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viernes, 5 de febrero de 2021

A puerta cerrada y el existencialismo de Sartre

 

Hace unos días en La Gatera, el programa de Raquel Bazo y Javier Llanos en Canal Extremadura Radio, analizamos una obra maestra del teatro "existencialista": A puerta cerrada, de J. P. Sartre.

Podéis escucharlo aquí



El lugar de la filosofía en la educación en Radio Pinajarro

Aquí tenéis la magnífica entrevista sobre el lugar de la filosofía en la educación que nos hicieron los amigos de Radio Pinajarro, del IES Valle de Ambroz (Hervás), dentro del Proyecto Radio Edu,  Julio Murillo y Antonio Rol.



martes, 7 de noviembre de 2017

¡Nueva temporada de Diálogos en la caverna!



Comenzamos nueva temporada en DIÁLOGOS EN LA CAVERNA, el microespacio de filosofía de Radio 5 en Radio Nacional de España. Y lo hacemos con este impagable diálogo entre Tales, el primero de los filósofos conocidos, y un escriba egipcio, entre una nueva civilización que despunta (la griega, la nuestra) y otra que va muriendo. ¡No os lo perdáis! 


Con un maravilloso guión de Juan Antonio Negrete Alcudia, y las curtidas voces de Jonathan González Gómez, Inma Morillo y Víctor Bermudez Torres. A la producción, como siempre, el genial Antonio Blazquez.



viernes, 14 de octubre de 2016

Gilgamesh, la epopeya de la amistad y de la muerte.

La epopeya de Gilgamesh contiene ya profundas reflexiones acerca de la condición humana, en especial acerca de la amistad y la muerte. De esta historia trata nuestro último microespacio en Radio 5, que podéis escuchar aquí y leer y comentar aquí. 

viernes, 18 de marzo de 2016

Multiculturalismo.

¿Debemos respetar las costumbres de otras culturas (como la de llevar velo o burka) en nuestro propio país? ¿Es lo respetable o bueno algo universal o relativo a cada cultura?... Sobre esto nuestro nuevo programa de Diálogos en la Caverna en Radio 5, de RNE. Con las voces de Jonathan González GómezEva Romero, Chus García Fernandez y Víctor Bermúdez. A la producción Antonio Blazquez. Guión y dirección de Víctor Bermúdez, según idea original para Radio 5 de Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.
Para oír, leer y comentar, también en:http://dialogosenlacaverna.blogspot.com.es/…/multiculturali…

martes, 23 de febrero de 2016

Forma y sentimiento en el arte.




¿Es la belleza lo mismo que la proporción y la simetría? ¿O bien la belleza es la ruptura de todas las normas? ¿Es lo que nos diga la matemática y el intelecto, o lo que nos dice el sentimiento y el corazón…? Nuestro nuevo programa de Diálogos en la caverna, en Radio 5, de Radio Nacional de España, con las voces de Eva Romero, Maria Ruiz-Funes, Daphne de Turgalium, Chus García Fernandez y Victor Bermúdez. Guión de Juan Antonio Negrete. A la producción Antonio Blazquez
Para leer y comentar, también en: http://dialogosenlacaverna.blogspot.com.es/…/forma-y-sentim…

martes, 16 de febrero de 2016

¿Egoístas o solidarios?


¿Qué leyes y qué tipo de estado (liberal, republicano...) debemos y merecemos tener? ¿Dependerá de la concepción de la naturaleza humana (egoísta, solidaria) que tengamos? Otro de nuestros Diálogos en la Caverna, en Radio 5, de Radio Nacional de España. Con las voces de Jonathan González Gómez, Eva Romero, Daphne de Turgalium, Maria Ruiz-Funes, Chus García Fernandez, y Víctor Bermúdez. Guión de Víctor Bermúdez y Maria Eugenia Rodríguez Palop. Producción de Antonio Blázquez, sobre idea original para Radio 5 de Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.
Para leer y comentar, también en: http://dialogosenlacaverna.blogspot.com.es/…/02/crisantra.h…

Filosofía y ciencia


¿Se puede demostrar científicamente que todo lo que se puede demostrar se tiene que demostrar científicamente? Un nuevo diálogo cavernícola en Radio 5, con guión de Juan Antonio Negrete, y las voces de Jonathan González, Eva Romero, Laura Casado, María Ruíz-Funes, Chus García y Víctor Bermúdez. Antonio Blazquez a la producción.
Para leer y comentar, también en el blog diálogos en la caverna.

lunes, 8 de febrero de 2016

Trabajo y felicidad.


¿Por qué los alumnos aborrecen los deberes? ¿Por qué pensamos que para aprender y prosperar hay que sufrir? ¿Es el trabajo, necesariamente, algo odioso y maldito? ¿Es posible reconciliar trabajo y felicidad?... De todo esto trata nuestro último de capítulo de Diálogos en la caverna, de Radio 5, en Radio Nacional de España, una breve reflexión radiofónica, con guión de Juan Antonio Negrete y las voces de Jonathan González, Eva Romero, Laura Casado, María Ruíz-Funes, Chus García y Víctor Bermúdez. A la producción Antonio Blazquez. Para leer y comentar el programa puedes visitar nuestro blog Diálogos en la Caverna. 


viernes, 22 de enero de 2016

Nacionalismos.


¿En qué consisten realmente los nacionalismos? Una breve reflexión radiofónica en Diálogos en la caverna, de Radio 5, en Radio Nacional de España, con guión de Víctor Bermúdez, y las voces de Jonathan González, Eva Romero, Chus García y Víctor Bermúdez. A la producción Antonio Blazquez. Para leer y comentar el programa, puedes visitar nuestro blog Diálogos en la caverna.

domingo, 4 de octubre de 2015

Gracias a Dios, no somos una tribu gala. Nacionalismo y cosmopolitismo.

Personajes de Asterix y Obelix, de A. Uderzo y R. Goscinny
Texto publicado originalmente por el autor en El Correo Extremadura.


Recordábamos el otro día junto al escritor Jesús Sánchez Adalid (en Los sábados al Sol, el programa de Chus García en Canal Extremadura) el comienzo de su discurso tras recibir, hace unos años, la Medalla de Extremadura: “Gracias a Dios – dijo – , los extremeños no tenemos identidad”. Y por eso – añadió – “somos libres”. ¿Qué querría decir Sánchez Adalid con esto?... ¿De verdad carecen de identidad los extremeños? ¿Y por qué esto ha de hacernos más libres? Hablar de la identidad (es decir, de lo que somos) no es moco de pavo. Los antiguos griegos decían que no hay conocimiento más útil que el conocimiento de uno mismo. De saber lo que somos depende el saber de lo que nos conviene, y también de los derechos que nos es justo reclamar. Veamos.

La identidad humana posee múltiples aspectos. Es un asunto que va, desde luego, más allá de la simple identidad orgánica (esa que nos identifica con una especie animal y sus instintos). Más que código genético las personas tenemos un vasto “programa” de conductas aprendidas, que es el que conforma nuestra identidad cultural, haciéndonos partícipes de un determinado grupo social, de su idioma, sus tradiciones y creencias. Para el nacionalismo común este tipo de identidad representa algo fundamental. La comunidad cultural – se afirma – es el caldo donde se cuece la identidad personal; el individuo es, originariamente, un producto social. Por ello (y dado que en la metafísica nacionalista lo originario equivale a lo más importante) las personas son, fundamentalmente, parte de una nación o pueblo (son esencialmente españolas, catalanas, galas o saharauis). Que las personas sean parte esencial de una comunidad invita a pensar a algunos que, a viceversa, la comunidad también participe esencialmente de los rasgos que distinguen a una persona: la libre voluntad (en clave nacionalista: “nuestro modo especial de ser”) y el entendimiento (idem: “nuestro modo de interpretar el mundo”). Y que, por ello, los pueblos y naciones pueden erigirse en sujetos políticos soberanos (algo, por principio, restringido a las personas).

¿Y qué pasa con nosotros, estos extremeños, según Sánchez Adalid, sin identidad? ¿Es que no somos nadie? Lo que seguramente quería decir el escritor es que hay otros modos de ser persona, más allá de pertenecer a esta u aquella comunidad o aldea. Es más, diríamos nosotros: es que ser persona consiste, justamente, en liberarse de esa relación de pertenencia. El ser humano es infinitamente más que una suma de naturaleza y cultura. Posee una dimensión moral y racional que le empuja a valorar y pensar más allá de toda determinación genética o histórica. La única determinación esencial del hombre consiste en carecer, en origen, de una esencia determinada y, por eso, en estar condenado a buscarla. Desde esta perspectiva, la identidad humana no es un ser ni un estar (ni un ser que se defina por su estar en ningún sitio), sino un hacerse siempre inquieto. La identidad, en lo seres que se saben incompletos, no es un principio estático, sino dinámico; un deseo de identificarte con lo que te es extraño pero que, si lo miras sin demasiado miedo (o con algo de amor), te acaba desvelando ese fondo entrañable que eres tú mismo. Sumar identidades es nuestra forma de crecer. Y cuanto más otro y extraño sea aquello que asimilamos, más y mejor nos engorda el alma. Amar tu tierra está bien, pero amar, tanto o más, la tierra de tus antípodas te hace mucho mejor persona.

Ahora bien, si la identidad de los seres humanos consiste, esencialmente, en esa capacidad de valorar y pensar que les empuja a buscarse en los demás (en formas de vivir que, por extrañas, obligan a evaluar y enriquecer la nuestra; y en razones que, por contrarias, obligan a pensar y mejorar las propias), entonces todos los seres humanos somos iguales. No ya solo porque la capacidad de valorar y pensar (es decir, la capacidad moral y racional) sean comunes a todos los hombres (seamos de donde seamos y hablemos el idioma que hablemos), sino también en cuanto se supone que, para desarrollar nuestro mundo de valores y de ideas, la diferencia no es el término de la identidad humana (como afirma el nacionalista), sino solo el comienzo y el motor de su búsqueda.

Si todos los hombres somos esencialmente iguales, a todos deben corresponderles los mismos derechos y el mismo grado de soberanía política. Restringir esta igualdad en nombre de diferencias y derechos atribuibles a entidades (como los pueblos o naciones) que no solo no son personas, sino que ni siquiera representan rasgos relevantes para la identidad de las mismas, es irracional e inmoral. La justificación del nacionalismo liberal (el originario) no es más que la transferencia de poder y riqueza hacia nuevas élites económicas (legitimada bajo ciertos mitos edénicos). La justificación del (presunto) nacionalismo de izquierdas es (para regocijo de aquellas élites) no más que una increíble confusión entre esos mitos y la realidad, entre las personas y sus orígenes, entre el Pueblo y “mi pueblo”. La justicia es un asunto moral y, por tanto, de personas. Pero los pueblos no tienen moral, tienen costumbres (y la costumbre es solo el referente originario – no el importante – de la palabra “moral”).

A la luz de este cosmopolitismo alérgico a nacionalismos, y que aún sueña con una humanidad sin fronteras ni naciones, es como hay que entender la expresión de Sánchez Adalid: “Gracias a Dios, los extremeños no tenemos identidad (…)”. Al fin y al cabo, el cosmopolitismo es una suerte de ecumenismo secularizado (Jesús es también sacerdote). Y este, el ecumenismo cristiano, una (con)versión evangélica del humanismo griego. Ese del que aún no hemos acabado de convencer (quizás estábamos muy ocupados colonizándolos) a Asterix y Obelix, esos simpáticos galos independentistas.




lunes, 10 de noviembre de 2014

Vacío existencial.

¿Habrá algo más típico de un domingo que el VACÍO EXISTENCIAL? La encantadora Amaya Prieto nos hizo esta entrevista sobre el tema justo el domingo pasado, en su Viaje al Centro de la noche, de Radio Nacional, un programa que apuesta por la reflexión filosófica.


La noción de “vacío existencial” denota cierta idea de lo que es la condición humana, sobre todo, del hombre contemporáneo. Y más modestamente, un estado anímico y moral que se deriva de lo anterior.

El vacío existencial es lo que puede experimentar uno cuando es consciente de que su existencia está carente de objetivos, de ideales, de valores objetivos. Cuando no sabe por qué y para qué vive. Cuando experimenta su vida como algo absurdo y carente de sentido.

Esto es fruto del materialismo y el nihilismo contemporáneos. La tesis materialista es que la realidad es la materia, el universo físico que habitamos. Un universo que no tiene causa ni finalidad ninguna. Existe por que sí, y para nada. De hecho, el universo parece abocado a la destrucción. Y nosotros con él. La realidad es así: parece ser algo que aparece y desaparece sin más, sin ningún motivo ni fin aparente. La vida, igual. Los seres vivos son producidos por ese proceso azaroso que es la evolución, y de la misma manera que aparecen se acaban extinguiendo. Todo está sujeto al tiempo, incluso el propio tiempo. Nada es necesario ni imprescindible. Todo podría ser o no ser. Todo esto nos presenta la realidad entera como algo absurdo. Lo absurdo es lo que ocurre sin por qué ni para qué. Como se supone que somos parte de ese mundo, también nuestra propia vida parece absurda, gratuita. ¿Por qué estamos aquí? Por nada en especial, por un azar evolutivo. ¿Para qué? Para la nada, para la muerte. Todo se lo lleva el tiempo. Nada es relevante. Todo es pasajero. Esto incluye a los valores, los ideales, los propósitos. ¿Para qué empeñarse entonces en algo? ¿Para qué hacer proyectos a gran escala? ¿Para qué luchar por algún ideal? Todo lo que hagamos está condenado al olvido. Todo vuelve a la nada de la que partió. No hay nada por lo que merezca dar la vida. Solo hay eso, vida, pero vida insignificante, vacía. La frase de Nietzsche “Dios ha muerto” significa eso: ya no creemos en valores absolutos, en nada trascendente o eterno. Ninguna verdad es absoluta, ningún valor es absoluto u objetivo, no hay nada objetivamente mejor o peor. Da igual lo que hagas, te vas a morir igual, la muerte iguala todo, lo indiferencia y deforma todo. Así que, ¿para qué actuar? Sin Dios, el hombre se ha quedado solo frente a si, solo e insignificante, tiempo en el tiempo, como una estela en la mar, decía el poeta. Vacío. No hay nada que lo trascienda, que tire de él hacia arriba (no hay arriba ni abajo), que lo haga crecer y desarrollarse. ¿Hacia donde habría de crecer? No hay fin, meta, misión alguna para la vida.

Esta falta de sentido genera apatía, indiferencia moral. También bloqueo y angustia. Y, a veces, una especie de búsqueda desesperada de evasión, de inconsciencia, con objeto de no pensar (sentir, drogarse, entretenerse continuamente, ver la tele, irse de compras, estar siempre fuera de sí)... 

De otro lado, hay gente que se entrega a la religión, a las creencias mágicas, a las sectas, a la religiosidad new age (el ocultismo, las creencias esotéricas, las sabidurías orientales, las terapias psicológicas, la adoración de la naturaleza, etc.), en un intento de llenar su vida.

Para algunos filósofos existencialistas, el hombre debe asumir esta condición finita, trágica, absurda, con valor y consciencia, y eso es lo grandioso, lo heroico en el. Luchar como si la lucha tuviera sentido, sabiendo que no lo tiene. Apasionarse, aún sabiendo que esa pasión es inútil. Volver a cargar una y otra vez, heroicamente, la piedra de Sísifo. Tomarse la vida en serio, aun sabiendo que no es más que un juego que, visto desde fuera, no tiene ningún sentido...

Según Nietzsche, hay que asumir el absurdo, entregarse a él. La vida es un cuento lleno de ruido y furia contado por un idiota, decía Shakespeare. Y eso es lo que hay que valorar. No vivir en ilusiones ni mentiras. Si la vida es una locura, vivir locamente. Aprovechar que nada tiene sentido para inventarlo tu, para crear cada mañana tus propios valores, como un pequeño dios, afirmándote en tu poder creador, disfrutando de la vida irreflexivamente, como un niño.


Desde otra perspectiva, también muy filosófica (aunque empapada de sociología y psicología), el vacío existencial es producto no solo de la falta de Dios (valores, verdades, ideales trascendentes al tiempo), sino del triunfo de una cultura alienante y deshumanizadora, que nos vacía por dentro. La sociedad industrial, decía Marx, convierte al hombre en un mecano, un mero productor de mercancias que ni le van ni le vienen, que no expresan sus intereses, deseos ni necesidades. El hombre, dice Marx, es lo que hace, se realiza con el trabajo. Pero solo si el trabajo es expresión de si mismo. ¿Pero como va una cajera, el obrero de una cadena de montaje, etc., a expresarse a si mismo así? ¿Qué le puede importar a un ser humano hacer un tornillo detrás de otro? Como resultado no estás en lo que estás en tu trabajo, estas fuera de ti, en lo otro que tu, alienado, eres un alienígena, un extraño para ti mismo. Y en tu tiempo de ocio haces lo mismo: te enajenas, te sigues embruteciendo, buscas la inconsciencia, el entretenimiento, el consumo, que es también mecánico, rutinario, embrutecedor. Tanto el trabajo como el ocio te convierten en un ser pasivo, dirigido, incapaz de dirigir tu vida, de crear, de desarrollar y expresar tu individualidad. Te conviertes en un individuo homogéneo y, además, aislado. También las relaciones sociales son deshumanizantes, alienantes, sujetas al mercado, competitivas, mercantilizadas. Tanto tienes tanto vales. No importa lo que eres. Da igual que estés vacío por dentro. O mejor, no da igual. Es mejor, porque así resulta rentable la industria que se ocupa de llenar continuamente tu tiempo con entretenimiento...



lunes, 30 de septiembre de 2013

Viaje al centro de la noche. Filosofía para cavernícolas en Radio Nacional.

La periodista y cavernícola Amaya Prieto nos hizo el pasado sábado una deliciosa entrevista para el programa Viaje al centro de la noche, de Radio Nacional. No os la perdáis. Es la primera media hora del programa que tenéis aquí enlazado. Darle desde aquí las gracias a ella y a todo su equipo, incluyendo a los miembros de la redacción en Mérida (especialmente a Nono Blázquez), por apostar por un programa sobre filosofía, que recomiendo escuchéis entero. Fue un placer conversar a la tibia luz de las palabras en esa parecida penumbra que son la caverna y la radio...



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