miércoles, 17 de octubre de 2018

Ludópatas y viciosos


Caravaggio, Los jugadores de cartas. C. 1594  
Rasgos de personalidad aparte, la decisión moral de «darlo todo» por el juego puede estar muy bien asentada en la mente de una persona (aunque no sea muy consciente de ello). Para muchos filósofos la vida no es más que un juego sin sentido, una pasión inútil. ¿No será lo más consecuente, entonces, jugar apasionadamente hasta el final? La ideología que respiramos nos empuja a vivir sin esperar nada más que emociones, placeres y entretenimiento. Se nos dice que somos seres contingentes, fruto del azar y condenados a la incertidumbre. La propia base material de nuestra vida depende de una «economía de casino» sujeta a gigantescas apuestas financieras (¡Ahí sí que se juega a lo grande!)... ¿No les da todo esto que pensar?... De este asunto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.

jueves, 11 de octubre de 2018

Deseo de ser Peter Pan



En la vida de algunas civilizaciones la superación de un periodo “infantil” inicial – ese en el que se confía en mitos y en paternales poderes divinos – es condición del desarrollo de conocimientos, ideales y prácticas más maduros y racionales. Pero también se dan épocas de crisis y desesperanza en las que, ante el descrédito de valores e ideas (religiosas, científicas, filosóficas), parece que se retrocediera a esa primera etapa infantil.
Son esas épocas – ¿como la nuestra? – en las que, confundiendo lo arcaico con lo arcádico, se idealizan los (siempre míticos) orígenes. La “ecología profunda”, el interés por las culturas ancestrales, los nacionalismos, el neorruralismo o el prestigio de lo “natural” podrían ser, quizás, síntomas actuales de esa búsqueda de sentido en una presunta y perdida Edad de Oro.
Otro rasgo aparente de puerilidad es el gusto, tan infantil, por lo novedoso y exótico, algo que, además, encaja perfectamente con la economía de consumo. Desde la moda a la religión, pasando por las relaciones personales o la política, la gente se encandila – como niños en un mercado – con todo lo que es “nuevo” y excita nuestra dimensión más sensual.
En general, este infantilismo se puede observar, hoy, en la manera de vestirse (siempre joven tengas la edad que tengas), en la pintura y el arte (en busca de la presunta “libertad creativa” del trazo infantil), en la educación (lo lúdico por lo lúdico), en la decoración de las nuevas empresas (con sus espacios recreativos para empleados), o en el ocio consagrado a juegos y espectáculos (el deporte de masas, el “reality” televisivo...) consumidos tanto y tan intensamente que – como los juegos infantiles – llegan a suplir a la realidad misma. ¿Habrá algo más infantil – por ejemplo – que los saltos y gritos de un hincha de fútbol dándolo todo al amor incondicional por su club?
En un sentido más profundo la gente se aniña conscientemente con los productos de las “parasofías” o las religiosidades “new age” más en boga. Este “psico-infantilismo” se manifiesta en el culto (impostado, claro) por la emocionalidad, la espontaneidad o la vivencia concentrada del presente (y el correspondiente rechazo de lo intelectual, artificioso, planificado...). Existe el mito de que los niños viven desde la emoción, sin ápice de reflexión, y en una suerte de presente casi absoluto (como los animales). El “mindfulness”, las técnicas orientales de meditación y control del cuerpo, o los talleres de “inteligencia emocional” prometen esta especie de nirvana infantiloide como medio para lograr el bienestar individual (la única meta que realmente importa a los niños, y también al occidental moderno). Otras veces, lo que se promueve – por ejemplo desde algunas técnicas y libros de autoayuda – es la ilusión de omnipotencia de la voluntad, otro de los aspectos típicos del narcisismo infantil.
Más grave aún resulta constatar este mismo infantilismo en la suplantación de lo moral por lo psicológico. Observen, por ejemplo, como típicos “vicios” morales como la pasión por el juego, el sexo o las drogas, o estados de ánimo comunes, como la tristeza o la angustia se interpretan actualmente como adicciones y psicopatologías de las que, como pobres pacientes, nos tiene que librar el terapeuta (o el gurú) de turno. El lenguaje nos delata: ya no existen cosas “buenas” o “malas”, ahora resulta que son “sanas” o “tóxicas” y, por tanto, un asunto de técnicos externos, y no de personas responsables de sí mismas.
Al infantilismo de una moral psicológicamente anestesiada le sigue la actitud política no menos pueril por la que al interés por los asuntos públicos (propio de una ciudadanía madura) lo sustituye la condición infantil del votante que – a semejanza del cliente o consumidor – se limita a exigir y quejarse, y al que hay que engañar con cuentos y promesas para lograr su aprobación y su voto.
Tras todo esto late la ideología de una “positividad” entusiasta (suspicaz ante toda crítica o duda) que otorga valor a lo insignificante (el “disfrute de las pequeñas cosas”), la inmadurez (“sacar al niño que llevamos dentro”) y la trivialidad (“la vida no es más que un juego”)...Tremendo. Resulta que tenemos a Peter Pan – el niño que no quería crecer – como modelo. Pero no querer crecer – ojo – es cosa de niños enfermos. Y también, a lo que se ve, de adultos que no quieren serlo.

Para leer la versión publicada de este artículo en El Periódico Extremadura, pulsar aquí. 

jueves, 4 de octubre de 2018

Subrogación, prostitución y moralina.


Hay moral y moralina. La moral refiere el problema y el arte de vivir correctamente; la moralina la manía de dictar esto mismo a los demás de forma frívola y dogmática. La moralina es especialmente insoportable cuando se aplica a asuntos que afectan a la vida real de las personas, y que suelen ser más complejos de lo que suponen los moralistas de salón. Dos de estos asuntos, siempre polémicos, son el de los embarazos subrogados y la prostitución. ¿Deben regularse tales “actividades”, o deben ser totalmente abolidas?
Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Ruido, idiosincrasia y agresión.


Vivo en uno de los países más ruidosos del mundo y, por increíble que parezca, todavía hay quienes piensan que el nivel anormal de ruido que soportamos no solo es tolerable, sino que es una expresión natural de nuestra alegre manera de vivir, cuando lo que realmente refleja es, simple y llanamente, una falta asombrosa de todo tipo de educación... Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿Entonces, no hay que vender armas?


¿Es moralmente lícito que un Estado permita que se fabriquen o vendan armas y, además, que se vendan a un régimen tiránico que mata a civiles inocentes en una guerra injusta?

La primera respuesta simple (y falsa) a este dilema es: sí, es perfectamente lícito, en general, vender armas a quién lo demande y pueda beneficiarnos en el trato. Al fin y al cabo, ¿quién es el Estado, o nosotros mismos, para juzgar o responsabilizarnos moralmente de lo que haga nadie con lo que le vendemos? Las guerras son, por otra parte, un fenómeno inevitable, consustancial a la realidad humana, tal como lo es el ansia de poder o de riquezas. Nadie va a cambiar eso. Así que, ¿que hay de malo en hacer lo que (en el fondo) hacen todos y sacar provecho de ello?

La otra respuesta simple, opuesta a la anterior (y también falsa), declara que el comercio de armas es, por principio, pernicioso, tal como son las guerras a las que sirve, por lo que hay que oponerse tajante e inmediatamente a él. Fabricar y vender armas supone convertirse en cómplice de aquellos que las usan. Mucho más si se trata de guerras de dudosa legitimidad (como son la mayoría) y en la que sufren civiles (como pasa en casi todas).

Estas dos respuestas son, decía, además de simples (o justamente por eso), falsas. La primera es el tipo de realismo político que enarbola el liberalismo radical. La segunda el tipo de rigorismo moral que exhibe a menudo la izquierda. El primero es falso porque reduce lo que “debería ocurrir” a lo que “ocurre” (pero la política no consiste simplemente en justificar lo que ocurre, sino en intentar que ocurra lo que debe). El segundo por negar lo que “ocurre” en nombre de lo que “debería ocurrir” (pero la política no consiste simplemente en enunciar lo que debería ocurrir, sino en hacer, realmente, que ocurra). El realismo ultraliberal suele degenerar en el crudo cinismo de quienes no creen ni defienden más que sus intereses inmediatos; y el moralismo testimonial de la izquierda en la retórica huera de quienes puede clamar en términos absolutos contra todo (la guerra, el capitalismo, la prostitución…) porque ni dependen para sobrevivir de tan turbios negocios (o eso creen) ni, en verdad, corren ningún riesgo de tener que llevar a cabo sus propósitos.

¿Qué hacer entonces?... De esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer la noticia completa pulsar aquí.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Móviles: ¿prohibir o educar?


El gobierno español considera prohibir a los alumnos el uso de teléfonos móviles en la escuela. La idea se inspira en un reciente decreto del gobierno francés, y aduce motivos parecidos: prevenir la adicción al móvil y proteger a niños y adolescentes de ciertas disfuncionalidades cognitivas (falta de atención), sociales (aislamiento) o morales (acoso escolar), presuntamente asociadas al uso del móvil y otras tecnologías. ¿Es cierto todo esto? A mi juicio, no. Por lo que la medida me parece injustificada, amén de demagógica, impracticable y humillante para el que tenga que sufrirla (y aplicarla). Sobre las razones para sustentar esta opinión trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.  Y para escuchar la tertulia en Canal Extremadura Radio sobre el mismo tema pulsar aquí (desde minuto 6)

miércoles, 5 de septiembre de 2018

El sinsentido del viaje.


Que el viaje proporciona experiencias estéticas únicas es el argumento favorito de los turistas con más vocación. Según ellos, contemplar in situ tal o cual obra de arte, monumento o paraje supone una vivencia singular que solo el que ha estado allí (es decir, tropecientos mil) ha podido tener. Así, es curioso oír a ateos como catedrales delatando con religioso arrobo su «síndrome de Stendhal» al encontrarse con tal o cual famoso cuadro, monumento o lugar emblemático «que hay que ver», que han visto ya miles de veces en la tele, y que vienen a ver en sincronizada peregrinación sucesivas manadas de mirones. Es curioso, digo, que en la época de la reproductibilidad técnica, que decía Benjamin, y de la circulación masiva de información, persista aún este tipo de fetichismo. ¡Como si una obra de arte tuviera que estar aquí o allí, o ser «el original» –un original que el turista jamás distinguiría de una copia– , para provocar una vivencia estética!... 
Sobre las razones para dejar de hacer viajes turísticos trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí.  Y para escuchar la tertulia radiofónica sobre el mismo tema en Canal Extremadura Radio pulsar aquí (desde minuto nueve).

jueves, 16 de agosto de 2018

El problema de la definición de arte: enfoques inmanentistas y trascendentalistas.


Joseph Bauys. "Fuerzas enderezantes de una nueva sociedad"
(Staatliche Museen zu Berlin)
Para hablar de arte, y saber de qué se habla, es imprescindible afrontar el problema de su definición. Pero para tratar el problema de la definición del arte hay que tratar, antes, de una serie abundante de cuestiones previas. Dos de las principales son: (1) la definición de “definición” y, por paradójico que resulte, (2) la de la propia definición de arte que encontramos ya preformulada en la totalidad de las teorías estéticas. Queremos tratar, especialmente, de esta segunda paradoja, y de como cabe afrontarla desde las dos perspectivas fundamentales que se pueden adoptar en estética: la inmanentista y la trascendentalista.

Sobre esto, sobre lo que ya publicamos artículo hace unos meses en la revista Paradoxa, discutiremos en unos días en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, con una ponencia titulada: "Hacia las fuentes de lo estético. ¿Es posible una ciencia del arte?" (se emitirá en streaming en la web de la UIMP el martes 21 desde las 9.30)

jueves, 9 de agosto de 2018

Ocio


Ni embrutecerse uno (aún más), dedicándose a consumir y a estar distraído (así de irreflexiva es la vida de los animales), ni “hacerse el muerto”: un ocio digno es aquel que restaura y multiplica todo lo posible la vitalidad que nos es propia – y que nos expropia habitualmente el trabajo – ofreciéndonos la posibilidad de cultivar aquello que nos distingue como seres humanos: el refinamiento de la sensibilidad a través del arte, el cuidado de las relaciones humanas (especialmente las elegidas, como la amistad), la efectiva realización de proyectos siempre aplazados, la satisfacción del anhelo de conocimientos mediante el estudio... De la relación entre el ocio y el negocio y de sea un "ocio digno" trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 


miércoles, 1 de agosto de 2018

Flamenco y mudéjar.



Se celebra en Llerena la VI edición de su Concurso de Cante Flamenco. Y allí, a la sombra del mudéjar de su plaza porticada, lo contaba estos días el jerezano Francisco Benavent, investigador incansable y alma del Centro Andaluz de Flamenco: si vuelven a ver El Álamo, la famosa película de John Wayne, fíjense en la escena de la juerga de los rebeldes tejanos, lo que allí suena es... ¡flamenco! El guitarrista que aparece en escena, William –“el Curro” – Champion, y la bailaora que taconea sobre la mesa, su mujer, Teresa, eran artistas de San Antonio (Texas) y una muestra, entre tantas, del espíritu mestizo y universal del flamenco.

Tejas, hace siglos territorio español (territorio, que no colonia, como le gusta remarcar a Paco, contra tanta leyenda negra), aún conserva, como toda la vieja Nueva España, los aires musicales y las letrillas de romancero que traían consigo los conquistadores. Mucho más adelante, cuando la amalgama de tradiciones e invenciones que componen el flamenco comenzaba a triunfar en la península, se recrean aquellos aires y letras y aparecen los llamados “cantes de ida y vuelta” (guajiras, milongas, colombianas, rumbas), varios más que sumar a la ya larguísima lista de “palos” flamencos.

Porque el flamenco, tal como la cultura hispanoamericana, ha sido y es el fruto de una mescolanza improvisada, repleta de gestos y gestas individuales, en la que ingredientes y sedimentos se penetran y equilibran solos, reaccionando con ingeniosa química a modas e imposiciones, y atentos siempre al gusto de los intérpretes y su público. Contra tantos desinformados críticos y aficionados – “ojú, la policía del cante”, que decía con guasa el gran Enrique Morente, curándose en salud antes de lanzar sus propuestas geniales en los escenarios más señeros – , el flamenco nunca ha sido “puro”, sino una música que ha estado modificándose constantemente desde sus orígenes. El día que el flamenco sea “puro”, es decir, que deje de ser arte popular para convertirse en mero folklore, habremos firmado su acta de defunción.

Para que me entiendan: folklore son la sardana ante el palacio de la Generalitat, el aurresku de los actos políticos, y todos esos coros y danzas con que los puristas, a menudo imbuidos de espíritu patrio, pretenden hacer frontera donde no puede haberla. Un verdadero arte popular, como es aún el flamenco, no es arte “con” fronteras, sino – como dice Francisco Zambrano – arte “de” fronteras, un puente (de guitarra, claro) entre Andalucía y Extremadura, entre Extremadura y Portugal o entre España y América, entre otros entres...

Ni geográficas ni musicológicas, el flamenco no ha tenido nunca demarcaciones precisas. Brota o se descubre a finales del XVIII sobre una amalgama de tradiciones: la de los gitanos de la Baja Andalucía, y la de la música popular castellana, mezcla, a su vez, de estilos previos (y seguras reminiscencias andalusíes y hebreas). Tradiciones que se compenetran unas a otras y en las que, como en todo arte vivo, se da un proceso constante de reapropiación individual y colectiva. El pueblo – y sus personalísimos artistas – se adueña, ajusta a sus gustos, y acaba reinventando lo que se le ofrece, lo que él mismo crea, y hasta lo que se le impone, sean mitos religiosos, músicas o películas de Hollywood. Ponerle a Cristo unas enaguas (y llamarlo Dios Padre y Madre) o reconvertir en musicales de Broadway las danzas clásicas de la India, es como recrearse libremente en esa jota remodulada que es el fandango o marcarte unas bulerías con batería y bajo eléctrico.

Todo esto, y más, y lo que venga, es el flamenco. Un arte comparable, como se ha dicho, al de los alarifes mudéjares. El mudéjar es un arquetipo estilístico que representa la apropiación por parte del pueblo de la estética y la ideología dominantes para recrearlas a su manera. Así, como el mudéjar, el flamenco es mestizaje en origen y expresión, y se prende de distinta forma en cada lugar, familia, y cantaor particular. Y de ese mestizo particularismo capaz de integrarlo todo surge, justamente, su naturaleza universal. El flamenco vive. Y si no lo creen, vénganse estos días a la sombra del mudéjar de Llerena a comprobarlo.

Para leer la versión en prensa de esta entrada pulsar aquí.



jueves, 26 de julio de 2018

Oposiciones


La calidad, en general, de sus docentes, ha sido siempre la principal ventaja de la escuela pública. A veces, la única. Una calidad que está garantizada, principalmente, por el sistema de acceso. Mientras en los colegios privados o concertados es el propio centro el que selecciona a discreción a sus profesores, en los centros públicos no entra nadie que no haya superado (o esté en vías de hacerlo) un duro proceso de oposiciones en que se ha de mostrar la valía ante tribunales de expertos seleccionados al azar y en el que es difícil que se den arbitrariedades o errores de bulto. Es por esto que me resulta sorprendente que se rechace el proceso de oposiciones como modo de selección de profesores. Por mejorable que sea, yo no imagino otro mejor... Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

martes, 24 de julio de 2018

La filosofía como eje del currículo


La educación crítica en torno a los fundamentos morales en que se asienta nuestra convivencia, el desarrollo de la competencia ciudadana para realizar, con rigor y responsabilidad, el ejercicio de la soberanía y la participación activa en los movimientos de la sociedad civil, o el conocimiento de los problemas, ideas y valores que han determinado la historia de la cultura occidental y que siguen latiendo tras la economía, la ciencia, la técnica, el arte, la política o la religión, hacen que la formación y el ejercicio filosóficos, desde la E.S.O al Bachillerato, y desde la Ética a la Historia del Pensamiento, tengan que constituir, necesariamente, un eje troncal del currículo educativo.
Sobre esto trata nuestra última colaboración, junto a Raquel Rodríguez Niño, en el diario.es Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

lunes, 23 de julio de 2018

Educación ética y valores cívicos.


Una de las críticas que se hace a las materias de formación cívica es que “adoctrinan” moralmente a los alumnos. Bien. Esto es cierto. Y hasta cierto punto inevitable. No hay sistema educativo que no adoctrine a los alumnos en determinados valores. Con la diferencia de que en países como el nuestro este adoctrinamiento es el mínimo imprescindible para sustentar la vida en común, y en otros lugares supone una formación cuasi marcial en sistemas morales maximalistas y excluyentes (como la moral islámica, o el nacional-catolicismo que sufrimos aquí durante tantos años).

Ahora bien, ¿podría ser aún menos adoctrinadora la materia de educación cívica? Por supuesto. Podría ser menos adoctrinadora, más rigurosa y el doble de eficaz si, tal como se pretende, dicha materia se vincula a la ética filosófica. La palabra “ética” tiene un significado común (como sinónimo de “moral”), y un significado técnico o filosófico. En este segundo sentido “ética” se refiere a la reflexión crítica sobre las distintas morales o sistemas de valores. ¿Y qué quiere decir esto?... Sobre este asunto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

miércoles, 11 de julio de 2018

Niños en libertad vigilada.


Me informan unos amigos del nuevo artilugio para controlar a los niños que está haciendo furor entre los padres. Se trata de un reloj inteligente sujeto a la muñeca del niño y conectado al móvil de sus progenitores que, además de tener continuamente localizado al chaval, permite escuchar a los padres (de modo discreto, reza la publicidad) lo que dice o le dicen a su vástago, darle ordenes a distancia, y premiarle, en su caso, con caritas sonrientes (ignoro si van a desarrollar alguna otra función – un pitido desagradable, una pequeña descarga – en caso de que el niño desobedezca). Sobra decir que – como las pulseras de los presos en libertad provisional – el reloj envía un mensaje a los padres-policía en cuanto el niño intenta quitárselo. Además del modelo infantil (con dibujos) hay otro para adolescentes (sin dibujos). Ambos por un módico precio. Sobre esto trata nuestra última colaboración en El Periódico Extremadura. Para leer el artículo completo pulsar aquí. 

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