Este artículo fue originalmente publicado por el autor en El Periódico Extremadura.
Hay cosas que me convencen y otras que no
en la nueva materia propuesta para 3º y 4º de ESO por la Consejería de
Educación. Se llama «Extremestiza: puente entre Extremadura y América», y de
ella me convencen, no el nombre, desde luego (que más parece de una feria de
muestras que de una disciplina académica), pero sí el propósito de promover el
patrimonio artístico y cultural de Extremadura (el que tiene que ver con
América, al menos), y el de explicar y valorar el mestizaje cultural, uno de
los aspectos por los que (frente a otros más sombríos) podemos decir que la
ocupación de los territorios americanos fue más interesante culturalmente y más
justificable moralmente (en cuanto a la moral religiosa vigente) que la
colonización anglosajona – todo ello sin ocultar ni mistificar que también se
trató de una despiadada guerra de conquista –.
Ahora bien, junto a esto hay varias cosas
que no me convencen de la materia. Lo primero es el enfoque extremadamente
especializado que se le ha dado: ¿por qué no una «Historia y Patrimonio de
Extremadura» en general, que incluya y contextualice la conquista y sus
consecuencias? ¡Hace falta más cultura general, especialmente entre los
jóvenes! Tampoco me agradan las referencias a la identidad extremeña. En esta
tierra nos hemos librado de la cerrazón nacionalista, la mitomanía por lo
propio, el folklore impostado y las imposiciones etnolingüísticas. Sigamos así.
Por suerte, la conquista de América no da para construir ninguna identidad
extremeña, ni por el cariz de sus hazañas (no siempre heroicas ni hermosas), ni
por su titularidad, que no fue estrictamente extremeña sino castellana, y en la
que participaron gentes de estas y de otras tantas tierras de la península.
Por otra parte, si queremos de verdad
favorecer lo mejor que plantea la materia (el diálogo intercultural y el
mestizaje) deberíamos planificar una estrategia educativa mucho más ambiciosa,
no limitada al encuentro con el mundo latinoamericano (mucho menos desde el
polémico escenario de la conquista), sino referida a todos los pueblos y
culturas que han contribuido – y siguen haciéndolo – a configurar lo que somos:
los pueblos arabizados que habitaron esta tierra durante siglos, el vecino
luso, los migrantes que llegan desde otras latitudes europeas…. ¿Por qué no
incluirlos en una materia más ampliamente dedicada al mestizaje y al diálogo
intercultural? Un diálogo desde el que construir– y esto sí que es importante –
una reflexión crítica sobre valores e instaurar una ética compartida.
Creo, en fin, que la intención de la
Administración hubiera quedado mejor materializada en un programa escolar de
intercambios y colaboración con centros americanos (con docentes de allá que
transmitieran su propia versión de la historia) y, tal vez, en algún retoque
curricular para reforzar transversalmente los elementos patrimoniales e
históricos de la relación con América, pero no en una nueva materia que, además
de sus defectos, mucho me temo que pueda generar más polémica que puentes.
(Sobre esto escribimos hoy en El Periódico Extremadura).

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