Hace unos meses, publicamos en la revista Paradoxa este artículo, en el que intentamos exponer tres ideas fundamentales. La primera es que el miedo es un elemento consustancial al poder político en todas sus formas. La segunda idea es que el miedo, para ser políticamente efectivo, ha de instrumentalizarse a través de un imaginario simbólico y un dispositivo teatral en los que resulta esencial la figura del monstruo, entendida como categoría estética en que se aúnan lo liminal, lo aleatorio, lo extraño y lo metamórfico. La tercera idea es que esta figuración política de lo monstruoso sirve, en la multiplicidad de sus expresiones, tanto para marcar los límites del orden como para regenerar la conformidad con el mismo a través de la experiencia ritual y temporal del desorden. Para leer el artículo completo pulsar aquí.
domingo, 21 de junio de 2026
domingo, 9 de febrero de 2025
La categoría de lo monstruoso y su función en la dramaturgia política
Estamos de enhorabuena. Ya ha visto la luz el número 40 de la Revista ALFA. Un homenaje sincero y cargado de admiración hacia VALERIANO BOZAL, en el que tengo el honor de publicar un pequeño artículo sobre la categoría de lo monstruoso y su función en la dramaturgia política: https://alfa.revistasaafi.es/alfa/numeros/40/4011.pdf
miércoles, 22 de enero de 2025
Monstruos prodigiosos
Este artículo fue publicado originalmente por el autor en El Periódico Extremadura.
El miedo tiene muchos caminos. Si su raíz
es un estado genérico de incertidumbre, suele proyectarse en objetos más
simples y fáciles de afrontar. Durante el tormentoso tránsito a la modernidad
el chivo expiatorio fueron las brujas, quemadas a miles en el norte y centro de
Europa. En la deshecha Alemania de los años 30 fueron los judíos. En el mundo
actual, al borde de transformaciones gigantescas de efectos imprevisibles, son
los inmigrantes, los okupas o, simplemente, los que piensan de forma distinta.
Es claro que el odio al chivo expiatorio no sirve para acabar con aquello,
difuso, que nos atemoriza, pero genera la ilusión colectiva de tenerlo
controlado.
Un segundo efecto de ese miedo inconcreto que tan bien retrató Jean Delumeau en «El miedo en Occidente», es la añoranza. La incertidumbre ante el futuro genera una extraña nostalgia de lo no vivido en los jóvenes y una romántica idealización del pasado en los viejos. Es la añoranza con la que – frente a las turbulencias del presente – se reivindican los valores incuestionables de antaño o se invoca a la nación primigenia, al glorioso Reich, a la América que perdimos (y hay que hacer grande de nuevo) o a la España «unida y en paz» del franquismo.
Pero más allá de esto, hay un tercer efecto de la incertidumbre y el miedo que me gustaría destacar: el del advenimiento de los «monstruos» convertidos coyunturalmente en héroes. Y ocurre cuando, en momentos de gran incertidumbre, aparece lo «monstruoso» en uno de sus sentidos más arcaicos: el del «prodigio extraordinario» que nos advierte (y promete librarnos) de la insostenibilidad o corrupción de lo ordinario. Milei, Trump, Musk representan a la perfección este tipo de «monstruo prodigioso» (mucho más que los más mediocres Le Pen, Abascal, Orbán o Meloni).
Estos monstruos son también una proyección o encarnación concreta de la incertidumbre, pero no ya como chivos expiatorios a sacrificar, sino como medio (no menos ilusorio) de dar cierta forma al desorden imperante a través de algo igualmente caótico, pero humano y concreto, y con quien podemos identificarnos mejor. Así, un monstruo identificable y particular – como Trump, Milei, Putin … – puede presentarse como héroe frente a un monstruo inconmensurable y genérico (la economía errática, la pérdida de referentes, la emergencia de nuevas potencias…) del que promete librarnos para conducirnos a un imaginario y no menos indefinido futuro de abundancia y gloria (lo indefinido es entonces estimulante, y no atemorizante).
Cuando las incertidumbres son tantas y de tan variada naturaleza (crisis climática, inquietud económica, polarización social, amenazas bélicas…) los seres humanos parece, pues, que repetimos este viejo repertorio tripartito: sacrificio de la víctima propiciatoria; añoranza de un pasado idílico; y entronización de aquel que, por extraño e imprevisible que sea (o justamente por eso), parece capaz de hacer un milagro tan extraordinario como aquello mismo que nos espanta. Tal vez parezca que hace falta un monstruo para domeñar lo monstruoso del mundo. Muchos creemos que lo que va a hacer es aumentarlo. Lo veremos muy pronto.
sábado, 3 de octubre de 2009
Taller de monstruos

La falta de sentido y razón en las cosas puede generar un sentimiento de terror ante lo que, por carecer justamente de sentido, nos resulta extraño, incomprensible (contrario a lo entrañablemente conocido y familiar)...En otras palabras: monstruoso... El monstruo es lo otro, lo ajeno a nosotros, aquello cuya forma o cuya conducta nos resulta extraña. Monstruoso puede ser así el deforme, el engendro, el loco de imprevisible conducta...

O la propia naturaleza en su aspecto más salvaje e inhumano (un terremoto, el mar embravecido bajo la tormenta, una jungla oscura e impenetrable, o un inofensivo insecto que deja ver lo extraño de sus formas y movimientos)...
Más monstruosa aún es la conversión repentina de lo entrañable en extraño (lo que ocurre de noche bajo nuestra querida cama, el dulce pero malvado oso de peluche, el niño asesino o poseído, el rostro muerto de alguien que conociamos, una conducta extraña, de repente, en quién menos lo esperamos...)...

Pero lo más terrible es siempre lo que, por ser tan “otro”, tan distinto y tan extraño a nosotros, es inimaginable, carece o cambia constantemente de forma (quizás lo situamos en la oscuridad, que es el reino imaginario de lo informe). Este monstruo está en todas partes y parece, por indefinible, imposible de vencer (y es, quizás, el que mejor se identifica con lo absurdo)...

¿Será cierta esta teoría sobre lo monstruoso y terrorífico?... Me gustaría que me ayudases a ponerla a prueba. El ejercicio es el siguiente. Recuerda y cuenta tus peores pesadillas. Confiesa lo que te dé más miedo. Invéntate o recuerda el peor monstruo, historia o experiencia de miedo que conozcas... Veremos entre todos si encaja o no en todo lo que hemos dicho.


