martes, 14 de julio de 2026

Dar el cante 3. Los orígenes del flamenco (2ª parte).

 

Del romance de la monja al gaditano barrio de Santa María. Segunda y última parte del speech sobre la cocina originaria del flamenco en El Sol sale por el Oeste, de Canal Extremadura Radio. Con las historias de Puerto Hurraco, el español que hacía experimentos de física, la petenera huasteca, los bailes de candil, el golpe de estado de Lola Montez y el cómo los españoles nos hicimos muy flamencos y mucho flamencos gracias a Napoleón y otros guiris del montón.  

lunes, 13 de julio de 2026

La prioridad del miedo

 

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura.


Acojona ver la foto de una chica afroamericana rodeada de encapuchados supremacistas en el metro de Washington. Ocurrió hace unos días, durante las ceremonias con aroma a congreso de Núremberg con que Trump se ha celebrado a si mismo confundiéndose con la nación que preside. La milicia de encapuchados de la foto (el «Patriot Front») tiene el nombre, la pinta (virilidad, fiereza, determinación) y las mismas ideas (orden, pureza, tradición, prioridad nacional) que las de por aquí. Dan miedo y de eso se trata. Al día siguiente, esa especie de nuevo «duce» histriónico que es Trump llamó por teléfono al lacayo que dirige la FIFA para que le retirase una tarjeta roja a la estrella de su selección de fútbol, orden que el lacayo obedeció de inmediato.  

La libertad con que las nuevas generaciones del Ku Klux Klan desfilan por Washington o la desvergüenza con que Trump exhibe públicamente su poder no son ninguna bagatela. Cuando el miedo y la coacción se trasladan desde la tramoya a la escena misma de la representación política es porque han adquirido un valor simbólico y una función social incontestables, de manera que lo que antes ocurría en los márgenes de la ley y la moral comienza a normalizarse ahora en las calles, en los medios, en las escuelas, en las relaciones internacionales, laborales, familiares o afectivas… Es el triunfo de la política del miedo, probablemente acatada – dirán algunos – por miedo a algo peor. ¿Pero qué puede haber peor?

En nuestro país, los partidos mayoritarios han dado prioridad a esta política desde hace años. Dada la ausencia de una verdadera controversia ideológica (o dada su ineficacia en el competitivo orbe mediático), la estrategia ha consistido básicamente en meter miedo (o en multiplicar y canalizar el que ya hay). Miedo a la inestabilidad política, a la ruptura del país, a la resurrección del terrorismo, a la ocupación de nuestras casas, a la tiranía «woke», al comunismo tiránico, al fascismo redivivo, a la invasión inmigrante… 

Fíjense que el recurso al miedo es mucho más efectivo que el de los escándalos de corrupción (la otra pista del circo). El teatrillo de la indignación moral por la corrupción ajena solo arranca aplausos entre los fieles (¿Quién está aquí libre de pecado?), pero el miedo se lleva de calle al electorado más esquivo. La táctica de esparcir podredumbre solo te hace mirar a otro lado (al de la paja ajena), pero la de provocar miedo te deja ciego y necesitado de guía. 

Piensen, por ejemplo, en el miedo a los inmigrantes. La inmensa mayoría trabaja y cotiza igual o más que nosotros. La inmensa mayoría son latinos, tan "culturalmente" españoles o más que nosotros. La inmensa mayoría son más jóvenes y necesitan menos cuidados y servicios que nosotros. Y la inmensa mayoría – como es lógico – aspira a regularizar su situación y tener los mismos derechos que nosotros. ¿A que tenemos miedo, entonces? ¿A qué saturen los servicios sociales que ellos mismos sostienen? ¿A que nos dejen sin las viviendas que ellos mismos construyen?... ¿No sería más sensato dejar de votar a los partidos a los que los servicios sociales o la vivienda pública les traen al pairo? ¿Ven lo que les decía de la ceguera? Pues así todo. 

jueves, 9 de julio de 2026

Dar el cante 2. Los orígenes

 Seguimos dando el cante con la sección de flamenco en El Sol sale por el Oeste de Canal Extremadura Radio (todos los martes de 11.10  a 11.35). Esta semana nos hemos atrevido (ojú) a hablar de los orígenes del flamenco. Romances, moriscos, gitanos, seguidillas, fandangos indianos, guarachas... conforman desde el principio esa mezcla de mezclas que es el flamenco. Todo esto, acompañado del arte de Fernando de la Morena, el Chozas, Camarón, la Niña de la Puebla o Pepe el de la Matrona (entre otros), podéis escucharlo a través de este enlace.

martes, 7 de julio de 2026

«Españolización» climática

 

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura

Por si no lo saben, Europa acaba de sufrir una nueva ola de calor extremo con temperaturas jamás registradas en esta época del año. Una semana a cuarenta grados en países poco o nada acostumbrados al calor, como Alemania, Dinamarca o Polonia, ha obligado a regular horarios laborales, a suspender clases y a cerrar carreteras y líneas férreas. En buena parte de estos países los hospitales han colapsado durante varios días y la cifra de fallecidos – casi todos ancianos – supera con creces el millar.

Todo esto no representa, por lo demás, un episodio aislado. Europa es el continente que más rápido se calienta de todo el planeta, con un aumento térmico que duplica la media mundial y que, según la Organización Mundial de la Salud, ha matado a más de doscientas mil personas en los últimos cuatro años. Para colmo de males en ella proliferan partidos populistas que, como VOX, tachan de «fanatismo climático» las advertencias de la ONU y de miles de científicos con respecto al cambio climático, disparate que viene de perlas a las petroleras y que bloquea la acción política para frenar el desastre. Esta la cosa que arde…

Hasta el punto de que si los europeos quieren sobrevivir al calor van a tener que «españolizarse» – como quería Unamuno – a toda prisa y comenzando por los horarios, las siestas, las cenas y las persianas en las ventanas. El ministro francés de Trabajo ya ha anunciado un viaje de estudios (no es broma) para aprender el «spanish summer way of life»: ya saben, lo de trajinar por las mañanas, encerrarse durante el día y salir por las noches, a la fresca, a hacer vida social. Los bocazas que nos tildan de perezosos y vividores entenderán el porqué de la jornada continuada, las vacaciones escolares de dos meses (en otros países las tienen más largas, pero repartidas durante el curso) o el «cierre» administrativo del país durante la canícula. ¿Aprenderán también a tomarse las cosas con parsimonia cuando cae el sol a plomo, a beber gazpacho, a hacerse casas con patio, a quedarse hasta las tantas charlando en el velador o en la puerta de la calle mientras suena la tele y los niños zascandilean como murciélagos?…  

Quizás, pero con esto solo no basta. Para contener la crisis climática es preciso insistir en la reducción global de emisiones, la reforestación, la protección de los ecosistemas, la producción y el consumo sostenibles y, sobre todo, en una persistente educación ética en valores ecosociales; educación sin la que acabaremos sucumbiendo a la delirante ilusión de que aquí no pasa nada, de que no hay cambio climático que valga, y de que si lo hay ya emigraremos a Marte, excavaremos ciudades bajo tierra o le compraremos – a precio de oro – un trocito de Groenlandia a la familia Trump. Un delirio que – junto a nuestras pensiones – acabaran pagando los más jóvenes. Tal vez las próximas olas de calor les ahorren, al menos, uno de estos problemas. 

viernes, 3 de julio de 2026

Dar el cante 1. Flamenco y mestizaje

Hemos comenzado esta semana una sección sobre flamenco en las mañanas de El Sol sale por el Oeste, en Canal Extremadura Radio. Será todos los martes del verano de 11.10 a 11.35. Os dejo en este enlace el primero de los programas, dedicado a la historia mestiza del flamenco y en la que podéis escuchar curiosidades impagables, como una grabación histórica de Sabicas y el músico de rock Joe Beck o unos preciosos tangos amoriscados de Carmen Linares. Espero que os guste y os abonéis. 


viernes, 26 de junio de 2026

Volver a lo primario

 

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura

En tiempos de incertidumbre y vacío los humanos nos agarramos siempre al clavo de lo más primario. Es vieja ley de vida. Guerreros hay como castillos que en las fatigas de la muerte llaman con desconsuelo a la madre. Cuando la pena nos puede solemos buscar refugio en afectos antiguos, en los rincones de la memoria, en el placer orgánico del sueño... Frente al desconcierto reinante, tanto el populismo de derechas como la izquierda fetén nos venden también esta vuelta a la primario. Unos, la defensa fiera del terruño, la familia, la tribu, la patria, la tradición milenaria, el Dios primero; otros, el más amable retorno a la naturaleza, el aliento fraterno del pueblo, la pureza indígena, la vida austera y sencilla, la reivindicación del cuerpo …

Suena estrambótico, pero no sé si todo esto tiene algo que ver con la proliferación de animales domésticos. Dice la prensa que hay más mascotas en los hogares extremeños (unas 420.000) que habitantes en la provincia de Cáceres, y más, muchísimas más que niños y niñas censados en la región. ¿Será que criar perros, gatos y otras adorables criaturas es un proyecto familiar mucho más simple y natural que convivir con personas humanas (no son excluyentes, ya lo sé, pero el dato es que cada vez hay más gente sola viviendo con animales)? Tal vez la comunicación no sea especialmente rica en esta vuelta de cara a lo animal, pero tal vez sea más satisfactoriamente unidireccional; al fin, el perro siempre te da la razón, y su apoyo es tan incondicional como el de una madre ...

Alguien podría objetar que esta afición por cultivar el vínculo con los animales no casa con el castizo apoyo a la tauromaquia o la caza que mantiene una amplia porción de ciudadanos. Pero para mí que todo cuadra. Desde la perspectiva paleo tribal del populismo conservador, perros y gatos siempre han sido fieles servidores del hombre, el toro una bestia a sacrificar, y las alimañas del campo una diana sobre la que demostrar las capacidades neandertales del intrépido cazador que, según dicen, primariamente somos. Caza, sacrificio de bestias, retorno a la familia (aunque consista en criar cachorros) … Todo esto (que me perdone Robe Iniesta) significa hoy «volver a lo primario». Como también la persecución de «brujas feministas», lo conversión de los inmigrantes en chivos expiatorios o el rechazo a la cooperación internacional – ¿¡qué mayor solidaridad que la que tengo con mi tribu… o mi perro!? –.

Creo, incluso, que este somero análisis sobra. El anti-intelectualismo es otra condición de la vuelta a la inocencia primera. Pensar poco es el camino de retorno al paraíso (perdido, ya saben, por la sed de saber que inoculó la serpiente en esos benditos indígenas que eran Adán y Eva). Para ser buenos, justos y felices no hace falta darle a la cabeza, sino solo tener buen corazón, una firme voluntad y una fe ciega en lo que nos ha sido revelado por Dios, la Historia o sus respectivos profetas. «Ora et labora (et spectare "fútbol")». No hay más. Así que ya saben: vivan los ladridos, los tiros, los toros y la Pachamama que nos parió…

domingo, 21 de junio de 2026

Imaginarios de lo monstruoso. Política y poética del miedo

Hace unos meses, publicamos en la revista Paradoxa este artículo, en el que intentamos exponer tres ideas fundamentales. La primera es que el miedo es un elemento consustancial al poder político en todas sus formas. La segunda idea es que el miedo, para ser políticamente efectivo, ha de instrumentalizarse a través de un imaginario simbólico y un dispositivo teatral en los que resulta esencial la figura del monstruo, entendida como categoría estética en que se aúnan lo liminal, lo aleatorio, lo extraño y lo metamórfico. La tercera idea es que esta figuración política de lo monstruoso sirve, en la multiplicidad de sus expresiones, tanto para marcar los límites del orden como para regenerar la conformidad con el mismo a través de la experiencia ritual y temporal del desorden. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

viernes, 19 de junio de 2026

Educación e Inteligencia Artificial: debate con Carlos Magro y Guillermo Gevarsini


Aquí tenéis el creo que interesante debate sobre educación e IA que celebramos hace unos meses en la Fundación Uña, con Carlos Magro y Guillermo Gevarsini, invitados y moderados por Fátima Murciano. 




jueves, 18 de junio de 2026

¿Pero qué quieren los docentes, con lo bien que viven?

 


Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura

Los maestros y profesores llevan más de un mes de huelga indefinida o intermitente en Valencia y Cataluña, en Madrid amenazan con retomarlas tras el verano y en Extremadura ya veremos. Y aunque las protestas están siendo bien acogidas en general por la ciudadanía, se repiten los argumentos dirigidos a desacreditarlas. Analicemos los más comunes.

Uno muy llamativo, referido a nuestra tierra, es el que aduce que aunque los docentes extremeños cobran menos, viven en una región donde todo es más barato, así que, ¿para qué quieren más? Insólito razonamiento que, de llevarse a la práctica, obligaría a congelarle el sueldo a todo aquel – profesor, médico, policía, bombero… – que cumpliera con sus obligaciones en zonas de renta más baja. Como si el reto profesional de educar o curar enfermos en una región pobre fuera una bicoca, y lo que se ahorrara en vivienda no se gastara en compensar la falta de transportes, servicios médicos o universidades de prestigio. ¡Lástima no se hayan dado cuenta de esta «oportunidad» todos los funcionarios o empresarios que huyen despavoridos de la España vaciada!

Otro argumento trata de las ratios. Aunque solo sea por la bajada de la natalidad, ya hay menos niños por aula – se dice – que hace cuarenta años, así que ¿para qué reclamar mejores ratios? Este razonamiento parece sensato, pero no casa con la realidad educativa. Educar de manera integral e individualizada a una población escolar tan diversa y – social, psicológica y culturalmente – compleja como la de hoy es casi imposible aun en aulas con 25 o 30 alumnos. Las clases de la ESO no tienen nada que ver con las del viejo Bachillerato, cuando los grupos eran mucho más homogéneos y podías expulsar tranquilamente a quien molestaba o suspender sin más protocolo al que no mostraba interés. Atender ahora a seis o siete grupos, haciendo a la vez de profesor, psicopedagogo, asistente social, enfermero, orientador, educador cívico y vigilante de cada niño y niña, resulta inviable. Los profesores no demandan ratios más bajas para trabajar menos, sino sencillamente… ¡para poder trabajar!

Un tercer tópico es el que acusa a los profesores de pedir una reducción de jornada, cuando lo que en todo caso piden es una reducción de horas lectivas. El matiz es importante, porque todavía hay gente que cree que el trabajo de un profesor se reduce a sus horas de clase – algo tan ridículo como creer que el trabajo de un futbolista se reduce al partido del domingo –. Todos los docentes que yo conozco trabajan por las tardes, los fines de semana y, a menudo, durante las vacaciones escolares. No hay otro momento para preparar clases, evaluar, confeccionar material didáctico, actualizar conocimientos y ampliar la formación pedagógica (a los docentes de secundaria nadie nos paga semestres de investigación).

No dudo de que, como en cualquier reivindicación laboral, en la de los profes haya intereses corporativos, pero tampoco de que la inmensa mayoría de esos docentes está peleando para que educar a niños y adolescentes no sea una gesta heroica ni un simulacro administrativo, sino una tarea asumible, dotada con los medios necesarios y suficientemente reconocida. Tal vez así no haya que cazar a lazo a los que han de darnos el relevo.

 

jueves, 11 de junio de 2026

El papa, los modernos y la izquierda

 

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura


No sé si los diputados y diputadas que escucharon el magnífico discurso del papa en el Congreso se enteraron de gran cosa. Su tono y el modo de exposición – reposado, sistemático, argumentado – hacían presagiar lo peor entre gente acostumbrada a los gritos, la invectiva falaz y la demagogia populista. Y sin embargo algo trascendente debieron intuir sus señorías, pues casi todos parecían atentos y, salvo algún obispo, nadie se quedó dormido en el hemiciclo – es posible, incluso, que alguno despertara en algún estrato desconocido de lucidez –.

Y eso que el discurso, para ser protocolario, no fue fácil. Amén del obligado popurrí de temas de actualidad (la paz, la inteligencia artificial, la crisis climática, la inmigración…), el papa profundizó en el asunto de los asuntos: el del fundamento mismo de la política. Y lo hizo acudiendo a la que acaso sea la mayor contribución de nuestro país a la historia del pensamiento: la obra de los teólogos y filósofos de la Escuela de Salamanca.

En los tratados de Francisco Suarez o Francisco de Vitoria no solo se desarrollan conceptos clave de la filosofía política posterior (como el de «contrato social» o el del «derecho de rebelión») sino que, refundiendo el ecumenismo cristiano con el pensamiento griego, se sientan de modo riguroso las bases doctrinales del derecho internacional. Los filósofos de Salamanca representan lo más luminoso de una modernidad católica enraizada en el humanismo renacentista y en la unión armónica no solo de la fe y la razón, sino de la razón y los valores que sustentan la convivencia política; de ahí las referencias de León XIV a la dignidad y perfección humana en sentido clásico, a la educación crítica o al uso dialógico de la palabra pública como condiciones sustantivas de la libertad y la democracia.

Es un poco tramposo pero tentador contraponer la figura de León XIV, adalid quijotesco de esa modernidad católico-platónica que no pudo ser, con la de los telepredicadores evangelistas, símbolo mediático de la modernidad triunfante: aquella en la que, fruto de la escisión entre razón y fe, filosofía y ciencia, o valores y procedimientos jurídico-políticos, proliferaron el fideísmo fanático, el voluntarismo anti-intelectualista, el cientifismo tecnocrático, la demagogia populista y el realismo político (lo podemos ver encarnado de forma extrema en esa especie de telepredicador político que es Donald Trump).

De forma incomprensible, entre la modernidad católica y la protestante la izquierda ha apostado casi siempre por una versión «ilustrada» – materialista, procedimentalista y presuntamente no trascendente – de esta última, no quedándose con más opción para fundar su concepción de la dignidad y la libertad humanas que la sacralización romántica de entidades abstractas (el Pueblo, la Historia, la Naturaleza, la Vida…), o incurriendo en posiciones tan estrafalariamente incoherentes como la de Ione Belarra al justificar la ausencia de Podemos durante el discurso papal: «han convertido el templo de la democracia en una iglesia»…

Si lo que necesita, en fin, la derecha es una transfusión urgente de moralidad («una cosa es la política de los discursos y otra la política práctica», confesaba con cinismo Abascal tras aplaudir ardorosamente al papa), lo que necesitan las formaciones de izquierda son lógicos. Y a ser posible aristotélicos. ¡Lo que hubieran aprendido con el discurso de León XIV!

miércoles, 3 de junio de 2026

Violencia sin complejos

 

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.


Quiero recordar que durante un breve periodo histórico la violencia llego a convertirse en Occidente en una especie de tabú. No es que no existiera – estábamos en plena guerra fría –, sino que estaba mal vista. Era paradójico, pero bajo la sombra apocalíptica de los misiles nucleares se desarrollaron como nunca las instituciones mundiales, el derecho internacional, la alternancia civilizada entre socialdemócratas y liberales, la universalización de los derechos civiles (¡había que subrayar la diferencia con el enemigo soviético!), el pacifismo, las nuevas maneras en la pedagogía, la libertad sexual … Era la época en que la violencia se censuraba públicamente (aunque no siempre en el ámbito privado), en que se dejó de golpear a los niños en las escuelas, en que los «bobbies» ingleses se paseaban (creo que milagrosamente aún lo hacen) desarmados por las calles de Londres, en que los grandes partidos de fútbol se controlaban con unos cientos de policías (en la última final en París se desplegaron inútilmente más de treinta mil), y en la que se podía dormir en cualquier calle o estación de ferrocarril europea – yo lo he hecho cuando era un joven mochilero – con una completa sensación de seguridad…

Muchos, educados durante esa época excepcional, aún nos escandalizamos cuando un policía tira brutalmente al suelo a una maestra que se manifiesta pacíficamente, como ha ocurrido estos días en Valencia. ¿Pero cuánto más vamos a resistir? Las actitudes violentas están cada vez más extendidas y normalizadas. Lo podemos ver en el comportamiento de algunos líderes occidentales, en sus insultos y amenazas públicas, en su uso unilateral de la fuerza, en el genocidio de la población civil, en la práctica sin disimulos del crimen de Estado, o en la promoción de cuerpos parapoliciales – como el ICE en EE. UU – capaces de asesinar en mitad de la calle a personas desarmadas… Pero también lo notamos en nuestro modo de hablar y comunicarnos (especialmente en Internet), en la sustitución del diálogo por el espectáculo del combate retórico, en el «scroll» infinito de imágenes violentas en los móviles adolescentes, en la polarización y el odio visceral al oponente político, en la violencia contra las mujeres o en la exhibición de chulería e incivismo de hordas movidas por emociones identitarias, o por una especie de «neocasticismo anti-woke» que parece legitimarlos para atacar a inmigrantes, homosexuales, mujeres poco sumisas o ancianos desahuciables (que nos hayamos acostumbrado a ver a empresas de matones «desocupas» deambulando por los barrios y acosando a la gente es todo un síntoma de lo que digo) … No olvidemos lo espantosamente rápido y banal que puede ser el paso del tabú a la vulgarización de la violencia, del pedir a alguien que se aparte a empujarlo contra el suelo, del dar los buenos días al vecino que piensa distinto a pegarle un tiro en la nuca… A muy poco que le echemos un ojo a nuestra historia reciente deberíamos estar más que avisados sobre todo esto.

Por ello, no solo hay que volver a censurar todo ejercicio de violencia física, pública o privada, sino formar a los únicos a los que hemos concedido la potestad de usarla, esto es, a los profesionales de los cuerpos de seguridad del Estado, para que la empleen de modo exquisitamente escrupuloso; formación que compete, y mucho, a la educación pública que defendía la maestra estrellada contra el suelo por un agente que, obviamente, no estaba preparado para desempeñar su función.

sábado, 30 de mayo de 2026

¿Quién quiere ser docente?

 

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.


De vez en cuando me acuerdo de ese excelente malvado que era Walter White, el protagonista de la inolvidable “Breaking Bad”. Para quien no haya visto la serie, White es un profesor de química en un instituto público norteamericano que, para completar su escaso sueldo, trabaja lavando coches (algo perfectamente creíble en los EE. UU), hasta que, harto de fregar y bregar con adolescentes, y aquejado de una enfermedad grave y costosa de tratar (los USA no es tampoco un país para enfermos), decide convertirse en un exitoso productor de drogas sintéticas. Al fin – moraleja cínica, pero no del todo inconsecuente –¿quién va a querer ser un insignificante y pluriempleado profesor de secundaria pudiendo ser un rico y poderoso empresario, aunque sea en el negocio de las drogas? La cultura – como repetía Bart Simpson – es para fracasados...

Pienso en esto mientras veo en la tele a los docentes valencianos comenzar su tercera semana de huelga (la primera así en cuarenta años y por la que han renunciado ya, en solidaridad con los huelguistas, más de 250 equipos directivos), o a los catalanes, los aragoneses, las profesionales de Educación Infantil de toda España, los extremeños del CEIP Cerro Gordo… Todos ellos clamando no ya por un salario que no sea de risa (como los de las educadoras infantiles), o que no se devalue año tras año, sino por los recursos y medidas imprescindibles para poder trabajar en aulas mucho más complejas que las de hace medio siglo; aulas repletas de alumnos psicológica, cultural y socialmente diversos y con todo tipo de necesidades específicas; alumnos ante los que la mayoría de los profesores carece de la preparación, el tiempo y los medios requeridos para atenderlos; y alumnos – muchos – para los que, pese a todo, la escuela constituye casi el único lugar donde encontrar un último marco estable de sociabilidad, formación y afecto. 

Sobra decir que ha sido el esfuerzo vocacional de los docentes el que, hasta ahora, ha actuado como dique de contención de todos estos problemas y necesidades. Hasta que la suma incontable de tareas a asumir (experto en tal o cual área, pedagogo, terapeuta, asistente social, psicólogo-orientador, mediador familiar, tecnólogo, vigilante jurado, hablante bilingüe…), la carga burocrática con que se disimula la imposible atención real al alumnado, el trato con menores conflictivos con los que nadie sabe qué hacer, el desprestigio social de la profesión, o la complejidad actual de la tarea educativa (falta de códigos y referentes comunes, multiplicación de la diversidad, retos tecnológicos…), más la falta de recursos, las ratios y otros tantos factores (el asarse a casi 30 grados junto a 25 niños – como hoy – no es el menor), han incrementado la proporción de profesores quemados y han hecho de la profesión algo cada vez menos deseable.

Así estamos. La escuela se encamina a no ser más que un reflejo de la sociedad que andamos generando – cada vez más desigual, polarizada, carente de lazos comunitarios y de valores compartidos – , fiel al modelo social ultraliberal y meritocrático que retratan las series americanas. Un modelo en el que la educación pública es un gueto para clases medias empobrecidas del que nadie quiere ocuparse, y en el que la educación privada – parcialmente financiada en nuestro país con los fondos públicos que no llegan a la pública – se instituye como la vía natural para la perpetuación del poder y el “mérito” de las élites. Y al que no le parezca justo, o no quiera hacer huelga (nos diría un cínico liberal) que tenga los genitales emprendedores que hay que tener y haga lo mismo… que Walter White.

 

viernes, 22 de mayo de 2026

La milana y el ibis

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura.


Iba leyendo y temiéndome lo peor. Se trataba de la historia de Hel, un ibis eremita, un pájaro precioso, raro, idolatrado por los antiguos egipcios y de los más amenazados del mundo (desapareció de Europa en el siglo XVII). A Hel lo criaron en cautividad unos naturalistas austriacos que, con infinita paciencia y pasión, le enseñaron a migrar con un ultraligero de alas amarillas, el color con que vestían sus madres humanas adoptivas. Y volando fue como vino de Austria a Cádiz, con objeto de intimar con los ibis de una colonia de cría gaditana. Hel y el resto de la bandada austriaca hicieron buenas migas enseguida, y los investigadores estaban exultantes: años de ilusión y trabajo estaban dando sus frutos; el ibis eremita, con su cresta emplumada, su pico curvo inconfundible y el negro tornasolado de sus plumas, volvería a sobrevolar de nuevo la península, Europa, el Mediterráneo… Hasta que a Hel, alma de cántaro y de inquieto explorador, tras recorrer media Europa y la península entera sin percance alguno, se le ocurrió sobrevolar un coto extremeño. Nada más cruzar por Fregenal, un cazador decidió que la vida de ese pájaro estrafalario no valía la pena y que las escopetas – ¡qué coño! – estaban para pegar tiros…

La historia de Hel sucedió en octubre de 2023 y como en otras ocasiones no pasó nada: los tiradores se cubrieron entre sí y el responsable no tuvo lo que hay que tener para asumir lo que hizo. Más suerte tuvo el Seprona en el caso de Montemolín, en el que el escopetero de turno se cargó a plomillazos, desde la terraza de su casa, a otros cuatro ibis eremitas jóvenes (porque sí, porque algo había que matar esa tarde). A principios de este año la Audiencia Provincial de Badajoz le ratificó la condena de un año de cárcel y una indemnización de veinte mil euros. Lástima no se le prohibiera mirar el cielo y coger una escopeta durante los mismos veinte o treinta años que se tarda en desarrollar un programa de cría en cautividad.

La historia de Hel y de los ibis de Montemolín me recuerda el pasaje final de Los Santos Inocentes, la novela de Miguel Delibes prodigiosamente llevada al cine por Mario Camus. A veces pienso que los extremeños seguimos siendo como el pobre de Azarías, y que la milana a la que dispara el señorito representa el futuro de nuestra tierra. Porque lo ocurrido con el ibis eremita no es un caso aislado. Otras muchas especies amenazadas o en peligro de extinción (el milano real, el buitre negro, el águila imperial, el lince ibérico…) son tiroteadas con frecuencia por escopeteros indocumentados, mientras que otras más ( cigüeñas, golondrinas, vencejos, aviones…) reducen cada año su población por culpa de acciones humanas igualmente irresponsables, como destruir los nidos a los que retornan tras recorrer miles de kilómetros sin descanso (hace unos días se denunciaba en este periódico la destrucción ilegal de nidos en la Escuela Oficial de Idiomas de Almendralejo, el Instituto Maestro Juan Calero de Monesterio y el colegio público de Aliseda). Todo ello en una región a la que acuden ornitólogos y aficionados a las aves de todo el mundo y en la que, por las cambiantes circunstancias climáticas y la proliferación de regadíos, nos sobran mosquitos e insectos portadores de enfermades. Un día repararemos en la inmensa riqueza natural que estamos dilapidando, y nos acordaremos del truncado viaje de Hel por los cielos cada vez más desiertos de Extremadura.

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

IA y fraude académico

 

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura


La tecnología al servicio del fraude académico se ha vuelto tan compleja que profesores y alumnos empezamos a parecer agentes secretos. Imaginen estudiantes que durante los exámenes musitan palabras en clave a la medalla que llevan al cuello, toman microfotografías con el bolígrafo o reciben mensajes a través del nano pinganillo que llevan en el oído. Junto a ellos, visualicen profesores armados con sofisticados detectores de frecuencia haciendo barridos y escaneando a todo el que resulta sospechoso. No es una película de espías, sino el escenario de un aula cualquiera… ¡Y no solo del futuro! De la entrañable chuleta hemos pasado ya al collar inductor, la cámara oculta en el ojal, el pinganillo magnético, las gafas inteligentes…

Y cuidado, que estos nuevos métodos de hacer trampas no solo sabotean los métodos tradicionales de evaluación, sino el propio proceso de enseñanza, por innovador que este sea. Todavía con las viejas chuletas se aprendía a estructurar y sintetizar contenidos; pero abusar de máquinas que seleccionan y organizan por si mismas la información, responden y plantean preguntas, buscan opiniones y argumentos, comparan, traducen, sugieren y resuelven problemas… es algo que atrofia nuestras capacidades intelectivas y convierte el aprendizaje en un puro simulacro. Es cierto que esto ya pasaba – en cierta medida – con los profesores que se limitaban a dictar lecciones o con los libros de texto que te lo daban todo hecho, pero la mala educación que proporciona la IA (contagiando al alumnado de su propio remedo de inteligencia) es tan perniciosa que no sirve ni para promover la memoria. La IA solo beneficia a quienes son ya capaces de escribir, argumentar, analizar, comparar, traducir o cuestionarse las cosas por sí mismos; ellos sí pueden utilizar la máquina para sortear tareas burocráticas o para poner a prueba su propio trabajo. Pero ¿cuántos alumnos – incluyendo a los universitarios – están en esa situación?  

¿Y qué hacer ahora? Convertir a los profesores en ciber-policías armados de escáneres o expertos en programas y contraprogramas de detección no soluciona gran cosa. No solo porque los docentes no den más de si (recuerden que, además de expertos en tal o cual materia, ejercemos también de pedagogos, trabajadores sociales, psicólogos, enfermeros, animadores culturales, creadores digitales, educadores cívicos, hablantes bilingües, cuidadores, porteros, administrativos…), sino porque, como decíamos, la cuestión va mucho más allá de hacer trampas en exámenes o trabajos. ¿Entonces? En cuanto a la evaluación sería imprescindible apostar por una verdadera evaluación continua, más presencial, más individualizada, más interactiva (para todo lo cual se necesitaría una bajada drástica de ratios); y en cuanto al aprendizaje, la generalización de enfoques didácticos más motivadores, en los que se haga palpable el vínculo entre el desarrollo personal y las competencias intelectuales: el alumno debe tener claro que no se llega a ser una persona (en ningún sentido interesante de la palabra persona) permitiendo que una máquina piense por ti…  A ver si las administraciones educativas están a la altura, aunque sea pidiéndole a la IA que les sople alguna solución.  

Entradas por categorias

acontecimiento (1) acoso escolar (2) alienación (6) alma (7) amor (26) Antropología cultural (3) Antropología y psicología filosóficas (114) Año nuevo (6) apariencia (1) arte (56) artículos ciencia (9) artículos ecología (25) artículos educación (175) artículos educación filosofía (75) artículos educación religiosa (3) artículos estética (42) artículos Extremadura (8) artículos libertad expresión (17) artículos nacionalismo (9) artículos parasofías (3) artículos política (254) artículos prensa (70) artículos sexismo (24) artículos sociedad (48) artículos temas filosóficos (28) artículos temas morales (147) artículos toros (3) Ateneo Cáceres (21) belleza (4) bioética (13) Blumenberg Hans (1) bulos (3) Byung-Chul Han (1) cambio (1) carnaval (7) carpe diem (1) ciencia y religión (12) cientifismo (6) cine (2) ciudadanía (14) colonialismo (1) conciencia (7) conferencias (4) Congresos (2) constructivismo social (1) consumo (3) Conversaciones con el daimon: tertulias parafilosóficas (2) Correo Extremadura (49) Cortazar Julio (1) cosmopolitismo (1) creativamente humano. (1) Crónica de Badajoz (1) Cuentos filosóficos (21) curso 2017-2018 (1) Curso filosofia 2009-10 (1) Curso filosofia 2010-11 (47) Curso filosofía 2011-2012 (73) Debates en la radio (3) decrecimiento (3) Defensa de la Filosofía (46) deporte (7) derechos humanos (1) Descartes (1) desinformación (4) Día mundial de la filosofía (3) diálogo (8) Diálogos en la Caverna (19) Didáctica de la Filosofía (8) dilemas morales (17) Diógenes (1) Dios (4) dispersión (1) drogas (4) dualismo inmanentista (4) dualismo trascendentalista (1) ecología y derechos de los animales (37) economía (25) Educación (289) El País (5) El Periódico Extremadura (387) El Salto Extremadura (1) eldiario (32) emergentismo (2) emotivismo ético (2) empirismo (2) enigmas lógicos (4) entrevistas (7) envejecimiento (2) Epicuro (1) Epistemología (15) escepticismo (1) escritura (1) Escuela de Salamanca (1) espacio (1) España (1) Estética (99) Etica (11) Ética (231) eurocentrismo (2) Europa (3) evaluación (1) Eventos (1) existencialismo (3) falacias (5) familia (2) fe y razón (8) felicidad (9) feminismo (34) fiesta (4) Filosofía (32) Filosofía de la historia (6) filosofía de la religión (17) Filosofía del derecho (5) Filosofía del lenguaje (11) filosofía fuera del aula (1) Filosofía para cavernícolas en la radio (15) Filosofía para cavernicolas. Radio. (1) Filosofía para niños (5) Filosofía política (359) Filosofía social (62) filosofía y ciencia (21) filosofía y patrimonio (1) filósofos (1) flamenco (7) Gastronomía (1) género (21) Habermas (1) Hermeneútica (1) Hipatia de Alejandría (1) Historia de la filosofía (4) Historietas de la filosofía (2) horror (4) Hoy (2) Humano (1) Humano creativamente humano (4) Humor (9) IA (1) idealismo subjetivo (2) ideas (3) identidad (6) ilustración (1) Imagen y concepto (8) inmigrantes (14) inmortalidad (1) intelectualismo moral (5) inteligencia artificial (11) Introducción a la filosofía (30) Juan Antonio Negrete (5) juego (3) justicia (7) Kant (4) laicismo (1) legalismo (1) libertad (7) libertad de expresión (23) libros propios (3) literatura (2) Lógica (10) Los Simpsons (2) Marx y marxismo (3) matemáticas (4) materia y forma (5) materialismo (14) Medios de comunicación (612) meditación (1) memoria histórica (3) mente (8) metáfora (1) miedo (7) mito de la caverna (2) Mitos (12) modernidad (9) monismo inmanentista (10) monismo trascendentalista (2) monstruo (2) movimiento (1) muerte (5) multiculturalismo (3) música (5) nacionalismo (22) natalidad (1) naturalismo ético (5) navidad (12) Nietzsche (3) nihilismo (2) nominalismo (1) ocio (1) olimpiadas (2) Ontología (52) orden (1) Oriente y Occidente (1) Paideia (3) pansiquismo (3) Paradoxa (2) Paradoxa. (1) parasofía (2) Parménides (2) PDFEX (11) pensamiento catedral (1) pensamiento crítico (10) Pensar Juntos (1) platonismo (18) podcasts (1) positivismo (1) postmodernidad (2) posverdad (1) pragmatismo (3) Presocráticos (2) problema mente cerebro (6) progreso (1) prostitución (5) psicopolítica (20) publicidad (2) público-privado (2) racionalismo ético (3) radio (3) rap (2) Red Española de Filosofía (1) relativismo (4) religión (31) respeto (1) Reuniones en el cavernocafé (28) Revista Ex+ (2) romanticismo (1) ruido (2) salud mental (1) Schopenhauer (1) Semana santa (4) sentido de la vida (7) sexismo (20) sexo (4) Sócrates (3) sofistas (2) soledad (2) solipsismo (1) Taller estética (6) Talleres filosofía (5) teatro (9) tecnología (18) Teología (7) terrorismo (6) tiempo (3) tolerancia (1) Trascendentalismo (6) turismo (3) utilitarismo ético (1) Vacío existencial (1) viajes (2) violencia (23)

Archivo del blog

Cuevas con pasadizo directo

Cavernícolas

Seguir en Facebook