lunes, 8 de abril de 2013

¿Están alienados mis alumnos de secundaria?



Pensaba Marx que el hombre no nace, sino que se hace. Y se hace fundamentalmente a través de su trabajo, que es su hacer principal. Cuando no conocemos a alguien la pregunta típica es: "¿Y tú qué eres?" Todo el mundo entiende que se pregunta por la profesión o actividad principal. "Yo soy médico, jardinero, escritor, estudiante..."... El trabajo no solo proporciona autonomía económica, también, y sobre todo, identidad. Quién no hace nada no es nadie, ni para los demás ni para sí mismo. Con el trabajo desarrollamos nuestras capacidades humanas, nos expresamos y proyectamos socialmente, nos sentimos valorados, nos objetivamos en la obra producida, que es como un espejo en que reconocernos... En una palabra: nos realizamos como seres humanos. El mayor drama de la persona sin trabajo es sentirse insignificante, inútil, un "don nadie"...

Ahora bien. El trabajo es un instrumento de realización humana (dice Marx) solo cuando no es alienante. En caso contrario es causa de deshumanización y embrutecimiento. 

¿Qué es "alienación" (o "enajenación" como traducen algunos)? Es el estado, cabe decir espiritual, por el que uno no se reconoce a sí mismo en lo que hace, por el que se siente ajeno a su hacer, un hacer que no es, por tanto, un hacer suyo, sino de "otro", o mecánico, y desligado, en cualquier caso, de sí mismo. Como somos lo que hacemos, un hacer constantemente extraño a nosotros nos produce un extrañamiento íntimo: no estamos en lo que hacemos. El trabajo alienante, sin alma, nos deja vacíos, nos saca fuera de nosotros mismos, no empobrece y cosifica, no nos deja ser, nos roba la identidad...

Cuando Marx habla de alienación estaba pensando en los obreros industriales del siglo XIX. Todo trabajo consiste en dar forma a la materia para crear un producto final. Pero según Marx en el trabajo del obrero todo le es ajeno. La materia prima que trabaja no es suya. Tampoco los instrumentos de trabajo. Ni el trabajo mismo que realiza es suyo: ni lo elige ni planifica él (sino el patrón), ni expresa su subjetividad (es puramente mecánico), ni tiene otro interés que el beneficio de otro. Incluso si es algo interesante para él, el producto de su trabajo le es arrebatado y comercializado por aquellos que le pagan, pues el trabajo no es sino una mercancía más, sujeta a compra-venta, y no un modo de "realización personal". Para colmo las relaciones sociales que origina el trabajo del obrero son tan mecánicas e impersonales como el propio trabajo, con lo que la alienación es doble: económica y social.

Pues bien, para que mis alumnos comprendan todo esto de la alienación no tengo que complicarme nada la vida. Simplemente les pido que miren alrededor y después... ¡Qué se miren a sí mismos!

Muy a menudo el instituto donde trabajo me parece una cárcel (en los peores momentos un zoológico), pero durante estos días que estamos pensando sobre el marxismo me parece siempre una fábrica, un inmenso taller en el que a toque de sirena los obreros-alumnos ocupan sus pupitres enfilados frente a pizarras y ordenadores, mientras el patrón-profesor se pasea supervisándolo todo. 

Recuerdo después sus miradas perdidas al oír las lecciones, sus gestos mecánicos al escribir lo que les dictan, su resignado encorvarse sobre la hoja del examen diario, hora tras hora, semana tras semana, año tras año... Ni lo que hacen en cada una de esas horas de su vida es elegido por ellos. Ni (por lo general) las actividades de clase expresan su subjetividad o tienen relación con sus intereses reales. Ni sé si se esfuerzan realmente por sí mismos o más bien por otros, para satisfacer a otros, o para lograr las recompensas con las que han sido adiestrados por otros... 

¡Qué torpes los que los califican a veces de vagos! ¡¡Yo jamás he visto un alumno vago!! A los alumnos solo los conozco de dos clases: los que han aprendido ya a disimular su desinterés (o han sido educados en la marcialidad del esfuerzo sin preguntas), y aquellos, más sanos, que no saben disimular y se niegan, a las claras, a malgastar su energía en aquello que no les importa un rábano. Pero aún estos últimos están alienados. Están sin estar, malviviendo de la mínima ración de autenticidad que son la ensoñación en clase, las fugas clandestinas, las pequeñas bromas... 

Y para colmo también en las aulas se propicia la alienación social: la competencia entre alumnos, las relaciones no elegidas (disponiendo junto a quién se sientan "para que no hablen"), la segregación por notas o (en algunos centros privados) hasta la separación de sexos en aras del rendimiento. 

Al fin y al cabo los alumnos no son una excepción con respecto a otros productos del mercado. Se fabrican para que den rendimiento. Para que coloquen su currículo en e-bay, como últimamente se ha visto.

Sin duda que la escuela que tenemos es una excelente "educación para la vida"... Pero solo si asumimos que las cosas más nobles y humanas (la creatividad, la libertad, las relaciones desinteresadas con los demás, la realización mediante el trabajo vocacional, el placer del conocimiento...) son cosas inútiles e improductivas; que el trabajo es en general una maldición (de la que nos libramos cada viernes, aliviados); y que el estudio y el conocimiento son algo insufrible de lo que hay que escapar cuanto antes... Siempre que asumamos, en fin, que eso que nos quieren vender como lo "bueno" de la vida (el pan, el circo, el consumo...) está siempre a mano (un poquito menos en las crisis), sin otro coste que... ay, la vida misma.






10 comentarios:

  1. Hola Víctor, soy Francisco, ex-alumno tuyo. Sí, ese que tenía un blog de flamenco.

    Creo que, complementando lo que perfectamente escribes, cabe destacar que el concepto de escuela al que nos sometemos hoy es muy diferente al concepto originario.
    La escuela tal y como la entendemos hoy, no se basa en las propuestas de la antigua Atenas en donde se creaban espacios para la reflexión libre y el pensamiento autónomo, sino que parte del concepto que se desarrolló en el despotismo ilustrado.
    En ésta época (finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX), en la que se forjan las concepciones de escuela pública, gratuita y obligatoria, surge la escuela tal y como la entendemos ahora. Una escuela que fomenta la disciplina y la obediencia para crear a ciudadanos dóciles y productivos, súbditos del estado para perpetuar modelos elitistas.
    Esta es la escuela en sus orígenes y, en la actualidad, no ha evolucionado ni un ápice. Hoy día, sigue bebiendo de los dañinos conceptos que se forjaron en ésta época y tiende, como entonces, a obtener los mayores resultados observables con el menor esfuerzo posible.
    Los adultos, quieren conseguir lo que ellos quieren, de ahí que entren los premios y los castigos enmarcados en este sistema de modificación de conducta o economía de fichas, por ejemplo. O de simples negativos y positivos.
    Pienso, que si obligas a alguien, sea niño o no, a hacer cosas con las que no están para nada interesados, aunque se intente motivar extrínsecamente, a través de premios, notas, películas o salidas extraescolares, su necesidad puede ser otra, pero esta necesidad no se está atendiendo porque se le está obligando a hacer otra cosa totalmente diferente, con lo cual el alumno va perdiendo esa conexión con sus propias inquietudes y recursos y por lo tanto su fuerza vital. Estos sistemas operan manipulando las necesidades básicas.
    Siendo conocedor de esto, me veo en el deber de criticar que se sigan llevando a cabo estos modelos en los que los alumnos tienen que superar contenidos que no les interesan para superar barreras que otros imponen. En detrimento, cabe destacar, de un sistema basado en la libertad y en la igualdad, en una educación activa, integral y libre basada en el amor y el respeto en donde destaque la libertad del individuo, los compromisos asumidos desde la decisión colectiva, abierta y participativa, y los juegos como acceso al saber.

    PD: Espero que todo te vaya bien y que sigas siendo un gran profesor como cuando me dabas clases.

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  2. Hola Francisco, es un placer volver a saber de ti (y sí, claro que me acuerdo, y de tu blog también).
    Con respecto a lo que dices te doy totalmente la razón. Aunque hay que reconocer que el relato histórico que haces admite matices. No conviene idealizar lo que hacían los griegos (recuerda que esos que se reunían en torno a Sócrates --si los había y no era, en gran parte, un invento de ese poeta que era Platón-- eran una élite de ciudadanos libres sostenidos por una multitud de esclavos; que la mayoría de los niños no tenían ninguna educación, etc. De otro lado, tampoco era todo malo en el origen de la escuela. El objetivo de que todos puedan educarse, de erradicar el analfabetismo, de civilizar el mundo, etc., es una conquista irrenunciable. Sí es cierto, y en eso tienes toda la razón, que ese proyecto se desvirtuó en seguida (suele pasar con las utopías cuando empiezan a realizarse), y dio paso a una escuela-fábrica en la que se domestica o adiestra en lugar de educar. Pero no perdamos la esperanza. Hay mucha gente trabajando por hacer realidad un modelo educativo que atienda a los verdaderos intereses de las personas. Existen modelos escolares (como el finlandés y otros) mucho más sensibles a los avances de la pedagogía que el nuestro. Es cierto que estamos en un momento de involución, pero quizás la historia funciona así: dos pasos adelante, uno atrás (¿uno? Ojalá solo sea uno). Yo al menos confío en que, con gente como tu, y como muchos otros alumnos que tengo y he tenido, podamos ver pronto como se generaliza ese modelo de educación que describes y que sería la savia de un mundo mucho más digno de nuestros sueños que este.
    Un fuerte abrazo. Y espero también que te vaya todo muy bien. A ver si te pasas un día por el instituto y me cuentas.

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  3. Hola Víctor, soy Ismael, colega de Clásicas. Muchas veces esto que escribes lo he hablado con mis alumnos y les comparo las maneras que tenían Epicuro, Epicteto, Sócrates o Diógenes de "dar clase" con la que nosotros tenemos. Para su sorpesa, ven más humanidad en ese modelo de educación que en la impositiva y carcelaria rutina que llevan. Hace mucho que la educación dejó de ser un fruto del pensamiento y las relaciones humanas para convertirse en una herramienta de adoctrinamiento. ¿Podemos hacer algo para recrear ese ambiente de conocimiento y de verdadera skholé? Algo intentamos, pero tenemos muchos obstáculos... Enhorabuena por el blog y que siga el fuego liberando artículos como este.

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  4. Hola Ismael. Muchas gracias por tu comentario y tus parabienes. Vienen de perlas justamente hoy, casi la víspera de que se inicie el trámite de una ley educativa que nos lo va a poner aún más difícil para recrear ese modelo educativo con que soñamos. Aún así, ni yo ni muchos colegas como tú, vamos a dejar, seguro, de hacer todo lo que podamos y nos dejen para educar a personas tratándolas como a tales (¿Cómo si no?). El mejor estímulo (y casi el único) que vamos a tener es la aprobación sincera de nuestros alumnos; eso, y saber que el futuro van a ser ellos y que a la fuerza, y por eso, va a ser un poco mejor. Un cordial saludo.

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  5. Hola,
    soy profe de filosofía y comparto todo lo que expones. No se quien despertará las conciencias para que nuestra institución sea lo que aun es, un lugar de control y de pérdida de tiempo. El precioso tiempo de aquellos que están abiertos a los cambios, curiosos y alegres. Me recuerda el cuento del traje nuevo del emperador, todos ven que va en bolas pero nadie se atreve a ahablar, en nuestra institución pasa algo parecido, se calla, no se si por mala conciencia, por ignorancia o por interes. Un abrazo

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  6. Hola, Jordi y bienvenido. Tu pregunta es la mía. Tiendo a pensar que se calla fundamentalmente por ignorancia. La escuela es un reflejo de lo que demanda la mayoría, y esa mayoría y sus representantes creen saber que el modelo (que sufrimos) es sustancialmente el adecuado. Es más, creen saber también que la solución para los problemas educativos (según ellos los interpretan y detectan, en términos de resultados académicos puntuables, pruebas, etc.) es más de lo mismo (más disciplina y esfuerzo, currículos más cerrados y especializados, más exámenes, aulas repletas...). En tanto están convencidos de que la educación es lo que ellos creen, ni tienen mala conciencia ni intereses (para ellos) ilegítimos. Más todavía, y desde una actitud, a mi juicio, ignorante y retrógrada, los legisladores (y la sociedad, incluyendo a un buen número de nuestros colegas) han despachado el propio debate científico y filosófico sobre la educación como retórica vana. En gran medida, y valga la caricatura, "aprender" vuelve a ser memorizar el nombre de los ríos o los reyes. Poco se puede hacer frente a todo esto, salvo persistir en la crítica razonada. Máxime cuando las consecuencias de esta visión mísera y castrante de la educación no son para nada fáciles de exhibir según los modos estadísticos habituales. Un abrazo, y ánimo.

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  7. Eppur si muove! Estoy de acuerdo con lo que comentas, pero que los adminstradores-legisladores estén por otros temas no implica que los docentes no puedan levar a cabo cambios, ahí es donde más me duele, al ver como está el patio en los mismos institutos. Se reproduce la lógica del poder y resulta patético. Eppur si muove, y hay centros que están innovando, y alumnos que van tomando consciencia, y familias hartas de la conspiración de silencio. Gracias por el blog y la bienvenida!

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  8. Totalmente cierto, confirmo lo que dices, Jordi. Yo conozco algunos de esos grupos docentes, o compañeros a título individual, y también no pocas familias y grupos de ciudadanos, seriamente comprometidos con un ideal de educación libre de todo adiestramiento. Y, sobre todo, confío en los alumnos, hijos y amigos jóvenes de todos ellos, en sus manos, por suerte, y en parte, estará dar un paso más en la realización de ese ideal. Un abrazo.

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  9. Hola Víctor. Soy profesora de lengua de secundaria. Estoy totalmente de acuerdo con tu forma de ver la situación de los alumnos y, si me lo permites, voy a comentar con ellos esta entrada de tu blog. Me ha sucedido un asunto digno de reflexión. Por primera vez este año he decidido no mandar tareas y priorizar el trabajo en clase. Los apuntes los envío resumidos para el examen y les pido mínimos que, con mucho, superan lo requerido por la Selectividad. Dedico mucho más tiempo a debatir con ellos cuestiones relacionadas con el temario y a conocer la literatura también desde la música, el teatro, el cine...Cuando han comprendido que de todo eso no se les examinaba, me han pedido el tiempo de clase para estudiar la teoría aburrida, no experimentada y alienante que les envío por correo. Cuando te sales del sistema, piden a gritos volver a él. Ellos han reconocido que la clase era muy interesante, pero no "útil". Como docente, tengo ganas de hacerme el harakiri...¿Sería bueno?

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    1. Hola. No, no creo que sea bueno hacerse el harakiri. Solo les demostrarías que eres una romántica incurable :-). En serio: lo que dices es cierto (y bromeo para desahogarme porque también me pasa a mi). Ante esa actitud en los alumnos creo que debemos ser infinitamente comprensivos; al fin y al cabo es lo que la mayoría de los adultos (padres, profesores y la sociedad en general, con raras excepciones como es tu caso), le enseñan a diario: que la escuela es una dura prueba frente a la que han de mostrar fuerza de voluntad (aunque no entiendan nada), competitividad, y dotes excelentes en lo que se les impone para ser personas de "provecho". Por supuesto, nadie les pregunta a ellos que significa ser "provechoso" o "excelente", ni por lo que realmente les interesa o les hace felices... Lo único, a mi juicio, que cabe hacer es intentar convencerles, con el ejemplo, de que lo realmente útil es hacer cosas interesantes. Sin duda que ellos van a conservar vivo el recuerdo de una persona, como tú, que puede dedicar su vida a cosas realmente valiosas. Aunque te dirán, y con razón, que para poder hacer eso has tenido que pasar por lo que ahora les toca sufrir a ellos (cursos rutinarios, asignaturas odiosas, disciplina, oposiciones), y que para nosotros, que tenemos la vida ya hecha, es muy fácil decirles que se equivocan anteponiendo lo útil a lo interesante. Cuando a mi me dicen esto (o veo que me lo dicen cuando me miran), les tengo que dejar estudiar y, si es el caso, invitarlos a reunirnos fuera de la clase, cuando pasen los exámenes, a charlar de filosofía (y de lo que es realmente "útil" o no). Y algunos de ellos vienen, e incluso en ocasiones recuperamos parte de toda esa vida perdida en las aulas, y discutimos y planeamos como cambiar el mundo y... en fin, hacemos literatura... Yo confío en que alumnos como los tuyos, cuando pasen por el suplicio de las reválidas y las excelencias, y adquieran alguna responsabilidad, se acuerden entonces de profes con auténtica vocación como tú, y cambien las cosas. Si no confiara en eso, si que me haría el harakiri. Un cordial saludo.

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