Hace unos meses, publicamos en la revista Paradoxa este artículo, en el que intentamos exponer tres ideas fundamentales. La primera es que el miedo es un elemento consustancial al poder político en todas sus formas. La segunda idea es que el miedo, para ser políticamente efectivo, ha de instrumentalizarse a través de un imaginario simbólico y un dispositivo teatral en los que resulta esencial la figura del monstruo, entendida como categoría estética en que se aúnan lo liminal, lo aleatorio, lo extraño y lo metamórfico. La tercera idea es que esta figuración política de lo monstruoso sirve, en la multiplicidad de sus expresiones, tanto para marcar los límites del orden como para regenerar la conformidad con el mismo a través de la experiencia ritual y temporal del desorden. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

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