Seguimos dando el cante en la sección veraniega de flamenco de Canal Extremadura Radio (todos los martes del verano a partir de las 11). Hoy pasamos de la época de los cafés cantantes a la de los nuevos medios de comunicación. El gramófono, la radio y el cine van a ser nuevos canales de difusión, pero también de reconfiguración del arte flamenco. A la vez, se mantiene el flamenco más teatral y tonadillero de la llamada ópera flamenca y las grandes compañías de baile llevan el flamenco a Japón y a Hollywood, convirtiéndolo definitivamente en un fenómeno universal. Hablando de fenómenos no os perdáis los jaleos de El Mochuelo, los tangos y las alegrías de la Niña de los Peines al alimón con el Sexteto de Paco de Lucía y Estrella Morente, la milonga de Iván Chaskio (ganador del XIV Premio de Cante de Llerena), la voz de El Cartero de Osaka en el último gran tablao de Tokio y a la salvaje Carmen Amaya en una prestigiosa película de Rovira Beleta, entre otros...
Filosofía para cavernícolas
lunes, 17 de agosto de 2026
Miedo al esclavo joven
Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura y La Nueva España.
A qué mentir. Todos, hasta los más rojos o santos, hemos sentido miedo contemplando la avalancha de inmigrantes en Ceuta. La escena recordaba las series o novelas (o relatos políticos, ¿qué más da?) sobre el colapso civilizatorio, la caída del imperio y la llegada de los nuevos bárbaros, el asalto de esos miles de millones de zombis desarrapados que acampan tras nuestras murallas de alambre. Nos hacemos los longuis o los nazis, pero es purito miedo, porque sabemos que ellos están ahí, invisibles, como un oscuro clamor sordo, como un enjambre de parias que fuera a tomar mañana conciencia de su verdadero poder destructor.
Porque lo que nos da miedo no es la
cantidad de personas que llegan de golpe a una de nuestras ciudades (cualquier
pueblo costero es invadido cada viernes por avalanchas mucho mayores de
turistas); ni que la cultura que traigan sea tan diferente (la historia ha sido
siempre un continuo amancebamiento entre culturas); lo que de verdad nos
acojona es que sean pobres. Que sean pobres y jóvenes: eso sí que nos da
miedo.
Porque no es solo el esclavo el que teme
al amo. Los esclavos, los pobres, nos dan también mucho miedo («aporofobia» lo ha
bautizado la filósofa Adela Cortina). Nos dan miedo porque sabemos que tenemos
todo lo que a ellos les falta, y porque, diga lo que diga la ley, lo lógico
sería que se abalanzaran para quitárnoslo o, cuando menos, para obligarnos a
compartirlo. Lo sabemos porque en su caso querríamos lo mismo y porque, en el
fondo, sabemos que esa desigualdad no se debe a ningún mérito o justicia, sino solo
a la desgracia de nacer a uno u otro lado del muro.
Y si esos pobres son, además, jóvenes, como
en la avalancha de Ceuta, el miedo se convierte ya en pánico. Los esclavos
jóvenes tienen una energía que nos pone nerviosos, una viveza que nos irrita, y
una loca esperanza que nos llena de pavor. Da igual cuanto les castiguemos o
entretengamos. El deseo de subírsenos a las barbas y arrancarnos un trozo de
futuro es tan invencible como las mareas en las que viajan sus cadáveres. Y nos
aterroriza pensar que tal vez un día no podamos frenarlos o aplastarlos y vengan,
no ya por nosotros, sino por lo que creemos que es nuestro. Y si no fuéramos
tan profundamente egoístas (tal como seguramente serían ellos en nuestro caso)
deberíamos agradecerles que ese día nos liberasen al fin de este miedo
congénito y terrible a reconocer que no nos merecemos tener lo que, sin
merecerlo en absoluto, tanto les falta a ellos.
Dar el cante 6. Historia del flamenco (1): De Silverio a la decadencia de los cafés cantantes
Seguimos con la sección de flamenco en Canal Extremadura Radio, todos los martes del verano a partir de las 11. Hoy, ahondamos en los comienzos de la saga, contamos obra y milagros de ese conde de
Montecristo flamenco que fue Silverio Franconetti, además de darle un repaso al
antiflamenquismo de parte de la intelectualidad patria, y a la vieja, torpe y
falsa rivalidad entre cante payo y cante gitano. ¿O es que no saben que Don
Antonio Chacón le daba a la coca igual (quizás no tanto) que el Torta a la
heroína? No perderos los fandangos que dedica a los jueces el bueno del
Agujetas.
jueves, 30 de julio de 2026
Garrulismo «libertario»
Hay una plaga endémica de garrulismo libertario. Una tendencia imparable a mostrarse como un necio desconsiderado en nombre de un supuesto derecho natural a hacer lo que nos venga en gana. Es como una exacerbación del proverbial individualismo hispánico alimentado por la ola ultraliberal y trumpista que recorre el mundo y enraizado en un antiquísimo desprecio por el comportamiento cívico y el análisis intelectual.
Este libertarismo garrulo se expresa de muy diversos modos. El más evidente es el de la falta de educación. Ser maleducado está de moda. Hasta el punto de que te entran ganas de no salir de casa. Conductores circulando como si la carretera fuera suya; gente tirando basura y colillas por donde va (miren como están las cunetas y no precisamente de maleza); tipos fumando sin la más mínima consideración; motoristas poniéndote al límite del infarto con el ruido de sus escapes; perros sueltos o sin bozal; energúmenos que te obligan a escuchar sus gritos, conversaciones telefónicas o vídeos en el móvil; y personas de toda edad y condición que, de forma natural (ni siquiera intencionada), consideran el mundo como el patio de su casa y a sus congéneres como un simple medio (o estorbo) para el logro de sus fines. Es curioso que ante el más mínimo reproche, algunos de estos maleducados reaccionen no ya con violencia (que también) sino con incredulidad, como si fueran incapaces de comprender que los demás seamos algo más que extras en el decorado de su vida.
Otro ejemplo más grave y, desgraciadamente de plena actualidad, son los incendios forestales, la mayoría de ellos debidos a conductas irresponsables de sujetos que priorizan sus intereses sobre los del resto. «Háganse mis deseos, así arda el mundo», ese es su lema. De hecho, si consultan las estadísticas comprobarán que la inmensa mayoría de los incendios (incluyendo los que están devorando ahora mismo el centro del país) se deben a negligencias y prácticas ilegales por parte de individuos que van a su maldita bola. Es sorprendente por ello que algunos anden echando la culpa de estos catastróficos incendios al exceso de legislación medioambiental, cuando el problema es que algunos se pasan la ley (la misma que obliga también a limpiar oportunamente el monte) por el forro de… la capa española. ¿Se imaginan un país sin apenas educación cívica y, además, desregularizado?
Un último ejemplo significativo de garrulismo libertario es el de la relación con la ciencia, algo en que los españoles, salvo gloriosas excepciones, nunca hemos estado muy finos. Aquí, igual que en otras cosas, el garrulo confunde la libertad con creer lo que le sale de las narices. A ver, ¿quiénes son miles de científicos de todo el mundo, algunos de los cuales llevan varios decenios estudiando el cambio climático, para explicarme a mí (¡a mí!) nada? A este garrulismo de barra de bar le auxilia hoy el magnífico servicio de desinformación a medida que es Internet, en el que uno puede encontrar la mamarrachada indocumentada que precise para, sin necesidad de abrir un solo libro, artículo o informe, sustentar la tesis que quiera. ¿Esto es libertad? ¿No será, más bien, la apariencia de libertad con que la ignorancia disfraza a la más esclava y garrula de las pasiones: la de querer ser sin saber?
Dar el cante 5. Los palos flamencos
Seguimos con la sección de flamenco de El Sol sale por el Oeste, en Canal Extremadura Radio. Hoy resumimos en 30 minutos lo más esencial de los palos flamencos y sus cinco familias (tiene las mismas que la mafia de New York, ciudad flamenca donde las haya). Con la inestimable ayuda del pregón veraniego de Miriam Cantero y el cante de otros capos del flamenco: el Torta de Jerez, Edu Hidalgo, Agujetas, Paco Dávila, la Kaíta... Todos los martes de 11.10 a 11.40 dando el cante junto a Antonio León y Mané Bañegil.
martes, 28 de julio de 2026
Lo que todo el mundo sabe
Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.
Seamos claros. Todo el mundo sabe que en este país el nepotismo es un mal endémico, y que en todos los ámbitos, pero especialmente en la Administración, es habitual colocar o beneficiar a parientes, paisanos, compañeros de partido y amiguetes a los que se debe o de los que se espera obtener algún favor. Todos podríamos detallar veinte o treinta casos concretos. Todos sabemos también que el caso de David Sánchez es probablemente uno de ellos. Como también que si no llega ser quien es, aquí no hubiera pasado absolutamente nada. Nadie ignora tampoco que tras la condena a Sánchez (por dejarse enchufar), se va a seguir colocando y beneficiando a cuñados, conmilitones y amigos en la misma y exacta proporción que antes, porque en esto solo se denuncia a quien políticamente interesa, se sale del tiesto o se pasa de listo.
Todo el mundo sospecha también (aunque no
lo diga) que la inclasificable instrucción a Begoña Gómez no tiene más objeto
que el de procesar a la mujer del presidente del gobierno, y que por los mismos
difusos indicios por los que está imputada desde hace más de dos años se podría
igualmente imputar y procesar al cónyuge de casi cualquier otro alto cargo
político. Se puede matizar o discutir tal o cual cosa, se puede uno alegrar o
no, pero dudo que haya alguien mínimamente informado que no tenga esta sospecha
en la cabeza.
Y del mismo modo, y sea cual sea la
tendencia política de cada uno, todos sabemos que los partidos que se han ido
alternando en el gobierno poseen un grado parejo de corrupción (ni mucho ni
poco, sino más o menos el mismo que el de la sociedad a la que representan).
¿Hace falta dar nombres? (Ábalos, Koldo, Bárcenas, Zaplana, Matas, Rato…).
También sabemos perfectamente que tales partidos son estructuras dirigidas
básicamente a mantener u obtener el poder, y que el porcentaje de energía que
invierten en pensar, dialogar y gestionar recursos para resolver los problemas
de la ciudadanía es mínimo (no hay más que ver sus estrategias de
confrontación, ceñidas al descrédito del oponente – la falacia «ad hominem» –, en
lugar de a la evaluación y discusión de iniciativas).
Ahora bien: saber todo esto implica
también una gran responsabilidad. En una democracia no hay reyes o tutores
conduciendo a sus pupilos o súbditos, y ni los jueces ni los políticos deben
ser modelos o héroes morales, sino simples servidores o gestores de la
moralidad consensuada por los ciudadanos. Por ello, salir de este marasmo es
responsabilidad nuestra, de los titulares de la soberanía. Si no queremos enchufismo
endémico, activismo jurídico, corrupción política o partitocracia estéril,
hemos de hacer algo más que votar y participar de la ceremonia enajenante de la
polarización. Hay que exigir y proponer medidas (inflexibilidad frente al
nepotismo, cambios en el acceso a la judicatura, reformas obligatorias en la
estructura de los partidos, instituciones legislativas directamente controladas
por la ciudadanía …). En otro caso no quedara otra que confirmar lo igualmente
sabido por todos: que, políticamente hablando, no tenemos más que lo que nos
merecemos.
miércoles, 22 de julio de 2026
Dar el cante 4. ¿Qué es y qué no es flamenco?
¿Qué es y que no es flamenco? En esta nueva entrega de la sección flamenca de El Sol sale por el Oeste, de Canal Extremadura Radio, presentamos 8 criterios 8 para medirle los niveles de flamencura a todo lo que se precie. Con la inestimable ayuda del Niño de Elche, Enrique Morente, Juan Moneo, Tia Anica la Piriñaca y muchos más. Todos los martes de 11.10 a 11.40 dando el cante junto a Antonio León y Mané Bañegil. En portada el bailaor Vicente Escudero.
viernes, 17 de julio de 2026
Dejad a las cabras en paz
Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.
Todos los años por estas fechas (aunque cada vez más pronto) toca decir lo mismo: los incendios forestales no se producen porque el campo esté despoblado y haya un exceso de leyes medioambientales. Hace cuarenta años el campo estaba poblado, apenas había leyes medioambientales y se quemaban el doble de hectáreas que ahora. Normal: dado que la inmensa mayoría de los incendios forestales (busquen estadísticas oficiales) son provocados por quemas agrícolas, prácticas ganaderas, uso de maquinaria eléctrica, descuidos, vandalismo y otras acciones humanas, a más gente y menos leyes, más incendios. Es de cajón.
¿Es esto una apología de la despoblación? En absoluto. Es una apología de la ley. Es maravilloso que pueblos y campos estén poblados, siempre que a la vez existan procedimientos estrictos de control, gestión y protección forestal y, todavía más importante: que la gente los cumpla. Cuando algunos insensatos – de derechas o de izquierdas – afirman que el problema de los incendios es que no se permite hacer a los paisanos lo que han hecho toda la vida con el fuego (entre otra cosas – habría que añadir – quemar de vez en cuando el monte) están incitando de manera irresponsable a dejar de cumplir las leyes o, como decía hace poco un conocido diputado de Vox (el partido de la desregulación), a «cumplirlas al mínimo». Nadie niega que la gente de campo sepa de campo, pero eso no quiere decir que no puedan priorizar sus intereses particulares sobre el interés de todos. Justo para evitarlo es para lo que existen las leyes.
Y sí, es cierto que ahora hay más bosques con que cebar los incendios, y que esto es debido, en parte, al abandono de la ganadería y la agricultura tradicional (también a que ya no se utiliza la madera para todo, cosa que antaño mantenía pelados a los montes). Pero ese abandono no se debe a las políticas ambientalistas que «no dejan hacer nada», como repiten algunos, sino a que la agricultura mecanizada y la ganadería intensiva – que apenas generan empleo – son mucho más rentables que la agricultura y la ganadería tradicional; de hecho, estas se mantienen hoy (a duras penas) gracias a las políticas proteccionistas y las subvenciones orientadas a objetivos como los de la Agenda 2030 (incongruentemente satanizada, a veces, por los mismos a los que protege).
Así que dejen a las cabras en paz. El monte no se quema porque haya – como es natural que haya – matorrales o sotobosque (¿cuántos cientos de millones de cabras y miles de cabreros harían falta para convertir las sierras en una dehesa labrada o – ya puestos – en un desierto?). Los montes se queman porque faltan la educación cívica y la energía política para cumplir y hacer cumplir a rajatabla las leyes que obligan a respetar el patrimonio natural (recuérdese que más de dos tercios de los terrenos forestales son de titularidad privada), realizar tareas preventivas, dotar adecuadamente a los servicios públicos de prevención y extinción, y castigar con severidad a los delincuentes (sabios paisanos o no) que juegan indebidamente con fuego en un contexto cada vez más peligroso de cambio climático – ya saben: esa mandanga progre y «ecofanática» sostenida por el 99% de los climatólogos del mundo –.
martes, 14 de julio de 2026
Dar el cante 3. Los orígenes del flamenco (2ª parte).
Del romance de la monja al gaditano barrio de Santa María. Segunda y última parte del speech sobre la cocina originaria del flamenco en El Sol sale por el Oeste, de Canal Extremadura Radio. Con las historias de Puerto Hurraco, el español que hacía experimentos de física, la petenera huasteca, los bailes de candil, el golpe de estado de Lola Montez y el cómo los españoles nos hicimos muy flamencos y mucho flamencos gracias a Napoleón y otros guiris del montón.
lunes, 13 de julio de 2026
La prioridad del miedo
Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura.
Acojona ver la foto de una chica afroamericana rodeada de encapuchados supremacistas en el metro de Washington. Ocurrió hace unos días, durante las ceremonias con aroma a congreso de Núremberg con que Trump se ha celebrado a si mismo confundiéndose con la nación que preside. La milicia de encapuchados de la foto (el «Patriot Front») tiene el nombre, la pinta (virilidad, fiereza, determinación) y las mismas ideas (orden, pureza, tradición, prioridad nacional) que las de por aquí. Dan miedo y de eso se trata. Al día siguiente, esa especie de nuevo «duce» histriónico que es Trump llamó por teléfono al lacayo que dirige la FIFA para que le retirase una tarjeta roja a la estrella de su selección de fútbol, orden que el lacayo obedeció de inmediato.
La libertad con que las nuevas generaciones del Ku Klux Klan desfilan por Washington o la desvergüenza con que Trump exhibe públicamente su poder no son ninguna bagatela. Cuando el miedo y la coacción se trasladan desde la tramoya a la escena misma de la representación política es porque han adquirido un valor simbólico y una función social incontestables, de manera que lo que antes ocurría en los márgenes de la ley y la moral comienza a normalizarse ahora en las calles, en los medios, en las escuelas, en las relaciones internacionales, laborales, familiares o afectivas… Es el triunfo de la política del miedo, probablemente acatada – dirán algunos – por miedo a algo peor. ¿Pero qué puede haber peor?
En nuestro país, los partidos mayoritarios han dado prioridad a esta política desde hace años. Dada la ausencia de una verdadera controversia ideológica (o dada su ineficacia en el competitivo orbe mediático), la estrategia ha consistido básicamente en meter miedo (o en multiplicar y canalizar el que ya hay). Miedo a la inestabilidad política, a la ruptura del país, a la resurrección del terrorismo, a la ocupación de nuestras casas, a la tiranía «woke», al comunismo tiránico, al fascismo redivivo, a la invasión inmigrante…
Fíjense que el recurso al miedo es mucho más efectivo que el de los escándalos de corrupción (la otra pista del circo). El teatrillo de la indignación moral por la corrupción ajena solo arranca aplausos entre los fieles (¿Quién está aquí libre de pecado?), pero el miedo se lleva de calle al electorado más esquivo. La táctica de esparcir podredumbre solo te hace mirar a otro lado (al de la paja ajena), pero la de provocar miedo te deja ciego y necesitado de guía.
Piensen, por ejemplo, en el miedo a los inmigrantes. La inmensa mayoría trabaja y cotiza igual o más que nosotros. La inmensa mayoría son latinos, tan "culturalmente" españoles o más que nosotros. La inmensa mayoría son más jóvenes y necesitan menos cuidados y servicios que nosotros. Y la inmensa mayoría – como es lógico – aspira a regularizar su situación y tener los mismos derechos que nosotros. ¿A que tenemos miedo, entonces? ¿A qué saturen los servicios sociales que ellos mismos sostienen? ¿A que nos dejen sin las viviendas que ellos mismos construyen?... ¿No sería más sensato dejar de votar a los partidos a los que los servicios sociales o la vivienda pública les traen al pairo? ¿Ven lo que les decía de la ceguera? Pues así todo.
jueves, 9 de julio de 2026
Dar el cante 2. Los orígenes
Seguimos dando el cante con la sección de flamenco en El Sol sale por el Oeste de Canal Extremadura Radio (todos los martes de 11.10 a 11.35). Esta semana nos hemos atrevido (ojú) a hablar de los orígenes del flamenco. Romances, moriscos, gitanos, seguidillas, fandangos indianos, guarachas... conforman desde el principio esa mezcla de mezclas que es el flamenco. Todo esto, acompañado del arte de Fernando de la Morena, el Chozas, Camarón, la Niña de la Puebla o Pepe el de la Matrona (entre otros), podéis escucharlo a través de este enlace.
martes, 7 de julio de 2026
«Españolización» climática
Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura
Por si no lo saben, Europa acaba de
sufrir una nueva ola de calor extremo con temperaturas jamás registradas en
esta época del año. Una semana a cuarenta grados en países poco o nada
acostumbrados al calor, como Alemania, Dinamarca o Polonia, ha obligado a
regular horarios laborales, a suspender clases y a cerrar carreteras y líneas
férreas. En buena parte de estos países los hospitales han colapsado durante
varios días y la cifra de fallecidos – casi todos ancianos – supera con creces
el millar.
Todo esto no representa, por lo demás, un
episodio aislado. Europa es el continente que más rápido se calienta de todo el
planeta, con un aumento térmico que duplica la media mundial y que, según la
Organización Mundial de la Salud, ha matado a más de doscientas mil personas en
los últimos cuatro años. Para colmo de males en ella proliferan partidos
populistas que, como VOX, tachan de «fanatismo
climático» las advertencias
de la ONU y de miles de científicos con respecto al cambio climático, disparate
que viene de perlas a las petroleras y que bloquea la acción política para
frenar el desastre. Esta la cosa que arde…
Hasta el punto de que si los europeos quieren sobrevivir al calor van a tener que «españolizarse» – como quería Unamuno – a toda prisa y comenzando por los horarios, las siestas, las cenas y las persianas en las ventanas. El ministro francés de Trabajo ya ha anunciado un viaje de estudios (no es broma) para aprender el «spanish summer way of life»: ya saben, lo de trajinar por las mañanas, encerrarse durante el día y salir por las noches, a la fresca, a hacer vida social. Los bocazas que nos tildan de perezosos y vividores entenderán el porqué de la jornada continuada, las vacaciones escolares de dos meses (en otros países las tienen más largas, pero repartidas durante el curso) o el «cierre» administrativo del país durante la canícula. ¿Aprenderán también a tomarse las cosas con parsimonia cuando cae el sol a plomo, a beber gazpacho, a hacerse casas con patio, a quedarse hasta las tantas charlando en el velador o en la puerta de la calle mientras suena la tele y los niños zascandilean como murciélagos?…
Quizás, pero con esto solo no basta. Para contener la crisis climática es preciso insistir en la reducción global de emisiones, la reforestación, la protección de los ecosistemas, la producción y el consumo sostenibles y, sobre todo, en una persistente educación ética en valores ecosociales; educación sin la que acabaremos sucumbiendo a la delirante ilusión de que aquí no pasa nada, de que no hay cambio climático que valga, y de que si lo hay ya emigraremos a Marte, excavaremos ciudades bajo tierra o le compraremos – a precio de oro – un trocito de Groenlandia a la familia Trump. Un delirio que – junto a nuestras pensiones – acabaran pagando los más jóvenes. Tal vez las próximas olas de calor les ahorren, al menos, uno de estos problemas.
viernes, 3 de julio de 2026
Dar el cante 1. Flamenco y mestizaje
viernes, 26 de junio de 2026
Volver a lo primario
Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura
En tiempos de incertidumbre y vacío los
humanos nos agarramos siempre al clavo de lo más primario. Es vieja ley de
vida. Guerreros hay como castillos que en las fatigas de la muerte llaman con
desconsuelo a la madre. Cuando la pena nos puede solemos buscar refugio en
afectos antiguos, en los rincones de la memoria, en el placer orgánico del
sueño... Frente al desconcierto reinante, tanto el populismo de derechas como
la izquierda fetén nos venden también esta vuelta a la primario. Unos, la
defensa fiera del terruño, la familia, la tribu, la patria, la tradición
milenaria, el Dios primero; otros, el más amable retorno a la naturaleza, el
aliento fraterno del pueblo, la pureza indígena, la vida austera y sencilla, la
reivindicación del cuerpo …
Suena estrambótico, pero no sé si todo
esto tiene algo que ver con la proliferación de animales domésticos. Dice la
prensa que hay más mascotas en los hogares extremeños (unas 420.000) que
habitantes en la provincia de Cáceres, y más, muchísimas más que niños y niñas
censados en la región. ¿Será que criar perros, gatos y otras adorables
criaturas es un proyecto familiar mucho más simple y natural que convivir con
personas humanas (no son excluyentes, ya lo sé, pero el dato es que cada vez
hay más gente sola viviendo con animales)? Tal vez la comunicación no sea
especialmente rica en esta vuelta de cara a lo animal, pero tal vez sea más
satisfactoriamente unidireccional; al fin, el perro siempre te da la razón, y
su apoyo es tan incondicional como el de una madre ...
Alguien podría objetar que esta afición
por cultivar el vínculo con los animales no casa con el castizo apoyo a la
tauromaquia o la caza que mantiene una amplia porción de ciudadanos. Pero para
mí que todo cuadra. Desde la perspectiva paleo tribal del populismo
conservador, perros y gatos siempre han sido fieles servidores del hombre, el
toro una bestia a sacrificar, y las alimañas del campo una diana sobre la que
demostrar las capacidades neandertales del intrépido cazador que, según dicen,
primariamente somos. Caza, sacrificio de bestias, retorno a la familia (aunque
consista en criar cachorros) … Todo esto (que me perdone Robe Iniesta)
significa hoy «volver a lo primario». Como también la persecución de «brujas
feministas», lo conversión de los inmigrantes en chivos expiatorios o el
rechazo a la cooperación internacional – ¿¡qué mayor solidaridad que la que
tengo con mi tribu… o mi perro!? –.
Creo, incluso, que este somero análisis
sobra. El anti-intelectualismo es otra condición de la vuelta a la inocencia
primera. Pensar poco es el camino de retorno al paraíso (perdido, ya saben, por
la sed de saber que inoculó la serpiente en esos benditos indígenas que eran
Adán y Eva). Para ser buenos, justos y felices no hace falta darle a la cabeza,
sino solo tener buen corazón, una firme voluntad y una fe ciega en lo que nos
ha sido revelado por Dios, la Historia o sus respectivos profetas. «Ora et labora
(et spectare "fútbol")». No hay más. Así que ya saben: vivan los
ladridos, los tiros, los toros y la Pachamama que nos parió…



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