miércoles, 22 de septiembre de 2010

La píldora de la felicidad


Como os dije, soy el distribuidor de un nuevo medicamente (aún por legalizar, por lo que habría que llamarlo más bien droga) realmente alucinante, al que llamaré de momento "felicitina" o píldora de la felicidad. Esta milagrosa sustancia se introduce en el cerebro de quien la toma, descubre allí lo que realmente le hace feliz y produce a continuación una alucinación en la que sucede todo lo que desea. Esta alucinación es perfecta, indistinguible de la vida real, como uno de esos sueños maravillosos de los que nos cuesta trabajo despertar. La píldora no produce efectos secundarios nocivos y es, de momento, gratuíta. Vuestro cuerpo permanecería sano y cuidado en una cámara de congelación. Y para vuestros padres y amigos crearíamos un clon idéntico a vosotros para que no os echaran de menos. Podéis probar con una primera dosis, cuyos efectos duran 24 horas. La segunda dosis tiene efectos para toda la vida. Y lo mejor: una vez que toméis la segunda dosis: ¡no vais a acordaros jamás de que habéis tomado la píldora y de que vuestra vida de ensueño no es más que una alucinación... ¿La tomareis o no? (Y por qué)...

viernes, 17 de septiembre de 2010

Si los tontos son más felices: ¿Para qué venir a clase?


“Filosofía” significa en griego “amigo o amante de la sabiduría”. El “filósofo” es el que “ama el saber”, el que “busca la sabiduría”. Ahora bien, ¿nos conviene este amor?, ¿es bueno esto de querer saber?... Algunas filosofías y doctrinas religiosas piensan que el hombre en “estado natural” (como un animal o un niño) es ignorante, bueno y feliz, y que es la educación lo que le corrompe, volviéndolo malo e infeliz. ¿Será esto cierto? ¿Es mejor no saber demasiado? ¿Son más felices los animales, o los niños, o los tontos, que nosotros? ¿No será mejor no venir a clase (o venir, a lo sumo, para aprender algún oficio con que ganarnos la vida y ya está)? Tal vez, las asignaturas más teóricas que daís en el instituto habría que suprimirlas (sobre todo la filosofía, que es la más teórica de todas). Al fin y al cabo, ¿para qué sirven realmente? Para nada. Si queremos ser felices lo mejor es no pensar ni saber demasiado (ser, algo así, como Homer Simpson: cuanto más tonto e inocente, mejor)...

Bienvenidos a la filosofia!! Curso 2010-11


Cada vez que comienzo un curso yo mismo he de preguntarme qué demonios es esto de la filosofía, para qué sirve, qué sentido tiene dar un curso de filosofía. Y es curioso, pero en cuanto me hago estas preguntas, e intento responderlas, me parece que…ya estoy filosofando, y que la filosofía tiene sentido… ¡Incluso cuando dudamos de que lo tenga!...

Tenemos necesidad de comernos el tarro, de darle un sentido a lo que hacemos, a nuestra vida (y ya puestos, al mundo entero). No siempre claro. Cuando somos gusanillos más o menos obedientes y vivimos tranquilos y felices (adormecidos en el dulce vaivén de lo cotidiano) no pensamos demasiado, la verdad. Pero, ay, cuando sufrimos decepciones y la vida se nos pone en contra, empezamos a hacernos preguntas: ¿Por qué lo pasamos mal? ¿Qué hemos de hacer para ser felices? ¿Qué mundo es este y por qué pasan cosas como las que pasan? ¿Quiénes somos nosotros mismos, qué queremos en realidad?...
Y no es nada fácil responder a estas preguntas. Las respuestas habituales (las que nos han enseñado otros, casi desde niños) no siempre sirven (si sirvieran –nos decimos—no estaríamos ahora así, decepcionados, angustiados, perdidos…). ¡Así que tenemos que encontrar nuestras propias respuestas! ¡¡Y en esa búsqueda consiste la filosofía!!

Cuenta un viejo sabio (al que los griegos llamaban Platón) que los hombres somos como prisioneros en una oscura caverna. En ella vivimos atados de tal modo que sólo podemos mirar hacia la pared del fondo, en la que aparecen imágenes con voz y movimiento (es algo así como si, desde pequeños, viviéramos en un cine y solo pudiéramos ver una pantalla en la que no cesaran de proyectarse imágenes). Resultado: creemos que el mundo no es otra cosa que lo que vemos en esa pared (o pantalla).

Así vivimos todos los humanos -dice Platón- antes de empezar a filosofar: creyendo que el mundo es lo que vemos y lo que oímos que nos dicen desde pequeños… Pero algunos de estos cavernícolas (sigue diciendo Platón) no se acaban de fiar. Lo que ven y oyen en esa caverna es a veces contradictorio o absurdo, malo, injusto, feo… Por eso les da por pensar que debe haber “algo más”, y se empeñan en buscarlo… ¿No les pasa a estos cavernícolas lo mismo que decíamos antes que nos pasa a nosotros? A veces, el mundo que vemos nos parece tan extraño y contradictorio, que nos preguntamos: ¿qué es de verdad la realidad? ... Otras veces nos pasa que lo pasamos tan mal (o vemos a otros pasarlo tan mal) que nos preguntamos: ¿Cómo podríamos pasarlo bien de verdad? ¿Cómo podríamos hacer un mundo más justo y hermoso? ¿Cómo podríamos llegar a ser de verdad felices?...

Insisto: de todas estas preguntas nace la filosofía, y también nuestro curso de filosofía. En él charlaremos, alrededor del fuego (que simboliza a la razón), acerca de lo que es el mundo (y de lo que somos nosotros) y de cómo podemos llegar a conocerlo. Pero también de cómo pegarnos una buena vida juntos... Es decir, que charlaremos de todo lo que realmente importa.

Con una única regla: nos atreveremos a hablar de todo: nada habrá sagrado o indiscutible (salvo, precisamente, “que todo es discutible”)... El objetivo final será salir todo lo que podamos de la oscuridad de esta caverna, levantar cabeza, abrir los ojos y despertar, como en el cuento la bella durmiente despierta tras el beso del príncipe (¿quién o qué será ese príncipe?) para, quizás, empezar a vivir...de verdad...

¡! Bienvenidos, pues, a la aventura del pensamiento, sentaos junto al fuego y preparáos para invocar a lo que aún no tiene nombre!

Reunión y teatro para cavernícolas. ¿A qué nos suena la música?



En la última reunión, aunque inicialmente volvimos a hablar del amor (ese era el motivo de la tertulia: el amor platónico), y volvimos a discutir esos viejos asuntos (la diferencia entre amistad y amor, la relación entre amor y admiración, el significado del amor platónico como vínculo entre el inferior y el superior por el que ambos "ganan", la relación entre amor y egoísmo, el significado de la experiencia del "flechazo", y tantas otras cosas que, de seguro, volveremos a tratar), al final surgió, de nuevo, el tema del arte y la belleza. Así que, como planeamos allí, este domingo 19 (a las 5 en el Economato, C/Marquesa de Pinares), hablaremos del arte y la belleza, pero esta vez, más concretamente, en relación a la música. Antes veremos una película acerca de la vida de Glen Gould, el gran (y extrafalario) pianista especialista en Bach. Se admiten todo tipo de cuestiones, por ejemplo: qué es la música, qué valor tiene dentro del conjunto de las artes, qué música es buena y cuál es mala, qué relación guarda la música con la realidad, con nosotros mismos, con la verdad, con la felicidad... (Ir pensando todo esto y mucho más, traeros todo el material que queráis en relación con la música, y leeros si podéis el resumen de la reunión que ya tuvimos sobre el arte, y todo lo que tenéis en el blog con la etiqueta "estética").

Recordad que, después de la discusión, iremos a ver una interesante obra de teatro, Yla y Lia (La Puerta de las estrellas), en la que actua y baila nuestra amiga Gema Ortiz. Será en las cavernas del Centro Cultural Alcazaba, en la C/John Lennon, y tenemos algunas invitaciones (de todos modos lleváos 3 euros por si no hay para todos).


Nos vemos a las 5 en el Economato con las orejas bien limpias y la boca adecuadamente afinada...

viernes, 20 de agosto de 2010

II Reunión sobre el amor platónico


Sobre el amor platónico hay ideas tan populares como erróneas. La mayoría de la gente llama “amor platónico” a una relación en la que priman los aspectos espirituales o intelectuales sobre los sexuales, ya sea porque éstos se sublimen o sea porque no parezcan posibles de consumar. Pero la concepción del amor en la filosofía de Platón tiene poco que ver con esta idea. Para conocerla en profundidad deberíamos leer (o releer) el Banquete, que es uno de los diálogos de Platón más bellos y, a la vez, más profundos. Y no estaría mal que, además del Banquete, nos diéramos una vuelta por otros diálogos no menos bellos, como son Fedro y Lisis (este último diálogo es muy breve y fácil de leer, y trata sobre la amistad). Todos ellos los podéis encontrar con facilidad en internet. De todos modos, si no tenéis mucho tiempo, leeros al menos la última parte del Banquete (que es la intervención de Sócrates contando cómo la sacerdotisa Diotima le cuenta los más altos secretos del amor). También sería estupendo que repasaseis el resumen de la última reunión sobre el amor. Y también que leyerais el resumen de la reunión sobre el mismo tema que tiene Juan Antonio en su blog Cavernisofia (enlazado al nuestro), así como sus últimas entradas en ese blog, que tratan sobre el amor (especialmente la última, creo, titulada “amor y egoísmo”). Por último, una idea que se me ocurre es analizar poemas breves sobre el amor, y que cada uno (Alvaro, tú también) traiga un poema (valen poemas propios), el que más revelador y profundo le parezca. ¿Ok?... La reunión está totalmente abierta, trataremos los temas que, sobre el amor y sobre el amor y Platón, se nos ocurran, por eso no os doy un guión previo (¡Guión a vosotros, con lo que ya sabéis!)…

¡Hasta el jueves, entonces, a las 6.30 en algún hormiguero del parque de las siete sillas!
Nota importante: me gustaría que me confirmaseis la asistencia, porque si no somos muchos, y tenéis libre toda la tarde y parte de la noche, podríamos hacer incluso una excursión a un lugar lleno de amor…por la cultura (pero esto os lo diré el miércoles).
Saludos amorosos a todos.

martes, 13 de julio de 2010

Adiós al curso 2009-2010!!!!
















































































































































Después de unos breves días de vacaciones, abrimos de nuevo el blog, o al menos dejamos la puerta entreabierta, para quién quiera pasarse, más que nada por lo fresquito que se está en esta cueva. Si veo que os pasáis, ya os propondré algunos juegos (lógicos) para pasar el verano, o algunas lecturas, o quizás instale una piscina de preguntas muy hondas, para que no perdáis ese deseo de lanzaros de vez en cuando a este mar de dudas que es la filosofía.

De momento aquí tenéis una pequeña galería de fotos en las que espero que os encontréis todos, en las clases, en el Womad, en las tardes de tertulia...

Y una confesión: ha sido un placer, una alegría y una aventura maravillosa haber pasado este año con todos vosotros. Así que, gracias a todos, a los alumnos de 1c, 1d, 1e, 1g, a los amigos de la tertulia y, por supuesto, a todos los que han frecuentado esta caverna. !!!!Un abrazo y feliz verano a todos!!!!

Por cierto, esta entrada ha de servir también para que, a través de vuestros comentarios, expreséis lo que queráis acerca de lo que ha sido este curso, de lo que os gustaría que hiciéramos el curso que viene, de lo que se os ocurra hacer con este blog, y, en fin, para que digáis lo que os de la gana. También, por cierto, para que los cavernicolas matriculados que tienen una cita obligada conmigo en septiembre comenten todas las dudas que les vayan surgiendo durante las horas de estudio, a ellos especialmente les atenderé (en cuanto pueda). ¡Ánimo para ellos!

miércoles, 16 de junio de 2010

Nueva reunión cavernícola sobre el arte y la belleza!!


Queridos cavernícolas, vamos a examinar de nuevo si los pintarrajos que han hecho nuestros colegas de Altamira (y todos los demás que han venido después) son arte o no lo son.


Es decir, vamos a volver a hablar de la belleza, a buscarla, búsqueda que Platón situaba en la raíz misma del amor. ¿Qué es Lo realmente bello?


Podéis traer todas las supuestas obras de arte que queráis, para utilizarlas como ejemplos. Si queremos, veremos también alguno de los cortos que preparó Juandí. No estaría mal que os leyeráis antes de venir el resumen de la reunión anterior, y que vinieséis cargados de preguntas, y de intentos de respuesta, es decir, que viniseis inspirados.

Os espero, guapos como un pincel, el sábado 19, a las 6, en el Economato.



domingo, 30 de mayo de 2010

Resumen de la reunión sobre el arte y la belleza





La discusión comenzó frente a este bote de "mierda de artista", obra de Piero Manzoni, por el que algunos de los museos más importantes del mundo pagaron, literalmente, su peso en oro. Seguramente, lo que esta obra nos quiere dar a entender es lo poco que se entiende el ARTE. Por cierto, ¿será cierto que el arte sirve para eso, para entender?

¿Qué es el arte? Una y otra vez llegábamos a esta pregunta (que quedó, ya os lo advierto, sin responder). Alguien sugirió ir al diccionario, y allí encontramos que "arte" es "la manifestación de una actividad humana en la que se expresa una visión personal y desinteresada [desinteresada de intereses materiales, suponemos] que interpreta lo real o lo imaginario con recursos plásticos, lingüísiticos y/o sonoros". En pocos minutos nos dimos cuenta de que esta definición lo mismo servía para la Capilla Sixtina (y aquí, además, lo de "desinteresada" habría que explicarlo) que para un corte de mangas; es decir, para todo, o lo que es lo mismo: para nada.

Y seguimos pensando: ¿qué es arte? Alguien dijo que una ruptura con lo establecido. Pero, ¿es esto suficiente? Se dice que hay un arte "conservador" y que también es arte, aunque no sea "rupturista". Por otro lado, dar un golpe de estado es también romper con lo establecido, y poca gente diría que Tejero o Pinochet son artistas. ¿O qué?

Otra definición posible que se ofreció es esta: "arte" es "hacer bien algo y expresar algo con ello". Ante la evidente objección de que yo puedo hacer bien la colada y expresar algo con ello (mi amor por la ropa limpia), se insistió en que la definición se refería a "hacer algo" relacionado con las artes o géneros artísticos (música, pintura, poesía, etc.). Ahora bien, ¿por qué son la música, pintura, etc., géneros artísticos y no otros, como la gastronomía, la búsqueda de setas, o las estafas informáticas? De nuevo la pregunta clave: qué es lo artístico, qué es el arte... Además, supuesto que la música (por ejemplo) fuera un género artístico: ¿Un buen músico que "hace las cosas bien" es equivalente a un artista? ¿Es lo mismo pintar bien (según los cánones) que ser un artista? Esto parece que contradice la noción anterior, de que el arte es ruptura con lo establecido, si bien se afirmó que para romper con lo establecido era necesario, primero, dominar tu arte...
Otra definición que discutimos: arte es lo que genera que el espectador se identifique con algo y que dicha identificación provoque en él una emoción (positiva, de agrado). ¿Qué os parece esta definición?... Tiene sus pegas: imaginaos que yo me siento identificado con Ghandi, o con los perros, y que esto me genera emociones, incluso satisfactorias: ¿serían Ghandi o los perros obras de arte?

Se apuntó que el arte era expresión de un estado de frustración de la persona. Pero, aunque pronto reparamos en que también una paliza puede ser debida a la frustración del que la dá, esto nos sirvió para pensar si había alguna relación entre sufrimiento y arte. Algunos opinan que la felicidad no da mucho motivo para escribir sonatas y poesias (bueno, sí, pero muy superficiales). Así pues: ¿Merecería la pena fomentar el sufrimiento si con ello obtenemos arte? ¿Justifican la belleza de las pirámides el sufrimiento de los miles de obreros y esclavos que participaron en su construcción? ¿Está justificado el presumible dolor del toro de lídia por el disfrute estético que dicen tener los aficionados?

A propósito de este asunto de los toros, surgió una vieja pregunta: ¿Si tuviéramos que salvar de un incendio a una de estas dos cosas: un gato o la Capilla Sixtina, a cuál de las dos preferiríamos? Antes de contestar que la Capilla Sixtina, pensemos cuál de los dos es más insustituíble, cuál de ellos se puede reproducir con más garantías de éxito y con más fidelidad al original... Hablando de todo esto, nos preguntamos también qué es lo que hace que la gente valore más el original (de una pintura, por ejemplo) que la copia perfecta (o al menos tan perfecta como para que las diferencias no sean detectables por los sentidos). No supimos dar con ninguna razón...¿Sabéis vosotros por qué?


Se dijo que la belleza (o el concepto de belleza) es algo que inventamos nosotros y que ponemos en las cosas y no nada que exista objetivamente en sí mismo. Las cosas no son bellas o feas, sino que las vemos nosotros así. Pero la pregunta entonces es: ¿por qué las vemos así? ¿la belleza la inventamos de la nada? ¿O la descubrimos a partir de ciertas propiedades de las cosas? ¿Es la belleza dependiente o independiente de nosotros? ¿Si todo el mundo muriera seguiría siendo bella la Capilla sixtina?


A partir de aquí se trató un poco del asunto de si la belleza, el arte, etc., son apreciaciones subjetivas, convenciones sociales o valores objetivos. Nos preguntamos si, caso de ser el arte algo subjetivo (ya se sabe: hay gustos como colores, etc.), tendría sentido discutir lo que es el arte, o incluso usar todos el mismo concepto. ¿No parece contradictoria la expresión: "el arte es un concepto subjetivo"? ¿No estamos diciendo que "arte" es, para todos, lo que es para cada uno? ¿No estamos presuponiendo que cada uno identifica con "arte" algo distinto, pero todas las identificaciones tienen una identidad común? ¿No sería "arte" siempre lo mismo y, a la vez, siempre diferente? ¿No es esto una locura?... De otro lado, si el arte es según cada uno o según cada época, sociedad, etc... Todo podría ser arte, luego nada lo sería, etc. ¿O qué?

Una nueva definición: arte es lo que dice el público que es arte, lo que gusta, lo que comunica... Esto acarrea de nuevo similares problemas. ¿Por qué gusta una obra y no otra? ¿Por qué algo guste poco a la gente (o incluso a nadie) va a carecer de arte o belleza? Quizás la mayoría (o todos) tenga muy mal gusto. ¿Podría haber algo muy bello que no gustase a nadie?

Alguien apuntó que arte es más bien, lo que decide el artista. Y, en efecto, en nuestra época que algo sea una obra de arte parece tener mucho que ver con quién la firma. Desde el Renacimiento y la Modernidad, se ha endiosado al artista (lógico, como el Dios creador empezaba a morir, alguién tenía que ocupar su lugar: el Hombre creador). Los antiguos consideraban al artista como un mero intermediario entre la divinidad y los hombres: el artista era un poseído, un inspirado por las musas. En la modernidad es un creador, todo lo saca de sí mismo, es un genio (o un idiota, en el sentido griego de la palabra). ¿Pero es esto verdad? ¿Lo bello se crea o se descubre? ¿El Quijote es una creación o un descubrimiento? ¿Si hubiera que salvar de un incendio a uno de estos dos: al único ejemplar existente del Quijote, o al propio Miguel de Cervantes, a quién salvaríamos? ¿Qué importa más: la obra o el autor? Nuestra época parece tenerlo claro, hay estudiosos que se pasan la vida intentando descubrir quién fue el autor de tal o cual obra anónima. ¿Pero importa algo eso?... Parece que un tal Fito Fitipaldi (un músico pop) dijo que "Él componía para Él, y tocaba para el público". Un artista menos conocido, pero no sé si más lúcido (un tal Grotowski, director polaco de teatro), dijo que el artista no debe crear ni para sí mismo, ni para el público, sino... para Dios. Es decir: que lo bello no es algo subjetivo (cosa de artistas), ni convencional (cosa del público), sino objetivo (cosa divina): lo bello es lo que es bello en sí, lo vea o no el artista, lo comprenda o no el público... De nuevo el problema de qué es objetivamente lo bello, de por qué es artista el artista, de por qué algo gusta o no gusta...

Parece claro que el arte es una representación de lo bello. ¿Pero entonces por qué hay arte de lo feo? Vimos varios Caprichos de Goya, todos ellos de gente muy fea. Leímos el famoso Soneto a tus vísceras, de Baldomero Fernández (literatura.lacoctelera.net/.../soneto-tus-visceras-baldomero-fernandez-moreno). Recordamos la mierda de artista de Manzoni... La respuesta que se nos ocurrió es que el arte refleja lo bello a veces de forma irónica; busca siempre lo bello, pero a veces lo hace incidiendo en su contrario, denunciando tajantemente su ausencia... Para el arte moderno (que algunos dicen que comienza con Goya) lo bello es en sí mismo inexpresable, indecible, inalcanzable: sólo queda decir de él lo que no es (tal como la teología negativa busca describir a Dios diciendo "lo que no es", pues "lo que es" es imposible de comprender para nosotros)... Ocurre igual en el Romanticismo (que es también arte "moderno" y linda con el arte de lo feo: cementerios, ruinas, noches lúgubres, horror gótico...): lo bello es inaprensible en sí, hay que "verlo" a través de su reflejo, igual que la luna (símbolo de la inspiración, el misterio, etc., para el artista romántico) es la única forma de "ver" el sol cara a cara...

Como se acababa el tiempo, y previendo hacer otra reunión sobre este mismo asunto, se mencionaron varias posibles definiciones de arte o belleza, para ir pensándolas.

- Lo bello y artístico es algo natural, un rasgo biológico que gusta o place por razones biológicas (por ejemplo, el patrón universal de belleza femenina está ligado a la reproducción: lozanía, caderas y pechos amplios, etc.).

- Lo bello y artístico es una convención social, refleja plásticamente los valores, ideas, etc., de una cultura (así, el arte medieval representa ciertas jerarquías sociales, ciertos ideales políticos y religiosos, etc.)

- Lo bello y artístico es una cuestión puramente emotiva y subjetiva (arte es lo que genera cierto disfrute emocional a través de ciertas manifestaciones plásticas); estas emociones suelen relacionarse con la identificación del espectador con la obra, pero son en sí mismas inexplicables. Esta es la teoría más rabiosamente de actualidad. Los propios artistas modernos dicen con orgullo que su obra no es explicable (por ellos mismos, desde luego): o se siente o no se siente.

- Lo bello y artístico es lo que refleja modelos ideales, lo utópico, lo bueno. El arte tiene una función didáctica: mostrar con imágenes aquello a lo que debemos aspirar. Lo bello es la representación plástica de lo bueno. Estética y ética tienen una relación fundamental. El teatro moralizante, la tragedia y la comedia griegas, la fábulas y los cuentos, son ejemplo de todo esto.

- Lo bello y lo artístico son la expresión plástica de lo verdadero. El arte tiene una función cognoscitiva: conocer la realidad a través de la representación plástica. La armonía de la obra bella es un reflejo plástico, rítmico, etc., de la unidad y coherencia de la realidad ideal. O, desde el otro lado: el arte es la realidad sensible comprendida bajo la unidad y perfección que le presta la imaginación. El arte nos muestra el reino de lo posible, de lo que puede ser (por ser lógico) aunque no esté presente en el tiempo cotidiano. Se sugirió, poéticamente, que el arte y lo bello son el mundo de los besos imaginarios. ¿Y no son esos besos soñados los mejores que podemos sentir?

Empezábamos otros temas (por ejemplo, de si hay géneros artísticos superiores a otros: la música superior a la pintura, la poesía superior al teatro, etc.), cuando nos cerraron el local. Por suerte, los pocos que nos quedamos a la sombra de una taberna, asistimos luego, casualmente, a una representación teatral, con lo que pudimos aplicar a un caso práctico lo que habíamos discutido. La obra que vimos se llamaba "La comedia de los errores" (de Shakespeare). ¿Y no había sido eso nuestra tertulia? Una comedia (por lo que nos reímos) plagada de errores (por todo lo que no supimos solucionar)...

Gracias a los artistas que acudieron: Alvaro, Rubén, Daniél, Silvia, Elena y Ángela. Todos acordamos dedicar la próxima sesión a este mismo tema (aprovechando el trabajo de Juandi, que no pudo venir al final, y que ha recopilado un buen lote de material audiovisual sobre nuestro asunto). Lamentamos la ausencia de los demás. Algunos (Fernando, Mª Angeles, Esther) se excusaron. A ellos y a todos los demás, os esperamos en la próxima.

Por cierto. Alvaro propuso dar más regularidad a las sesiones, para así poder profundizar en los temas. Que así sea. Intentaremos hacer la próxima en no más de dos semanas. Informaros también que el mismo Alvaro ha creado un blog sobre las tertulias (http://cavernocafe.blogspot.com/) y que en breve seguro que estará lleno de contenido. Gracias, Alvaro, por tu implicación.

Un abrazo a todos!!

miércoles, 26 de mayo de 2010

Reunión de cavernícolas este fin de semana! ¿Por qué unos somos más guapos que otros?



Como sois todos un poco artistas (románticos, músicos, literatos...), os propongo hablar de lo que más nos gusta: DEL GUSTO. Es decir, de ESTÉTICA. Y lo haremos en torno a estas cuestiones (y otras que se vayan sumando al cuadro):

Primer movimiento:
¿Podemos discutir acerca del gusto, la belleza y el arte, o más bien no y, como dicen, sobre gustos no hay disputa, ni nada escrito, porque hay tantos gustos como colores? ¿Es posible un criterio objetivo con que decidir si algo es realmente gustoso y bello?

Segundo movimiento:
¿Por qué nos gusta algo (un beso, una pintura, una melodía, un poema...)? ¿Todo lo que nos gusta es estético o bello? ¿En qué consiste tener "buen gusto"?...

Tercer movimiento:
¿Qué es lo bello? ¿Es más bello lo natural o lo artificial? ¿Es lo bello una emoción indescriptible? ¿Puede ser algo bello y malo (¿puede ser bello un crimen, por ejemplo?)? ¿Podría ser la belleza una forma de conocer el mundo?...

Cuarto movimiento y finale: ¿Qué es el arte? ¿Es más el artista que sus obras o al revés? ¿Qué diferencia al artista de los demás mortales? ¿Cómo distinguir una obra de arte de un trabajo bien hecho o de una "tomadura de pelo"? ¿Todo arte es de lo bello, o hay un arte también de lo feo? ¿Hay formas de arte superiores a otras (es superior la música a la pintura, por ejemplo, o la novela al cine, etc.)? Etc.

Nos veremos las caras el próximo SÁBADO 29, A LAS 17 horas, en la sala de juntas del ECONOMATO (C/Marquesa de Pinares, 32).

Es muy posible que, como introducción, veamos una película, aún por decidir. Así que sed puntuales. Y venid guapos, o mejor, bellos...

lunes, 10 de mayo de 2010

Un dilema moral: ¿quién debe morir?


El pequeño y viejo avión en que volvíamos de una excursión turística ha sufrido una seria avería en los motores. El aeropuerto más próximo está aún a una hora de vuelo. No hay paracaídas. El piloto informa que la única posibilidad de supervivencia es perder peso. Ya nos hemos deshecho de todos los objetos y de todas las partes no vitales del avión. Pero no es suficiente: el piloto nos advierte de algo dramático: o algunas personas se van tirando del avión, o nos estrellamos todos. Tenemos que decidir entre estas tres opciones:

(1) Nadie se tira. Es preferible que el avión se estrelle. El piloto, que sabe de lo que habla, informa de que en ese caso hay un 99% de posibilidades de que muramos todos.
(2) Se van tirando personas al azar, según un sorteo.
(3) Se confecciona una lista de personas que deben ser salvadas. Las que queden al final de la lista son las que deberán irse sacrificando (el piloto espera que no sean más de tres las que haya que tirar)

I. ¿POR CUAL DE LAS TRES OPCIONES OPTARÍAS TÚ? ¿POR QUÉ?
II. IMAGINA QUE SE OPTA POR (3). COMO LOS PASAJEROS SON INCAPACES DE PONERSE DE ACUERDO, HAN DECIDIDO QUE SEA EL PILOTO EL QUE HAGA LA LISTA. TÚ ERES ESE PILOTO. CONFECCIONA UNA LISTA CON TODOS, PONIENDO EN PRIMER LUGAR A LOS QUE DEBEN SER SALVADOS. ¡Y RECUERDA QUE TENDRÁS QUE DAR EXPLICACIONES DE LO QUE HAS HECHO!
Esta son los pasajeros, con lo que se sabe de ellos. Es un viaje de antiguos alumnos, por lo que todos tienen la misma edad; el resto de la información es rigurosamente cierta.



A: Un famoso actor y director de cine. Sus películas entusiasman al público de todo el mundo.
B: Un campesino. Está de luna de miel junto a C.
C: Una joven recién casada con B, ama de casa.
D: Una joven embarazada, soltera, administrativa.
E: Un científico. Sus investigaciones sobre el cáncer son muy prometedoras.
F: Un brillante abogado. Es muy apreciado por sus clientes.
G: Una gran prostituta de lujo. Es muy apreciada por sus clientes.
H: Un conocido profesor de filosofía. Es muy apreciado por sus alumnos.
I: Un misionero. Lleva años ayudando a la gente más necesitada.



sábado, 8 de mayo de 2010

¿Es esto arte?


Esta obra de arte (¿) de Wolf Vostell se llama “¿Por qué el proceso de Pilatos y Jesús duró solo dos minutos?”…
Cada vez que llevo a mis alumnos al Museo Vostell de Malpartida, algunos tardan mucho menos de dos minutos en decidir que lo que allí se ve no es arte. Sobra decir que si llevara a un grupo de adultos no serían algunos, sino casi todos los que exclamaran con suficiencia: "¡Esto es una tontería!", "¡esto lo hace cualquiera!", etc. Cuando ocurre esto, me vienen unas ganas locas de arrodillarme ante quien así habla y rogarle que me explique cómo ha logrado saber que lo que ve no es digno de llamarse “arte”. ¿Cómo no va a saberlo quien se atreve a opinar con tanta firmeza?... Pero no, no lo saben: cuando oigo sus explicaciones (cuando las dan) toda mi ilusión se desvanece (en mucho menos de dos minutos)…

Así que: ¿Qué es el arte? ¿Cómo podemos distinguir una obra de arte de una majadería? ¿Alguien me lo puede explicar?...
Como algunas respuestas ya me las han dado muchas veces, y no quiero que caigáis en la tentación de resolver este asunto de un plumazo, comenzaremos quitando de en medio algunas de ellas.

1. Arte no es lo cada uno considera arte. Si así fuera, cualquier cosa podría ser “arte”, y a la vez no serlo, con lo cual carecería de sentido toda discusión sobre el arte (Yo tendría toda la razón al considerar arte cortarme la oreja –o cualquier otra cosa—, y tú también la tendrías al considerar que no lo es). La verdad es que ni siquiera tendría sentido emplear la palabra “arte”, pues carecería de un significado común (¿Tendría sentido emplear una palabra cuyo significado fuera distinto para cada persona que la emplea?).
2. Arte no es lo que la mayoría considera “arte”. Igual que antes: si así fuera todo podría ser “arte” y no serlo (bastaría con que la mayoría así lo conveniese). Además, tanto en el caso anterior como en este, siempre cabe la pregunta: ¿Por qué considera Vd. (o Ustedes) que esto es arte?
3. Arte no es, sin más, lo que nos gusta. También nos gusta que nos rasquen la espalda, o tener la casa limpia, y dista de estar claro que esas dos cosas sean obras de arte. Además, suponiendo que arte fuera "lo que nos gusta", aun tendríamos que responder a la pregunta: ¿por qué nos gustan unas cosas y no otras? ¿qué significa que algo "nos guste"?
4. Arte no tiene porque ser lo que nos emociona. También nos emociona un incendio o que nos llamen el día de nuestro cumpleaños, y, de nuevo, no está nada claro que todo eso sea arte.
5. Arte no es lo que es único y original. Cada mosquito que viene al mundo es único. Decidir usar la energía atómica para fabricar bombas, o inventar un sistema para gasear a millones de personas, también parecen ser cosas originales y creativas.
6. Arte no es lo que es bello y punto. Quizás no este mal equiparar arte y belleza, pero en ese caso habría que replantear la pregunta, en vez de “¿qué es arte?”, ahora sería: “¿qué es lo bello?”…

Así que una de dos, o me contestáis a la pregunta de ¿qué es arte?, o me contestáis a la pregunta ¿qué es bello? … Los que hemos estado viendo las obras de arte (¿) de Vostell y luego disfrutando de las más hermosas (¿) músicas del mundo en el Womad, no tenemos excusa. Los demás tampoco.

¡PENSEMOSLO AL MENOS...TRES MINUTOS!


miércoles, 28 de abril de 2010

¿Educación o educoacción?


Como hice en otra ocasión ("¿Otra educación es posible?"), os cuelgo aquí una entrada del blog vecino "Cavernisofía", de nuestro amigo Juan Antonio, y que también trata de educación (él la ha titulado "Educoacción"). En él se refiere a las cosas que pasan en su Instituto de Sax (Alicante), pero las cosas que dice me parece que son aplicables a cualquier otro centro. A ver qué os parece...

Hoy me ha pasado como otros días: cuando iba a salir del instituto, con mi llave de la salida principal, esperaban a la puerta una bandada de alumnos que, por diversos motivos, querían salir: unos no tenían clase, otros querían aprovechar los veinte minutos del “recreo” para fumar; otros sencillamente, supongo, creerían que es más rentable charlar con amigos en la primavera del parque cercano que asistir a la clase de tutoría, donde aprenderían a aprender el aprendizaje de esquematizar esquemas (si es que no tenían la suerte de escuchar que fumar es malo o que el clítoris existe). ¡Y han tenido la desfachatez de pedirme por favor que les dejase salir!

Como otros días, se me han venido a la cabeza otras cuantas cosas en cadena:

-Me he acordado de que soy capaz de reconocer un instituto en cuanto entro en un pueblo o ciudad (porque es el edificio más parecido a una cárcel y menos parecido a una obra de arte).

-Que soy capaz de reconocer qué habitáculos del instituto dan cobijo a qué miembro del escalafón sólo con notar la temperatura al entrar (lo más caliente es la sala de profesores, o el despacho de dirección; lo más frío son las aulas).

-Que siempre soy capaz de encontrar mi mesa cuando entro en las aulas (porque es el doble de grande que las de los alumnos, aunque la uso la mitad que ellos), y mi sillón (porque acaba, precisamente, en -ón, y no en –illa).

-Que se supone que en clase soy el único que puedo pasear, estirar las piernas y sentar mis posaderas en la mesa.

-Que yo puedo retrasarme a la entrada de clase sin sufrir muchas ni graves consecuencias,

-Que yo no voy a ser evaluado en mi trabajo de evaluar

-Que yo, a diferencia de los alumnos, tendría que poner cara de gran extrañeza si alguien me acusase de no hacer nada si no es a cambio de recompensa,

-Que las faltas de respeto que me permito con los alumnos no podrían tolerarse en la otra dirección,

-Que yo sí llevo mi teléfono móvil sin temor a que me lo requisen

-Que yo, si fuese fumador, podría salir a fumar en la hora del “recreo”, y de hecho me colocaría a fumar en la puerta del instituto, justo al otro lado de donde los alumnos envidiarían mi maligno placer,

-Que yo no podría soportar que me tuviesen encerrado seis horas sin mi permiso,

-…

Y me he dicho: "¿qué quieren, entonces, estos malditos niños? ¿Por qué no se hacen personas responsables, críticas y libres? ¿Por qué son tan violentos y egoístas? ¡Espera que nos pongan la tarima y nos concedan el título de autoridad pública! ¡Entonces terminarán de comprender lo que es la libertad y la excelencia!"

Y, soñando con eso, me he marchado contento para casa, sabiendo que el mundo, efectivamente, progresa.

(Publicado por Juan Antonio en "Cavernisofía". Os recomiendo que busquéis la entrada original, así podreis leer los interesantes comentarios que la entrada provocó y, si queréis, dejar vuestro propio comentario).

¿Es la verdad diferente para cada cultura? ¿Es la verdad una cuestión de conveniencia?



Os paso esta conversación captada en uno de los sótanos de la Caverna. Hablan C (alias "el constructivista social"), R (alias "razón implacable") y P (conocido como "el pragmático"). A ver de qué podemos acusarlos...

C: ¿Verdad? ¿Qué verdad? Para la cultura islámica la verdad es que el pañuelo que llevan las chicas en la cabeza es un artículo de primera necesidad espiritual. Y en nuestra cultura cristiana la verdad es que ese pañuelo es un símbolo de la sumisión de la mujer, lo cual es, naturalmente (quise decir, culturalmente), inaceptable.
R: Si. En nuestra cultura el artículo de primera necesidad espiritual es el crucifijo en el cuello (¡prueba a prohibirlo en los institutos, a ver si no te crucifican por ello!). O el velo en la cabeza de las monjas (¡prueba a prohibir que las monjas den clase, en los colegios religiosos, con su velo!).
C: Tal vez no significan lo mismo.
R: ¿No? Todos los símbolos religiosos significan sumisión a Dios. Y el velo de las monjas o el que se ponen las novias, no sé… A mi me recuerdan las palabras de San Pablo, esas que se decían en las bodas: “Las mujeres sean sumisas a sus maridos, como si fuese el Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, del mismo modo que Cristo es cabeza de la Iglesia…”…
P: Bueno, vale, significan más o menos lo mismo un velo y otro. ¡Pero este es nuestro país! ¡Y ellos extranjeros!
R: Bonito argumento. Este es nuestro país por la gracia de Dios y sus ejércitos (igual que hace mil años era el suyo, también por la gracia de Dios y sus ejércitos). Y tú has nacido aquí (en lugar de en Etiopía) seguramente gracias a tus propios méritos, ¿no es así?
P: Así es la vida.
R: ¿Así debe ser?
P: Sí. Así nos conviene que sea a nosotros.
R: O sea, que la verdad es una cuestión de conveniencia.
C: Y de la cultura, insisto. En cada sociedad y cada época se imponen ciertas verdades, en cada cultura se interpretan los hechos de cierta manera.
R: ¿Y de que depende esa interpretación?
C: Depende de factores económicos, sociales, políticos, etc. En la India el hecho de comer o maltratar a una vaca es interpretado como una herejía, aquí se interpreta como un placer, incluso como un arte, si en vez de vaca es un toro.



R: Y esos factores económicos, sociales, etc., ¿no serían también hechos?
C: Sí, ¿y qué?
R: ¿Y quién interpreta, a su vez, esos hechos? ¿Tú, desde tu propia cultura?



C: No te entiendo.
R: Si toda verdad corresponde a hechos interpretados por alguna cultura, y esta interpretación está en función de otros hechos (económicos, sociales, etc.), ¿no serían tales hechos también interpretables según alguna cultura?...
P: En eso estoy de acuerdo. Si se dice que toda verdad es cultural, esto que se dice también será verdad sólo para determinada cultura.
R: Pero el que dice que la verdad depende de cada cultura pretende que esta misma verdad (que sólo es la suya y la de su cultura) sea igual de verdadera para todas.
C: Bueno, ¿y qué pasa si es así? Me reafirmo: toda verdad (incluida la mía) depende de la cultura y la época en la que vives. Esto se llama relativismo cultural.
R: ¿No te das cuenta de que la frase que dices no tiene ningún sentido? Si la verdad es diferente para cada cultura, el mismo concepto de “verdad” no tendría una interpretación aceptable por todos, por lo que al decir “la verdad” es diferente para cada cultura nadie sabría a qué “verdad” te estás refiriendo. O sí quieres: estarías suponiendo que la verdad significa a la vez una misma cosa y muchas diferentes.
P: El relativismo absoluto no tiene enmienda. Por eso yo propongo otra cosa: la verdad depende siempre de lo que nos conviene creer que es verdad. La verdad es lo que nos es útil. Cada cultura puede variar en cuanto a lo que considera útil, pero la noción de verdad sería siempre la misma.
E: Eso se llama pragmatismo. Es otra teoría de la verdad.
R: Sí, pero entonces tenemos otro problema, aunque no sé si el mismo del principio: ¿Cómo sabemos lo que es “de verdad” útil o conveniente?
P: Lo que nos sienta bien, lo que nos hace felices, lo que hace que se mantenga el orden social…
R: ¿Y por qué va a ser eso, “de verdad” lo útil y no otra cosa? Y si lo fuera: ¿cómo sabremos que algo nos sienta “de verdad” bien, o nos hace “de verdad” felices? ¿Por qué vemos o experimentamos que es así? ¿Por qué lo hemos convenido así en nuestro grupo social? ¿O por qué?
E: El problema de la verdad otra vez…
R: Si, lo cambiamos de nombre, pero no acabamos de resolverlo: ¿por qué algo es verdad?

¿Qué pensáis vosotros?
1. ¿Se debe prohibir llevar un velo islámico en una clase, por ejemplo?
2. ¿Se puede ser "constructivista social" y, a la vez, discutir sobre este asunto del velo?
3. ¿Se puede ser relativista y pensar que la verdad es según cada cultura, época, o incluso según cada uno?
4. ¿Tendrá razón el pragmatismo en afirmar que lo verdadero es lo conveniente o útil para nosotros? ¿Por qué sí, o por qué no?

jueves, 22 de abril de 2010

!Ver o saber: he ahí la cuestión (del empirismo)!


Los micrófonos ocultos de la Caverna captaron hace poco esta conversación entre un Empirista y un Racionalista. A ver que os parece.

E: ¡Los datos, los hechos, el experimento bien hecho! Gracias a todo eso el conocimiento ha avanzado a pasos de gigante desde la revolución científica del XVII hasta nuestros días.
R: Es decir, que las ideas verdaderas son las que se corresponden con los datos, vamos, con lo vemos.
E: Básicamente sí. En la ciencia también se razona y se deduce, pero la piedra de toque para verificar una teoría científica es que sus predicciones se correspondan con los datos observables. Es decir, que el astrónomo (por dar un ejemplo) diga que tal cometa va a pasar por el cielo tal día a tal hora y… ¡pase!
R: ¿Y cómo estás tan seguro de que esta concepción empirista de la verdad es la verdadera?
E: No te entiendo.
R: Sí. Tú dices que lo verdadero es lo que coincide con lo que ves. ¿Pero cómo sabes que esto mismo es cierto? ¿Por qué crees que sólo es creíble lo que ves? ¿Ves también eso? ¿Se ha demostrado con algún experimento que los experimentos son la forma adecuada de averiguar la verdad?
E: No es necesario. Tú, como yo, aceptamos que la verdad es la correspondencia de nuestros pensamientos con la realidad. Y la realidad es este mundo que vemos. ¡Es de sentido común!
R: Bueno, eso que tú llamas de sentido común yo lo considero una teoría metafísica. No hay porque aceptar sin más que la realidad sea lo que vemos. Pero dejemos ahora la metafísica. ¿Qué ocurre con las verdades matemáticas o lógicas, como que dos más dos son cuatro? ¿También estas verdades dependen de la experiencia, de lo que vemos o experimentamos?
E: Este es un asunto complejo. Pero yo diría que sí. Los conceptos matemáticos son una generalización a partir de nuestra experiencia con las cosas físicas. Percibimos cosas distintas pero a la vez similares (por ejemplo, distintos árboles o pájaros), y de ahí obtenemos el concepto de cantidad o número: dos árboles, tres pájaros… Y con la geometría igual; dicen los historiadores que nació en Egipto y Babilonia, por la necesidad que tenían allí de medir con exactitud las parcelas agrícolas… Todo conocimiento es "a posteriori", posterior a la experiencia.
R: No sé qué pensar. Todas las verdades que surgen de la experiencia son probables.
E: ¿Cómo probables?
R: Sí. Dependen de lo que observamos en el mundo físico, ¿no? Pero el mundo físico es cambiante, por lo que ninguna verdad será para siempre verdadera. Sólo podremos decir que, de momento, las cosas ocurren así, pero: ¿Y mañana?...
E: Cierto. Todas las verdades son probables.
R: Incluso la verdad de que toda verdad es probable es también probable, y también ésta última, y ésta, y… ¿Hasta que el conocimiento sea absolutamente improbable?...
E: Eso me parece una exageración o, peor aún, una “ida de olla” sin fundamento empírico.
R: Tal vez. ¿Pero de veras crees que las verdades matemáticas son sólo probables? ¿Sería posible concebir o imaginar un mundo en que dos más dos fueran cinco?... Por otra parte, dices que aprendemos los números a partir de la experiencia de ver cosas distintas y a la vez similares. Dejando el tema de cómo algo puede ser distinto y a la vez similar, ¿no te parece que para ver cosas, dos o tres o las que sean, hace falta ya conocer de alguna manera los números?
E: ¿De qué manera? ¿Insinúas que los bebés vienen al mundo sabiendo ya aritmética? Eso me parece ridículo. Nacemos sin saber nada, y menos aún matemáticas. ¡Con lo difíciles que son!
R: Eso también me resulta difícil de creer. Si los bebes nacieran sin ninguna capacidad lógica, ¿podrían aprender algo? ¿Podrían entender la más mínima instrucción que se les diera? ¿Podríamos aprender algo a partir de cero?


E: Creo que tienes razón. Pero eso no obliga a asumir que sepamos matemáticas al nacer, ni que vengamos con “ideas innatas” al mundo. Simplemente, el cerebro humano cuenta con ciertos mecanismos con los que procesar la información desde que empieza a recibirla.
R: ¿Es entonces la lógica una especie de mecanismo cerebral?
E: Digamos que el cerebro funciona de cierta forma, y a eso luego le llamamos lógica.
R: Que funciona de cierta forma quiere decir que funciona según la lógica (llamésmole como la llamemos). ¡Pero me cuesta trabajo creer que las leyes lógicas estén ahí, entre las neuronas, obligándolas a comportarse de cierta forma!
E: Eso es una caricatura, me temo. Hace falta estar muy puesto en psiconeurología para discutir de esto.
R: Vale. Pasemos a otro tema. Si la verdad depende de lo que veo, la verdad sólo será mi verdad. Pues mis visiones o experiencias sensoriales son personales e intransferibles. El conocimiento empírico sería así, además de probable, muy subjetivo. ¿No crees?
E: No, no creo. Una observación empírica no es lo que ve un sujeto cualquiera, sino lo que ve un grupo de expertos, que se aseguran de estar viendo lo mismo.
R: ¿Y cómo se aseguran de eso? ¿Puedo yo meterme en tu mente para saber que estas viendo lo mismo que yo?
E: No, claro. Basta con que describamos todos con exactitud lo que vemos.
R: O sea, que al final la verdad no es la correspondencia con lo que se ve, sino con lo que interpreta un grupo de expertos que se ve.
E: Claro.
R: ¿Pero cómo sabremos si su interpretación es correcta?
E: Porque son expertos en su ciencia. Saben mucho.
R: Pero yo creía que decías que el saber depende del ver. Y ahora me dices que el ver depende del saber. Esto del empirismo no es nada fácil.
E: Saber y ver dependen uno del otro.
R: Ya. ¿Pero son igual de importantes? ¿Se puede ver sin saber? ¿Podríamos ver algo de lo que no tuviéramos ni idea?...
E: Habría que pensarlo. Seguramente no.
R: Sí, mejor pensarlo que verlo. Yo creo que es imposible ver algo de lo que no tengamos ideas previas.
E: ¿Volvemos a las ideas innatas y los bebes sabios?
R:… Y por otra parte, creo que se pueden saber muchas cosas sin verlas, y ni tan siquiera imaginarlas, como las ideas matemáticas. Es más, estaría dispuesto a plantear que incluso un ciego de nacimiento podría saber perfectamente lo que es el color azul…
E: ¡Imposible! Por mucha física de los colores que supiera, no se puede saber del todo lo que es el azul si uno carece de vista.
R: ¿Quieres decir que hay cosas que no se pueden entender sin verlas?
E: Pues sí.
R: ¿Y que, por tanto, entender y ver son cosas distintas o, si quieres, partes distintas del conocimiento?
E: Sí.
R: Entonces ver no es entender, o, si quieres, ver es una forma de conocer que no tiene que ver con la inteligencia y las ideas.
E: Así es.
R: ¿Y no te parece que esto desdice lo que decíamos antes: que no se puede ver nada si no es a partir de ciertas ideas e interpretaciones?


¿Qué opináis de todo esto?
¿Sabemos según lo que vemos, o vemos según lo que sabemos?
¿Podría un ciego de nacimiento, que contara con una teoría perfecta acerca de los colores, saber igual o mejor que nosotros lo que es el color azul?

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