sábado, 30 de mayo de 2026

¿Quién quiere ser docente?

 

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.


De vez en cuando me acuerdo de ese excelente malvado que era Walter White, el protagonista de la inolvidable “Breaking Bad”. Para quien no haya visto la serie, White es un profesor de química en un instituto público norteamericano que, para completar su escaso sueldo, trabaja lavando coches (algo perfectamente creíble en los EE. UU), hasta que, harto de fregar y bregar con adolescentes, y aquejado de una enfermedad grave y costosa de tratar (los USA no es tampoco un país para enfermos), decide convertirse en un exitoso productor de drogas sintéticas. Al fin – moraleja cínica, pero no del todo inconsecuente –¿quién va a querer ser un insignificante y pluriempleado profesor de secundaria pudiendo ser un rico y poderoso empresario, aunque sea en el negocio de las drogas? La cultura – como repetía Bart Simpson – es para fracasados...

Pienso en esto mientras veo en la tele a los docentes valencianos comenzar su tercera semana de huelga (la primera así en cuarenta años y por la que han renunciado ya, en solidaridad con los huelguistas, más de 250 equipos directivos), o a los catalanes, los aragoneses, las profesionales de Educación Infantil de toda España, los extremeños del CEIP Cerro Gordo… Todos ellos clamando no ya por un salario que no sea de risa (como los de las educadoras infantiles), o que no se devalue año tras año, sino por los recursos y medidas imprescindibles para poder trabajar en aulas mucho más complejas que las de hace medio siglo; aulas repletas de alumnos psicológica, cultural y socialmente diversos y con todo tipo de necesidades específicas; alumnos ante los que la mayoría de los profesores carece de la preparación, el tiempo y los medios requeridos para atenderlos; y alumnos – muchos – para los que, pese a todo, la escuela constituye casi el único lugar donde encontrar un último marco estable de sociabilidad, formación y afecto. 

Sobra decir que ha sido el esfuerzo vocacional de los docentes el que, hasta ahora, ha actuado como dique de contención de todos estos problemas y necesidades. Hasta que la suma incontable de tareas a asumir (experto en tal o cual área, pedagogo, terapeuta, asistente social, psicólogo-orientador, mediador familiar, tecnólogo, vigilante jurado, hablante bilingüe…), la carga burocrática con que se disimula la imposible atención real al alumnado, el trato con menores conflictivos con los que nadie sabe qué hacer, el desprestigio social de la profesión, o la complejidad actual de la tarea educativa (falta de códigos y referentes comunes, multiplicación de la diversidad, retos tecnológicos…), más la falta de recursos, las ratios y otros tantos factores (el asarse a casi 30 grados junto a 25 niños – como hoy – no es el menor), han incrementado la proporción de profesores quemados y han hecho de la profesión algo cada vez menos deseable.

Así estamos. La escuela se encamina a no ser más que un reflejo de la sociedad que andamos generando – cada vez más desigual, polarizada, carente de lazos comunitarios y de valores compartidos – , fiel al modelo social ultraliberal y meritocrático que retratan las series americanas. Un modelo en el que la educación pública es un gueto para clases medias empobrecidas del que nadie quiere ocuparse, y en el que la educación privada – parcialmente financiada en nuestro país con los fondos públicos que no llegan a la pública – se instituye como la vía natural para la perpetuación del poder y el “mérito” de las élites. Y al que no le parezca justo, o no quiera hacer huelga (nos diría un cínico liberal) que tenga los genitales emprendedores que hay que tener y haga lo mismo… que Walter White.

 

viernes, 22 de mayo de 2026

La milana y el ibis

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura.


Iba leyendo y temiéndome lo peor. Se trataba de la historia de Hel, un ibis eremita, un pájaro precioso, raro, idolatrado por los antiguos egipcios y de los más amenazados del mundo (desapareció de Europa en el siglo XVII). A Hel lo criaron en cautividad unos naturalistas austriacos que, con infinita paciencia y pasión, le enseñaron a migrar con un ultraligero de alas amarillas, el color con que vestían sus madres humanas adoptivas. Y volando fue como vino de Austria a Cádiz, con objeto de intimar con los ibis de una colonia de cría gaditana. Hel y el resto de la bandada austriaca hicieron buenas migas enseguida, y los investigadores estaban exultantes: años de ilusión y trabajo estaban dando sus frutos; el ibis eremita, con su cresta emplumada, su pico curvo inconfundible y el negro tornasolado de sus plumas, volvería a sobrevolar de nuevo la península, Europa, el Mediterráneo… Hasta que a Hel, alma de cántaro y de inquieto explorador, tras recorrer media Europa y la península entera sin percance alguno, se le ocurrió sobrevolar un coto extremeño. Nada más cruzar por Fregenal, un cazador decidió que la vida de ese pájaro estrafalario no valía la pena y que las escopetas – ¡qué coño! – estaban para pegar tiros…

La historia de Hel sucedió en octubre de 2023 y como en otras ocasiones no pasó nada: los tiradores se cubrieron entre sí y el responsable no tuvo lo que hay que tener para asumir lo que hizo. Más suerte tuvo el Seprona en el caso de Montemolín, en el que el escopetero de turno se cargó a plomillazos, desde la terraza de su casa, a otros cuatro ibis eremitas jóvenes (porque sí, porque algo había que matar esa tarde). A principios de este año la Audiencia Provincial de Badajoz le ratificó la condena de un año de cárcel y una indemnización de veinte mil euros. Lástima no se le prohibiera mirar el cielo y coger una escopeta durante los mismos veinte o treinta años que se tarda en desarrollar un programa de cría en cautividad.

La historia de Hel y de los ibis de Montemolín me recuerda el pasaje final de Los Santos Inocentes, la novela de Miguel Delibes prodigiosamente llevada al cine por Mario Camus. A veces pienso que los extremeños seguimos siendo como el pobre de Azarías, y que la milana a la que dispara el señorito representa el futuro de nuestra tierra. Porque lo ocurrido con el ibis eremita no es un caso aislado. Otras muchas especies amenazadas o en peligro de extinción (el milano real, el buitre negro, el águila imperial, el lince ibérico…) son tiroteadas con frecuencia por escopeteros indocumentados, mientras que otras más ( cigüeñas, golondrinas, vencejos, aviones…) reducen cada año su población por culpa de acciones humanas igualmente irresponsables, como destruir los nidos a los que retornan tras recorrer miles de kilómetros sin descanso (hace unos días se denunciaba en este periódico la destrucción ilegal de nidos en la Escuela Oficial de Idiomas de Almendralejo, el Instituto Maestro Juan Calero de Monesterio y el colegio público de Aliseda). Todo ello en una región a la que acuden ornitólogos y aficionados a las aves de todo el mundo y en la que, por las cambiantes circunstancias climáticas y la proliferación de regadíos, nos sobran mosquitos e insectos portadores de enfermades. Un día repararemos en la inmensa riqueza natural que estamos dilapidando, y nos acordaremos del truncado viaje de Hel por los cielos cada vez más desiertos de Extremadura.

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

IA y fraude académico

 

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura


La tecnología al servicio del fraude académico se ha vuelto tan compleja que profesores y alumnos empezamos a parecer agentes secretos. Imaginen estudiantes que durante los exámenes musitan palabras en clave a la medalla que llevan al cuello, toman microfotografías con el bolígrafo o reciben mensajes a través del nano pinganillo que llevan en el oído. Junto a ellos, visualicen profesores armados con sofisticados detectores de frecuencia haciendo barridos y escaneando a todo el que resulta sospechoso. No es una película de espías, sino el escenario de un aula cualquiera… ¡Y no solo del futuro! De la entrañable chuleta hemos pasado ya al collar inductor, la cámara oculta en el ojal, el pinganillo magnético, las gafas inteligentes…

Y cuidado, que estos nuevos métodos de hacer trampas no solo sabotean los métodos tradicionales de evaluación, sino el propio proceso de enseñanza, por innovador que este sea. Todavía con las viejas chuletas se aprendía a estructurar y sintetizar contenidos; pero abusar de máquinas que seleccionan y organizan por si mismas la información, responden y plantean preguntas, buscan opiniones y argumentos, comparan, traducen, sugieren y resuelven problemas… es algo que atrofia nuestras capacidades intelectivas y convierte el aprendizaje en un puro simulacro. Es cierto que esto ya pasaba – en cierta medida – con los profesores que se limitaban a dictar lecciones o con los libros de texto que te lo daban todo hecho, pero la mala educación que proporciona la IA (contagiando al alumnado de su propio remedo de inteligencia) es tan perniciosa que no sirve ni para promover la memoria. La IA solo beneficia a quienes son ya capaces de escribir, argumentar, analizar, comparar, traducir o cuestionarse las cosas por sí mismos; ellos sí pueden utilizar la máquina para sortear tareas burocráticas o para poner a prueba su propio trabajo. Pero ¿cuántos alumnos – incluyendo a los universitarios – están en esa situación?  

¿Y qué hacer ahora? Convertir a los profesores en ciber-policías armados de escáneres o expertos en programas y contraprogramas de detección no soluciona gran cosa. No solo porque los docentes no den más de si (recuerden que, además de expertos en tal o cual materia, ejercemos también de pedagogos, trabajadores sociales, psicólogos, enfermeros, animadores culturales, creadores digitales, educadores cívicos, hablantes bilingües, cuidadores, porteros, administrativos…), sino porque, como decíamos, la cuestión va mucho más allá de hacer trampas en exámenes o trabajos. ¿Entonces? En cuanto a la evaluación sería imprescindible apostar por una verdadera evaluación continua, más presencial, más individualizada, más interactiva (para todo lo cual se necesitaría una bajada drástica de ratios); y en cuanto al aprendizaje, la generalización de enfoques didácticos más motivadores, en los que se haga palpable el vínculo entre el desarrollo personal y las competencias intelectuales: el alumno debe tener claro que no se llega a ser una persona (en ningún sentido interesante de la palabra persona) permitiendo que una máquina piense por ti…  A ver si las administraciones educativas están a la altura, aunque sea pidiéndole a la IA que les sople alguna solución.  

jueves, 7 de mayo de 2026

Menos terapia y más amigos

Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura


Está de moda
«ir a terapia». Nos reíamos de los esnobs neoyorquinos hablando solos en un diván, o de la afición de los argentinos al psicoanálisis, y ahora al fin (con cincuenta años de retraso) estamos al mismo nivel. Si no quieres ser un don nadie (o un «boomer» casposo) has de ir a terapia. No necesariamente porque tengas un problema médico específico, sino, en general, para «cuidarte», para «estar emocionalmente en forma», para desarrollar determinadas «virtudes» (asertividad, resiliencia, inteligencia emocional…) y – sobre todas las cosas – para que alguien te escuche. Normal. ¿Quién va a escuchar gratis a un narcisista impúdico sin más inquietud que mirarse el ombligo emocional (el otro, el físico, ya nos lo miramos en el gimnasio)? Mucha gente va al psicólogo «porque» no puede ir más que al psicólogo (y entiéndase ese «porque» en los dos sentidos).

Ahora bien, ¿de verdad sirve la terapia para algo? Desde un punto de vista rigurosamente terapéutico, está todo tan psicopatologizado (no hay problema afectivo, moral, o hasta filosófico que la gente no confunda con un problema psicológico) que la terapia puede servir aparentemente para todo y (por lo mismo) para nada. Y en cuanto a lo de cuidar del «bienestar mental»  también tengo mis dudas: ¿quién es un psicólogo para decirte qué es estar bien o mal? La psicología es a lo sumo una ciencia, no una religión o un recetario moral.

Además, me temo que la terapia tampoco sirve realmente para que nos escuchen; al menos, no como nosotros queremos. Al psicólogo le pagamos para que analice nuestra conducta, no para que empatice, nos conforte y acabe debatiendo con nosotros sobre la conveniencia de nuestros actos. El psicólogo no es un amigo, ni debe implicarse emocionalmente con su paciente (eso nos enseñaban, al menos, en la facultad), ni puede convertirse en una especie de gurú que, so capa de tratar presuntos problemas de conducta, pretenda orientarla en función de determinados fines o valores.

No nos engañemos: lo que la mayoría de la gente necesita no son psicólogos, sino amigos. Amigos que nos escuchen, no por dinero, sino por interés genuino. No hay nada más «sanador» que saberse querido y escuchado de verdad por otros. Ni nada más inteligente que rodearse de amigos que nos conozcan y puedan, no solo aplaudirnos y apoyarnos (eso es fácil), sino ponernos amorosamente a parir cuando haga falta. 

Ahora bien, lo de tener amigos (que no sean una IA) tampoco es gratis. De hecho, es bastante más costoso que ir al psicólogo. Los amigos no se alquilan por horas; hay que ganárselos. Y para ello conviene ser una persona lúcida, crítica, honesta, divertida y, desde luego, tener inquietudes por algo que no sea el estrecho mundo de nuestras neuras, manías, complejos y emociones particulares. Quien los tenga, pues, que los cuide, porque los psicólogos abundan, pero los amigos están – como todo lo que no es monetarizable ni fiscalizable– en serio peligro de extinción.


Entradas por categorias

acontecimiento (1) acoso escolar (2) alienación (6) alma (7) amor (26) Antropología cultural (2) Antropología y psicología filosóficas (113) Año nuevo (6) apariencia (1) arte (55) artículos ciencia (9) artículos ecología (24) artículos educación (175) artículos educación filosofía (75) artículos educación religiosa (3) artículos estética (42) artículos Extremadura (8) artículos libertad expresión (17) artículos nacionalismo (9) artículos parasofías (3) artículos política (251) artículos prensa (70) artículos sexismo (24) artículos sociedad (46) artículos temas filosóficos (28) artículos temas morales (147) artículos toros (3) Ateneo Cáceres (21) belleza (4) bioética (13) Blumenberg Hans (1) bulos (3) Byung-Chul Han (1) cambio (1) carnaval (7) carpe diem (1) ciencia y religión (12) cientifismo (6) cine (2) ciudadanía (14) colonialismo (1) conciencia (7) conferencias (4) Congresos (2) constructivismo social (1) consumo (3) Conversaciones con el daimon: tertulias parafilosóficas (2) Correo Extremadura (49) Cortazar Julio (1) cosmopolitismo (1) creativamente humano. (1) Crónica de Badajoz (1) Cuentos filosóficos (21) curso 2017-2018 (1) Curso filosofia 2009-10 (1) Curso filosofia 2010-11 (47) Curso filosofía 2011-2012 (73) Debates en la radio (3) decrecimiento (3) Defensa de la Filosofía (45) deporte (7) derechos humanos (1) Descartes (1) desinformación (4) Día mundial de la filosofía (3) diálogo (8) Diálogos en la Caverna (19) Didáctica de la Filosofía (8) dilemas morales (17) Diógenes (1) Dios (4) dispersión (1) drogas (4) dualismo inmanentista (4) dualismo trascendentalista (1) ecología y derechos de los animales (35) economía (25) Educación (289) El País (5) El Periódico Extremadura (384) El Salto Extremadura (1) eldiario (32) emergentismo (2) emotivismo ético (2) empirismo (2) enigmas lógicos (4) entrevistas (7) envejecimiento (2) Epicuro (1) Epistemología (15) escepticismo (1) escritura (1) Escuela de Salamanca (1) espacio (1) España (1) Estética (98) Etica (11) Ética (231) eurocentrismo (2) Europa (3) evaluación (1) Eventos (1) existencialismo (3) falacias (5) familia (2) fe y razón (8) felicidad (9) feminismo (34) fiesta (4) Filosofía (32) Filosofía de la historia (6) filosofía de la religión (17) Filosofía del derecho (5) Filosofía del lenguaje (11) filosofía fuera del aula (1) Filosofía para cavernícolas en la radio (15) Filosofía para cavernicolas. Radio. (1) Filosofía para niños (5) Filosofía política (356) Filosofía social (61) filosofía y ciencia (21) filosofía y patrimonio (1) filósofos (1) flamenco (4) Gastronomía (1) género (21) Habermas (1) Hermeneútica (1) Hipatia de Alejandría (1) Historia de la filosofía (4) Historietas de la filosofía (2) horror (4) Hoy (2) Humano (1) Humano creativamente humano (4) Humor (9) IA (1) idealismo subjetivo (2) ideas (3) identidad (6) ilustración (1) Imagen y concepto (8) inmigrantes (13) inmortalidad (1) intelectualismo moral (5) inteligencia artificial (11) Introducción a la filosofía (30) Juan Antonio Negrete (5) juego (3) justicia (7) Kant (4) laicismo (1) legalismo (1) libertad (7) libertad de expresión (23) libros propios (3) literatura (2) Lógica (10) Los Simpsons (2) Marx y marxismo (3) matemáticas (4) materia y forma (5) materialismo (14) Medios de comunicación (606) meditación (1) memoria histórica (3) mente (8) metáfora (1) miedo (6) mito de la caverna (2) Mitos (12) modernidad (9) monismo inmanentista (10) monismo trascendentalista (2) monstruo (2) movimiento (1) muerte (5) multiculturalismo (3) música (5) nacionalismo (22) natalidad (1) naturalismo ético (5) navidad (12) Nietzsche (3) nihilismo (2) nominalismo (1) ocio (1) olimpiadas (2) Ontología (52) orden (1) Oriente y Occidente (1) Paideia (3) pansiquismo (3) Paradoxa (2) Paradoxa. (1) parasofía (2) Parménides (2) PDFEX (11) pensamiento catedral (1) pensamiento crítico (10) Pensar Juntos (1) platonismo (18) podcasts (1) positivismo (1) postmodernidad (2) posverdad (1) pragmatismo (3) Presocráticos (2) problema mente cerebro (6) progreso (1) prostitución (5) psicopolítica (20) publicidad (2) público-privado (2) racionalismo ético (3) rap (2) Red Española de Filosofía (1) relativismo (4) religión (31) respeto (1) Reuniones en el cavernocafé (28) Revista Ex+ (2) romanticismo (1) ruido (2) salud mental (1) Schopenhauer (1) Semana santa (4) sentido de la vida (7) sexismo (20) sexo (4) Sócrates (3) sofistas (2) soledad (2) solipsismo (1) Taller estética (6) Talleres filosofía (5) teatro (9) tecnología (18) Teología (7) terrorismo (6) tiempo (3) tolerancia (1) Trascendentalismo (6) turismo (3) utilitarismo ético (1) Vacío existencial (1) viajes (2) violencia (23)

Archivo del blog

Cuevas con pasadizo directo

Cavernícolas

Seguir en Facebook