra que no sepamos ver como adultos el verdadero carácter de ese “tsunami” que, lejos de ser “democrático”, no es sino una invocación a la vía de escape (o la cortina de humo con que escapar) más fascistoide del malhadado “procés”. 

De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.


miércoles, 16 de octubre de 2019

Ni hispanidad, ni catalanidad (sino todo lo contrario)

EL ROTO

Escribo bajo el volcán reactivado del nacionalismo catalán, comprobando como, para desgracia de todos, una sustanciosa cantidad de ciudadanos antepone la charanga patriotera al cumplimiento de las leyes y obligaciones cívicas. Algo que, por otro lado, tiene su lógica: si quieres justificar que las leyes reconozcan tus presuntos derechos, no ya como persona o ciudadano de un Estado, sino específicamente como catalán (español, inglés, mexicano o mogol) no tienes más remedio que echar mano de las fanfarrias, las banderas, los desfiles y las movilizaciones patrióticas; porque lo que son razones... 

Ha coincidido la sentencia del “procés” y el rebrote independentista en Cataluña con la más discreta polémica acerca de la celebración de la Hispanidad y el descubrimiento de América. Una disputa que, en los términos en que suele presentarse, no es más que una burda pamema. De entrada, porque ambos bandos tienen una proporción similar de razón. Los unos por recordar que, como toda conquista que se precie, aquella estuvo plagada de crueles abusos e imposiciones. Y los otros por hacer valer todo lo que los españoles aportaron (una lengua común, ciudades, universidades, ciencia, etc.), amén del espíritu ecuménico que, mal que bien, orientó su conquista bajo cierto conato de reconocimiento de derechos para los indígenas y un mestizaje cultural (y humano) que para sí hubieran querido los americanos – simplemente exterminados – más al norte.

Pero el problema, decía, no es el de esta vieja polémica. El asunto interesante – y que conecta con el tema catalán – es si hay algún acontecimiento histórico, relacionado con cualquier nación, que no sea, de hecho y por principio, igual de moralmente ambiguo que lo es la conquista de América. Y la respuesta es que no. No hay imperio, país, nación o proyecto de nación que no deba su existencia (o su deseo de existencia) a la apropiación del territorio y el sometimiento de poblaciones previamente asentadas que, con casi total probabilidad, hicieron lo propio con las anteriores, y así hasta el principio de los tiempos. Y esto incumbe al viejo Reino de Castilla, a las culturas e imperios precolombinos, y a las naciones que componen hoy Latinoamérica; a la España actual y la  proyectada República catalana; y a todas las naciones, en suma – las más fuertes y las que esperan serlo en el futuro –, que comparten, en distinto grado, ese mismo pecado original que es la violencia y el robo... (De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí)



viernes, 11 de octubre de 2019

Un museo para la caza



La caza es percibida, cada vez por más personas, como una actividad que despierta muy justificados reparos morales. No hace falta ser animalista o ecologista para advertir que acorralar y disparar a animales por el puro placer de hacerlo es, cuando menos, cuestionable. Los animales no son personas, desde luego. Pero tampoco son simples dianas móviles. Hacerles sufrir hasta la muerte por puro deporte empieza a ser considerado por la inmensa mayoría como algo moralmente injustificable. La caza deportiva ha de buscar nuevos derroteros y opciones.

De otro lado, los argumentos que dan los defensores de la caza para librar a este «deporte» de su decadencia son muy endebles. La actividad cinegética puede reportar, en ciertos contextos, algunos beneficios medioambientales, sobre todo en relación a la superpoblación o extinción de ciertas especies (un efecto provocado, a menudo, por los propios cazadores, deseosos de introducir ciertos animales –véanse las numerosas granjas cinegéticas, especialmente de jabalíes– y de eliminar depredadores o «alimañas» que les puedan hacer la competencia). Pero esto no es de ningún modo generalizable. La protección del medio ambiente está, hoy, en manos de la Administración y de las leyes, uno de cuyos objetivos es restaurar la capacidad de regeneración y regulación natural de los ecosistemas, como se hace en los espacios naturales que gozan de la mayor protección.

El resto de argumentos a favor de la caza son igualmente discutibles, sobre todo si se los contrapone a la consideración moral que hacíamos antes. Ningún beneficio económico, tradición o ejercicio de libertad individual justifica que se haga sufrir innecesariamente a animales tan anhelantes de vida y sensibles al dolor como nosotros. El respeto a otros seres vivos y la idea de que estos no deben considerarse como meros objetos para nuestro entretenimiento son principios tan asentados ya en la sociedad que incluso forman parte de los contenidos curriculares que los docentes hemos de transmitir en clase. De ahí también la preocupación por las campañas de promoción de la caza en los colegios.
De todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.














miércoles, 2 de octubre de 2019

Las niñas también cazan



Ante el descenso de licencias de caza, la Federación de Cazadores de Extremadura se propone como reto asegurar el relevo generacional y la incorporación de las mujeres al "sano, divertido y educativo" deporte de acosar y disparar a animales salvajes. Por ello, irán, como han ido otras veces, a promover la caza en las escuelas extremeñas, supongo que prestando especial atención en animar a cazar a las niñas. Sobre esto esta última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 




jueves, 26 de septiembre de 2019

Cinismo y ciudadanía.

La convocatoria de nuevas elecciones en nuestro país, las cuartas en cuatro años, representa un rotundo fracaso, no de la democracia en sí, sino del sistema de partidos sobre el que recae el monto mayor de poder político – muy por encima del que pertenece nominalmente a la ciudadanía y que esta solo ostenta, hoy, de manera formal –. La situación es tan grave como el efecto combinado de cinismo y conformismo que genera y que a la vez permite, perversamente, soportarla.

“Cinismo” es un término curioso. Designa tanto la absoluta impudicia con que se engaña a los demás, como la actitud de descreimiento e indiferencia de aquellos a los que se ha engañado ya incontables veces. Lo uno y lo otro parecen sostenerse mutuamente. Así, el increíble cinismo con que los partidos venden estos días su fracaso y descuido del interés publico (en pos del interés propio) como si fuera un heroico auto-sacrificio, un defecto del sistema, o un exceso de ambigüedad del electorado, parece sostenerse en que una actitud distinta –  crítica y honesta – generaría tal reacción de cinismo en los ciudadanos que no valdría la pena siquiera correr el riesgo de intentarlo.

Si partidos y ciudadanos empatan en cinismo, no andan menos parejos en conformismo. El silencio corporativo y la completa ausencia de debate (por no hablar de dimisiones) en el seno de los partidos tras estos días aciagos es análogo al silencio indiferente de la mayoría. Todos parecen tenerlo claro, de manera que, en el fondo, nadie engaña ya a nadie. Los ciudadanos saben perfectamente que estamos donde estamos por simple calculo y hambre de poder (y no por interés de estado, desarreglos programáticos o presuntas – e infantiles – desavenencias personales). Y los políticos saben que lo sabemos – aunque actúen como si fuéramos bobos de feria –  y que, no obstante, vamos a seguir votándoles por puro amor al orden. Todos, en fin, nos engañamos de forma más o menos rutinaria o inconsciente, con la certeza de que no hay nada (mejor) más allá de este patético juego de complicidades. 

Ahora bien, sería insensato pensar que esta situación de deterioro puede mantenerse a perpetuidad. De hecho, las partitocracias occidentales están cercadas por diferentes versiones (populismo, antiparlamentarismo, ultranacionalismo, fundamentalismo...) de la tiranía que ya los filósofos clásicos concebían como el fruto degenerado de la democracia – y del que la historia nos ha dejado muestras más que suficientes –.

¿De qué forma se podría evitar esta debacle?... Sobre este asunto tratamos en esta nueva colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

jueves, 19 de septiembre de 2019

El espíritu de las novatadas


Las novatadas universitarias no son una broma ni un juego inocente. No existen los juegos inocentes. Todos transmiten ideas y valores. Todos enseñan a vivir. Las novatadas transmiten la idea de que el poder y la autoridad van ligados no al talento, la sensatez o el respeto por el otro, sino al presunto grado que otorga la veteranía, a la arbitrariedad y a la falta de escrúpulos. Las novatadas enseñan que para integrarte en el grupo tienes que agachar la cabeza y dejarte humillar y, más adelante, ser tú el que humille al más débil – al recién llegado, al más joven, al que todavía no sabe... – .

Las novatadas no son una forma adecuada de acoger y conocer a la gente. Hay cientos de maneras más civilizadas de hacerlo. La novatadas se asemejan, de hecho, a una ceremonia arcaica de iniciación, un tipo de “rito de paso”. Las ceremonias de iniciación son comunes en muchas sociedades tradicionales, están casi siempre asociadas a los varones (sirven para convertir en “machotes” a los jóvenes tras una primera educación a cargo de las mujeres), y consisten en someter al individuo a una experiencia traumática que simboliza la muerte del antiguo yo y el renacimiento a una nueva vida en el seno de grupos (el de los guerreros, la secta, la fraternidad, la “cosa nostra”...) notablemente jerarquizados. A quien tenga alergia al gregarismo, las cadenas de mando y la obediencia ciega, todo esto solo puede parecerle repugnante. De hecho – pero, sobre todo, de derecho – las sociedades que hoy tildamos de “modernas” lo son justo por haber superado estas formas primitivas de instituir los vínculos de pertenencia.

Además de promover el machismo, el sufrimiento gratuito, el servilismo o el aborregamiento, las novatadas obligan al consumo desaforado de alcohol (a imitación, no menos borreguil, de las fiestas universitarias norteamericanas) y pueden generar secuelas morales difíciles de superar, tanto en el agresor (que se daña a sí mismo) como en el agredido (una humillación no se olvida nunca, sobre todo si es injusta o gratuita, por mucho que uno intente “compensarla” infringiéndola a su vez a los que vienen detrás).

Las novatadas tienen, pues, que ser percibidas como una lacra, tal como lo son el acoso escolar o la violencia de género (de los que también se decía que eran cosas sin importancia o poco menos que tradiciones o fenómenos “naturales”). Y como la lacra que son, han de ser borradas del mapa. O bien ritualizadas hasta que de novatadas solo tengan, a lo sumo, el nombre.

Ahora bien, ¿cómo hacer para erradicarlas?... De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Psicomercachifles


Me escribe entusiasmado un ex-alumno para invitarme a compartir el “proyecto juvenil” en el que anda metido. Abro el enlace y aparece la web de un evento que, a poco que mires, está entre una demostración de productos, una sesión de coaching para ejecutivos de medio pelo y el show de unos tube-predicadores con ganas de forrarse.   

Nada nuevo bajo el sol – piensas, después de admitir la parte de responsabilidad que te toca como profe – , salvo, quizás, la estética y el medio. Cuando yo era pequeño los charlatanes – corbata, pelo cortado a navaja, enormes maletines –  mendigaban de puerta en puerta y los más humildes – con sus lociones milagrosas y sus prodigiosos mondapatatas – sobre un cajón en el mercado; podías observar como trabajaba el “gancho”, escuchar el emotivo testimonio del neoconverso, o pasmarte con la candidez del pardillo que acababa picando; el espectáculo era gratis y educativo. Los pícaros de ahora – con pinta de emprendedores de gimnasio –  son más agresivos: se te cuelan por las redes, te cobran por adelantado y te abducen en cuerpo y alma... Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Odio a los árboles


El filósofo de moda, Han, se equivoca. Mucho antes de que triunfara lo que él llama la “estética de lo pulido” (esa que de los edificios transparentes a la depilación integral va asemejándolo todo a una reluciente pantalla de móvil), el gusto hortera por el pelo engominado, el inmaculado salón de las visitas y el tenerlo todo como una patena era ya tendencia mundial entre cuñados y cuñadas, víctimas todos de ese mismo horror apolíneo a lo vivo del que cubre de cemento plazas y paseos y que, si pudiera, alicataba también el mar y dejaba el Amazonas liso y oliendo a Mr. Proper. ¿Será todo por esa magnética belleza que dicen que tienen los desiertos? Ni idea. Pero en la imaginación de mis paisanos el paraíso ya no tiene árboles – esos que con sagrados o profanos motivos han adorado todas las culturas –  sino una inmensa superficie de hormigón con un parking debajo. Para que los coches – al menos ellos – estén eternamente fresquitos. ¿No es para colgarse? Aunque sea de una farola... Del odio a los árboles va esta última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí


miércoles, 28 de agosto de 2019

Slum Tourism: ir a ver pobres



Se llama “slumming” o “poorism”, y consiste en organizar visitas turísticas por los barrios más miserables de ciudades como Bombay o Rio de Janeiro. Los organizadores prometen una experiencia inolvidable – con las pertinentes medidas de seguridad –  o, al menos, la ocasión de hacerse un selfi junto a una favela o un grupo de niños de la calle antes de volverse a la piscina del hotel.

En el Emoya Luxury Hotel and Spa, en Sudáfrica, ofrecen todavía algo más que ir a ver pobres: vivir como ellos en un verdadero Shanty Town (barrio de chabolas) construido allí mismo y al que no le falta detalle: fachadas de uralita, barriles de latón y neumáticos para hacer fuego, caño exterior de agua para lavarse... Todo, por supuesto, opcional, pues por dentro las “chabolas” disponen de todas las comodidades imaginables. 

Este tipo de turismo no es, por cierto, un fenómeno menor: Dharavi, el suburbio más pobre y superpoblado de Bombay es ya, según TripAdvisor, el destino favorito de quienes visitan la India, por encima del Taj Mahal y otros lugares emblemáticos. ¿Cómo explicar esto?.. 

De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.


miércoles, 21 de agosto de 2019

Tomarla con el arte


Dejaría usted de acudir al mejor oncólogo del mundo si se enterase de que, en el pasado, fue lo que hoy denominamos un «acosador sexual»? ¿Aceptaría usted dejar de estudiar la teoría de la relatividad si se descubriera que probablemente Einstein era un maltratador? Apuesto a que no. ¿Por qué entonces nos permitimos hundir la carrera de un artista acusado de un delito o conducta similar? A mi juicio, por pésimas razones, como la de considerar las obras de arte como mercancías de lujo de las que podemos prescindir, la de "endiosar" a los artistas -- en nuestro mundo sin dioses -- y convertirlos en arquetipos morales, o la de confundirlos con sus obras. La visibilización y persecución del delito de acoso sexual debe ser, desde luego, implacable. Pero no a costa del arte. Ya tenemos bastante con los que pretenden censurarlo por su «incorrección política» por como para soportar, también, a los que buscan privarnos de él por mor del juicio moral a sus creadores... De todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.



miércoles, 14 de agosto de 2019

Respeto y tolerancia



Ignoro de dónde ha salido la idea de que tenemos que respetar, “por principio”, las ideas, creencias, sentimientos o costumbres de los demás, sean las que sean (así como castigar al – rapero, cómico, tuitero... – que no lo hace). Tal vez sea por la confusión – frecuente hoy –  entre “respeto” y “tolerancia”, dos conceptos vecinos, pero con significados muy distintos. Veamos.

“Respeto” es un concepto fundamentalmente moral. Así, se dice que una creencia, idea, costumbre, persona, institución, etc., es merecedora de respeto o consideración en la medida en que nos parece esencial – o, al menos, potencialmente –  buena (si supusiéramos que es esencialmente mala, tendríamos que destruirla, no que respetarla). “Tolerancia” en cambio – y a manera de término medio entre respeto y destrucción – es un concepto estrictamente político: refiere la obligación (legal) de permitir la existencia de creencias, opiniones, costumbres, instituciones, etc., aun cuando no las consideremos moralmente respetables, y siempre que no conculquen leyes (esto es: principios morales mínimos) de rango superior. El principio de tolerancia fue un elemento constituyente de las primeras naciones modernas, y se fundó en la evidencia – tras años de guerras civiles – de que sin un cierto grado de permisividad ideológica y moral la convivencia (en sociedades que habían dejado de ser religiosa y políticamente monolíticas) resultaba imposible.  

Ahora bien, aunque “respeto” y “tolerancia” refieren conceptos muy distintos, el grado de confusión con el que se usan hoy es clamoroso. La mayor de estas confusiones consiste en dar al principio político de tolerancia el mismo peso moral que al ideal de respeto. Algo que ocurre cuando se nos exige “respeto” (esto es: aprobación intelectual o moral) ante ideas, creencias, etc., a las que lo único que debemos es “tolerancia” (esto es: permisividad), por lo que tenemos todo el derecho (y hasta la obligación) de tratarlas irrespetuosamente (es decir: a criticarlas y denostarlas – incluyendo la burla, que es una forma de crítica –) en tanto nos parezcan erróneas o moralmente repulsivas. El veto, por demás, frecuente en nuestros días, a la libertad de expresión, se funda en esta misma incapacidad para entender que “tolerar” determinadas creencias (machistas, antirreligiosas, ultranacionalistas, antisistema, etc.), no significa necesariamente “respetarlas”, sino solo reprimir el impulso prepolítico o dogmático de destruirlas por la fuerza –... De todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 7 de agosto de 2019

Política para miopes

Renè Magritte. LA DÉCALCOMANIE - 1966
Como suele decirse, la política está entre la ciencia y el arte: es ciencia de lo posible y lo prescriptivo y, a la vez, arte de lo contingente o dado. Por ello, en política no basta ni la perspectiva estrictamente crítica (la del intelectual que, por exceso de ciencia y rigor ético, se extravía del entorno), ni el simple furor militante (el del activista que, por exceso de voluntarismo estético - subjetivo/sentimental -, acaba confundiéndose con ese mismo entorno). Ni uno ni otro pueden hacer política (al primero le falta sensibilidad hacia los medios, al segundo objetividad en los fines). ¿Quién debe ser entonces el político? Entre los dos extremos –el del que lo ve y juzga todo sin ser visto ni juzgado, y el del dogmático que, sin ver nada, es reconocido por todos– está el que ve y se deja ver, esto es: el que alterna el diálogo sobre los principios (sin extrañamiento, desde el común de la razón) con la acción responsable (sin subjetivismo ciego, desde el interés común). Y este debe ser el ciudadano –el común de la ciudadanía–, que es quien ha de ejercer directamente el poder, sin delegación que valga... De todo esto trata esta última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 31 de julio de 2019

Flamenco de cercanías.

Creía el filósofo Walter Benjamin que, antes de la llegada de la técnica y la cultura de masas, la obra de arte poseía una especie de “aura” o “presencia irreproducible” – para la mayoría lejana e imposible de gozar –  con la que se distinguía del resto de las cosas. Nos atreveríamos a decir que también el flamenco – cuando es fenómeno popular – tiene un aura, pero un aura que, más que la expresión irrepetible de una “lejanía” – que dice Benjamin –, se relaciona con una particular “cercanía”. “Cercanía” que no es la de la experiencia estética privada o la identidad de clase propia al arte de élites – sino la de la creación común y anónima, ajena a todo sentido de propiedad –  ni tampoco la del consumo gregario de la cultura de masas – sino la de la comunión activa, consciente, espontánea, por la que un grupo cercano de personas hacen de su propio espacio y tiempo algo extraordinario y fértil –. Por ello el flamenco – cuando no es exhibición patrimonial o mera mercancía mediática – ocurre mejor en lo vivo de la reunión, la peña, la plazuela, lejos de ese trampantojo del poder que es el gran escenario, y cerca de un público que participa  – jalea, bate palmas, cuando no se lanza al centro de la fiesta, o sus cercanías – en la creación colectiva... Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

miércoles, 24 de julio de 2019

La política como empresa literaria

Los elementos en que se asienta la retórica del nuevo capitalismo –y la organización de sus empresas– son los mismos que podemos encontrar en la retórica y el funcionamiento de la política contemporánea: la permanente apelación al «cambio», la mercantilización y manipulación de las emociones –y, en general, de la vida psíquica– , y, sobre todo, su común naturaleza fabuladora. Lo mismo que en la economía se ha pasado del management centrado en el producto o la marca a aquel otro basado en historias (el storyteller y el gurú económico en lugar del coach o el viejo mánager), en la política se ha sustituido el discurso de los fines y la ideología por la retórica de las historias personales cargadas de emociones y ejemplaridad (de los discursos parlamentarios a la secuencia de anécdotas y gestos con las que se comunica hoy el político –en interacción constante y performativa con los medios– , del sabio consejero al spin doctor, o el story spinner). De todo esto trata esta última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

miércoles, 17 de julio de 2019

Haced el amor...



En el relato político se toman habitualmente como sinónimos términos que, como los de “diálogo” y “negociación”, no lo son en absoluto, pero que muchas veces interesa confundir. Es lo que hacen los líderes políticos exhibiendo la retórica tramposa de la negociación y clamando, a la vez, con rictus teatral, por un “diálogo” o entendimiento “verdadero”.
En términos esenciales, “diálogo” se refiere al uso compartido de argumentos racionales para intentar clarificar un asunto. La negociación, en cambio, refiere el proceso por el que, mediante todo tipo de artimañas (amenazas y engaños incluidos), cada parte trata de imponer sus objetivos a las demás. El diálogo alude, pues, a la búsqueda – según ley racional – de una verdad o bien común. La negociación, en cambio, al logro – según ley económica –del máximo beneficio al mínimo coste para cada una de las partes.
Por supuesto que la descripción anterior es muy simple. En política, el diálogo (entre ideas o principios) se ve ineludiblemente ligado a la negociación (entre esa versión pobre y ciega de las ideas que son las voluntades e intereses particulares y partidistas). Qué le vamos a hacer. No somos ángeles de luz y razón. ¡Pero tampoco bestias dominadas por las pasiones! El diálogo siempre debe tratar de imponerse a la negociación. No de forma retórica, sino honesta y profunda... 
Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.


jueves, 27 de junio de 2019

Vacaciones de maestro


¿Se han preguntado ustedes alguna vez por qué los maestros tenemos tantas (presuntas) vacaciones? Vamos a intentar explicarlo. No se trata solo, ni fundamentalmente, de descansar – que también: imagínense protagonizar cuatro o cinco “funciones” teatrales al día (eso son las clases), durante más de nueve meses, ejerciendo, a la vez, de actor, guionista, director, jefe de sala, y acompañante de un público, por demás, no siempre bien dispuesto –... Tampoco se trata, únicamente, de dar a ese “público” – al alumnado –  el tiempo de juego, ocio y vida familiar que todo niño o adolescente necesita para desarrollarse más allá de (y más aún que en) las clases. Por encima de todo eso, la verdadera razón de las vacaciones que tenemos no es otra que la de disponer de tiempo para... renovar nuestra propia condición de maestros... De esto tratamos en nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí


viernes, 21 de junio de 2019

¿Qué es un trabajo digno?



 Acaba el curso y a muchos jóvenes les toca decidir lo que van a hacer (y ser) en la vida. No es cosa baladí. La profesión que tenemos no solo es un modo de ganarnos el pan; también es la actividad por la que llegamos a ser quienes somos. A través de ella desarrollamos nuestras capacidades humanas, nos sentimos socialmente valorados y forjamos nuestra identidad proyectándonos y reconociéndonos en aquello que hacemos, esto es: transformando el mundo a imagen de nuestros deseos e ideales. Esto, al menos, idealmente.

¿Por que cuántas de las ocupaciones que nos ofrece el mercado permiten ese grado de realización personal? La verdad es que muy pocas. De ahí que – justificada, pero equivocadamente – muchos entiendan el trabajo como una maldición bíblica enemiga de toda auténtica experiencia de vitalidad. Nada más falso. Como también lo es que no haya trabajos u oficios objetivamente mejores o más dignos que otros.

Cuando comento esto con mis alumnos, me replican, escandalizados, con la consabida consigna: "todos los trabajos son igual de dignos, profe". “¿Todos?” – les pregunto yo – . “Bueno, todos los que son honrados o decentes” – dicen ellos –.  El trabajo, pues, y tal como reconocemos en seguida, posee un significado moral y, como tal, podemos y debemos valorarlo como bueno o malo, digno o indigno.

¿Y qué será, en general, un trabajo digno u honrado?... De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

viernes, 14 de junio de 2019

El amor duele


Desengáñense. Ese “amor” que nos venden como indoloro y falsamente respetuoso es solo mercancía, entretenimiento o turismo íntimo, pulido y depilado, placer anodino sin la menor tensión ni interés,  El amor de verdad duele. No hay dolor más profundo (ni fértil) que ese que nos procura. Y hay que enseñar a los chicos a aceptarlo – y a distinguirlo del mero maltrato –. Negar ese dolor es lo que acaba por generar frustración y violencia en aquellos que, como niños consentidos, no aceptan que sufrir (desear en vano, esperar sin esperanza, perder lo que creíamos ganado...) es parte del amor y de la vida... Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

miércoles, 5 de junio de 2019

Patera Experience


Hay tres cosas que se me resisten en las clases de Ética y Ciudadanía de Bachillerato. La primera es que los alumnos dejen de guiarse por lo que “se cuenta” en las redes. La segunda es que se avengan a dialogar – y no a competir como en un torneo de retórica o una trifulca en Twitter –  sobre asuntos sensibles (¿Para qué, profe? ¡No nos vamos a poner nunca de acuerdo!). Y la tercera es que no utilicen argumentos falaces, como generalizar a partir de un caso particular (“Pues yo conozco a uno que...”), apelar a las emociones (“Pues si es a tu hijo a quien matan...”) o descalificar a priori al que opina (“Es que tú no eres de aquí, o no eres mujer, o eres un facha...”).

Estas tres cosas volvieron a ocurrir el otro día, cuando algunos alumnos plantearon debatir sobre el “problema de la inmigración”. En cuanto les pregunté por qué les parecía que la inmigración era un problema, empezaron... los verdaderos problemas... Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

Más democracia y... ¿menos elecciones?


Es difícil no adoptar una posición cínica ante el reiterativo espectáculo de las elecciones. Las teatrales arengas – o monólogos humorísticos – de los mítines, los falsos debates televisivos (donde todo – temas, posiciones, réplicas... – está previsto y solo se espera con interés el error o la bronca), las declaraciones retóricas carentes de todo contenido, las vehementes tertulias en torno a nimiedades y escándalos... hacen sospechar a cualquiera que la verdadera política, si la hay, ocurre, secretamente, más allá de ese inacabable show mediático frente al que tratan de mantenernos, como a niños, en estado de excitación permanente. 

Lo grave, no obstante, es que esa actitud cínica se extiende al sistema entero. Porque la democracia no solo sufre una pérdida de prestigio en cuanto a su representación simbólica (sometida a los códigos y ritmos de los medios y redes sociales), sino también una profunda crisis de legitimidad y eficacia ligada, entre otras cosas, al descrédito de los partidos – las instituciones que, con diferencia, menos confianza generan en la ciudadanía –.

Existen sobradas razones para suponer una relación entre la falta de eficiencia del sistema y unos partidos que, en permanente campaña electoral, o en eternas negociaciones con otras fuerzas (o consigo mismos) para lograr, conservar o recuperar el poder, apenas tienen margen de maniobra para ocuparse de los problemas de la ciudadanía. De otro lado, la percepción de tales partidos como castas acomodadas y subordinadas a los grupos de influencia que, a cambio de favores, financian su incesante guerra mediático-electoral, está, innegablemente, en la raíz de la crisis de legitimidad de nuestras democracias. 

Por esto, resulta esperanzador recordar que el sistema electoral de partidos no es más que una forma posible – y mejorable –  de democracia. De hecho, si tomamos un poco de perspectiva, descubriremos que el sistema de partidos y elecciones fue adoptado, en los dos últimos siglos, como un freno al poder popular, desde la aristocrática idea de asegurar el gobierno a una élite de “ciudadanos distinguidos” entre los que el pueblo podría elegir (pero solo eso) a sus representantes. ¿Pero es todavía esta fórmula – la democracia representativa partidista y electoral – la mejor de nuestras opciones?... Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 


jueves, 23 de mayo de 2019

¿Patrocinar la justicia?


¿Es legítimo que el sistema de salud pública (es decir, el Estado) acepte donaciones privadas millonarias, como las de la Fundación Amancio Ortega, para financiar necesidades sanitarias? ¿Qué coste suponen al Estado y la sociedad aceptar estas donaciones?... Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer la noticia completa pulsar aquí


viernes, 17 de mayo de 2019

Chamanes


Sabemos que gran parte del éxito de nuestra especie se debe a la capacidad para articular las energías individuales en estructuras de cooperación social cada vez más amplias, tanto en el tiempo como en el espacio. La condición formal para esta expansión de la vida social serían nuestra extraordinaria memoria y lenguaje (la capacidad de desplazamiento simbólico más allá del aquí y el ahora – y de nuestro punto de vista, para poder penetrar la mente de otros – ). Pero la condición material es, sin duda, la generación de un patrimonio compartido de significados acerca del origen y el sentido del orden comunitario, de su prevalencia sobre los intereses individuales, del dominio del entorno, y de la estructura espiritual que lo legitimara todo en el contexto de una concepción cosmológica integral. Una legitimación del orden social que se da desde el momento – indica Lewis-Williams – en que la propia generación de significados o conocimientos (la mitología plasmada en las cuevas y objetos artísticos paleolíticos) recae no en todos – democráticamente – sino en una élite de chamanes o especialistas religiosos, conocedores de los procesos crípticos de generación de imágenes, y que, aliados (o detentadores ellos mismos) del poder político, convierten al resto de la población en un conjunto subordinado de “fieles”. 
No sé si se han dado cuenta, pero es probable que no hayamos salido aún de esa caverna – la misma que imaginaba Platón – en la que poderosos chamanes-artistas crean imágenes para la multitud. Los chamanes son, hoy, aquellos que con sus misteriosos algoritmos, sus secretas patentes y proyectos de investigación, o su masiva irradiación de representaciones, pasan por encima de nuestras cabezas haciéndonos confundir la sombra (de sus intereses) con la luz de un conocimiento compartido y sustentador de sentido.
Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí




martes, 14 de mayo de 2019

Seminario sobre “arte y poder” en el Ateneo de Cáceres.


El próximo miércoles 15, a partir de las 20 horas, prosigue en el Ateneo de Cáceres (C/General Ezponda, 9, junto a Plaza Mayor), el seminario“Arte y poder” que organiza la sección de Filosofía del Ateneo y dirige el profesor Víctor Bermúdez, quien presentará la ponencia titulada “El milenario poder de las imágenes”. En la conferencia se tratará acerca del origen del arte paleolítico y su significado social y político a la luz de las teorías de distintos filósofos o arqueólogos como David Lewis-Williams y otros. Tras la ponencia se celebrará el habitual debate con los participantes. Entrada libre hasta completar aforo.

jueves, 9 de mayo de 2019

Bolsonaro contra la filosofía


El rechazo de la filosofía como saber irrelevante (o impertinente) en Brasil (y otros lugares) no es solo cuestión de ignorancia. Ni de política. Es cierto que – especialmente en Latinoamérica – algunas facultades tienen fama de “subversivas” o “izquierdistas” (entre ellas las de Filosofía), y que el gobierno de Bolsonaro amenaza con una política educativa fascistoide (control ideológico de los profesores, régimen policial en las escuelas, retirada de fondos a universidades “conflictivas”). Pero ni la filosofía es, en rigor, de “izquierdas” (ni de “derechas”), ni ha dejado de ser relativamente tolerada por estados mucho más fascistas que el de Bolsonaro (muy conscientes de la eficacia de aquella cuando se la pervierte e instrumentaliza ideológicamente). 

Más que a simple ignorancia o motivos políticos, la impugnación de la filosofía obedece, en sentido amplio, a la expansión del espíritu pragmático y puritano de la cultura anglosajona. Ahí tienen, por ejemplo, la influencia cada vez mayor del evangelicalismo, no solo en Brasil (donde es la fuente reconocida de autoridad moral del gobierno de Bolsonaro), sino en toda Latinoamérica. Hay que recordar que, a diferencia de lo que ocurre en la tradición católica, las iglesias evangélicas – y, en general, protestantes – se fundan en una concepción radicalmente fideísta y anti-intelectualista de la religiosidad. A Dios – afirman – solo se accede a través de la fe (y no de razonamientos teológicos o representaciones sensibles). Consecuentemente, y a imagen del presunto cristianismo primitivo, el prototipo moral del evangelicalismo es el de una persona sencilla que se limita a trabajar, amar a los suyos, y satisfacer el resto de sus necesidades espirituales en el templo. “Ora et labora”. No hay más. La búsqueda del conocimiento per se es vana curiositas. Y la razón – como decía Lutero – la prostituta del diablo... Sobre todo esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 1 de mayo de 2019

El voto como ritual mágico


La única y modesta fuente de legitimidad que queda a los estados democráticos es el pequeño acto simbólico –y cuasi mágico– del voto («mágico» en cuanto ritual generador de la ilusión de un efecto real). Esto no quiere decir que el voto carezca de utilidad. El voto sirve, fundamentalmente, para legitimar a los estados democráticos y, a su través –y mientras sea precisa esa mediación–, al orden socio-económico e ideológico que se determina más allá de ellos. El rito del voto sirve, en fin, para legitimar un orden socio-económico e ideológico que, en el fondo, no ha votado nadie. ¿Pero se imaginan que –en justa correspondencia– nadie quisiera participar en la pantomima electoral? Una democracia puede pervivir en condiciones muy precarias, pero no con urnas completamente vacías. ¿Qué hacer para evitar ese riesgo? Una mala solución sería obligar a la gente a votar (como se hace en algunos países). ¿Pero y si se resisten? Hay una estrategia mejor: la de la crispación. Los fabricantes de bulos, que viven de ella, saben muy bien como generarla y aprovecharla. Los políticos profesionales también. La regla principal podría ser: «genera controversia, encona las posiciones, evita todo aquello que contribuya al consenso y al diálogo sensato, y producirás la sensación de que hay una apasionante (o, al menos, apasionada) vida política más acá de las determinaciones (e indeterminaciones) socio económicas internacionales y su administración burocrática e ideológica global».Esto es: crea usted que su voto para evitar el «fascismo» (o la llegada de las «hordas rojas») es poco menos que un acontecimiento histórico, o de que las decorativas políticas simbólicas y sociales de bajo coste que los partidos pueden poner en marcha (y que es, básicamente, lo que los distingue) van a determinar nuestro futuro o el de nuestros hijos. Si son ustedes capaces de creerse tal cosa, todo va como la seda... De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.