Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura
En tiempos de incertidumbre y vacío los
humanos nos agarramos siempre al clavo de lo más primario. Es vieja ley de
vida. Guerreros hay como castillos que en las fatigas de la muerte llaman con
desconsuelo a la madre. Cuando la pena nos puede solemos buscar refugio en
afectos antiguos, en los rincones de la memoria, en el placer orgánico del
sueño... Frente al desconcierto reinante, tanto el populismo de derechas como
la izquierda fetén nos venden también esta vuelta a la primario. Unos, la
defensa fiera del terruño, la familia, la tribu, la patria, la tradición
milenaria, el Dios primero; otros, el más amable retorno a la naturaleza, el
aliento fraterno del pueblo, la pureza indígena, la vida austera y sencilla, la
reivindicación del cuerpo …
Suena estrambótico, pero no sé si todo
esto tiene algo que ver con la proliferación de animales domésticos. Dice la
prensa que hay más mascotas en los hogares extremeños (unas 420.000) que
habitantes en la provincia de Cáceres, y más, muchísimas más que niños y niñas
censados en la región. ¿Será que criar perros, gatos y otras adorables
criaturas es un proyecto familiar mucho más simple y natural que convivir con
personas humanas (no son excluyentes, ya lo sé, pero el dato es que cada vez
hay más gente sola viviendo con animales)? Tal vez la comunicación no sea
especialmente rica en esta vuelta de cara a lo animal, pero tal vez sea más
satisfactoriamente unidireccional; al fin, el perro siempre te da la razón, y
su apoyo es tan incondicional como el de una madre ...
Alguien podría objetar que esta afición
por cultivar el vínculo con los animales no casa con el castizo apoyo a la
tauromaquia o la caza que mantiene una amplia porción de ciudadanos. Pero para
mí que todo cuadra. Desde la perspectiva paleo tribal del populismo
conservador, perros y gatos siempre han sido fieles servidores del hombre, el
toro una bestia a sacrificar, y las alimañas del campo una diana sobre la que
demostrar las capacidades neandertales del intrépido cazador que, según dicen,
primariamente somos. Caza, sacrificio de bestias, retorno a la familia (aunque
consista en criar cachorros) … Todo esto (que me perdone Robe Iniesta)
significa hoy «volver a lo primario». Como también la persecución de «brujas
feministas», lo conversión de los inmigrantes en chivos expiatorios o el
rechazo a la cooperación internacional – ¿¡qué mayor solidaridad que la que
tengo con mi tribu… o mi perro!? –.
Creo, incluso, que este somero análisis
sobra. El anti-intelectualismo es otra condición de la vuelta a la inocencia
primera. Pensar poco es el camino de retorno al paraíso (perdido, ya saben, por
la sed de saber que inoculó la serpiente en esos benditos indígenas que eran
Adán y Eva). Para ser buenos, justos y felices no hace falta darle a la cabeza,
sino solo tener buen corazón, una firme voluntad y una fe ciega en lo que nos
ha sido revelado por Dios, la Historia o sus respectivos profetas. «Ora et labora
(et spectare "fútbol")». No hay más. Así que ya saben: vivan los
ladridos, los tiros, los toros y la Pachamama que nos parió…

No hay comentarios:
Publicar un comentario